A menudo, las palabras arrastran una carga de prejuicios que distorsionan la realidad de las personas a las que intentan nombrar. El término “Down”, lejos de ser un adjetivo calificativo o una etiqueta, es simplemente el apellido del médico que describió por primera vez las características de esta condición genética. Comprender que Down no es una mala palabra constituye el primer paso para reconocer la dignidad inherente de cada ser humano, al priorizar a la persona por encima de cualquier diagnóstico médico.