Ya conocemos las bondades de la Scaloneta. Durante estos ocho años del ciclo liderado por Lionel Scaloni, esta selección nos mostró un camino que trasciende al fútbol y que puede representar una guía para nuestros trabajos, nuestras familias y nuestros vínculos.
Mucho se habló de la asertividad comunicacional del entrenador, de la solidaridad del equipo, de la inteligencia emocional, de la integración de los vínculos familiares, del clima de trabajo distendido que supieron construir. También de deportistas que dejaron de lado sus egos para disponerse al encuentro del otro, que ponen en palabras lo que sienten, que se acercan afectivamente, que se muestran como personas accesibles y humanas.
Hoy, casi sin buscarlo, nos regalaron una lección más: el valor de la esperanza. La decisión de seguir buscando hasta el final, aun cuando todo parece indicar que ya no hay tiempo. No siempre esa búsqueda tendrá un desenlace victorioso. Muchas veces el esfuerzo no alcanzará, el gol no llegará y el resultado será adverso. Pero hay algo profundamente valioso en no renunciar antes de tiempo.
Vivimos en una época donde muchas veces confundimos esperanza con optimismo. La esperanza no consiste en creer que todo va a salir bien, sino en seguir actuando aun cuando no tenemos garantías de que eso ocurra. Es elegir no darse por vencido, sostener el compromiso hasta el último segundo y permanecer disponibles para aquello que todavía puede suceder.
Quizás este haya sido otro regalo de la Scaloneta, recordarnos que, mientras haya tiempo, siempre vale la pena seguir buscando.
*Director de la Diplomatura Universitaria en Psicología del Deporte de la Universidad Austral.