La automatización suele presentarse como garantía de eficiencia y neutralidad. Una computadora no persigue contribuyentes ni decide favorecer a nadie: ejecuta instrucciones. Pero esas instrucciones fueron definidas por personas que también reciben los reclamos y pueden corregir o detener el sistema. Por eso, cuando un mecanismo automático produce cobros manifiestamente indebidos, atribuirlo todo a “lo que hizo el sistema” no explica demasiado.