Nuestro hijo/a vota por primera vez ¿Cómo lo vivimos?

Por Florencia Cañón, estudiante de Orientación Familiar- ICF.

Puede ser que como padres lleguemos a estos momentos muy preparados, tranquilos y seguros de haber hecho un buen trabajo para que nuestros hijos cumplan con su papel de ciudadanos responsablemente o por el contrario darnos cuenta que nos faltó o nos falta   hacer “algo”. Los invito a pensar, a reflexionar sobre lo planteado entonces…

Estas respuestas nos llevaran a otras preguntas ¿En qué consiste la formación cívica?¿Puedo delegarla como materia de información y formación en la escuela o puedo utilizar diferentes medios y comenzar a trabajar en casa con mi familia?

De esta última pregunta se desprende una profunda respuesta que como padres deberemos tener muy clara: Castillo Ceballos dice “que la participación del hombre –ser social por naturaleza –en la vida social o vida política se realiza, en gran parte, desde su condición o papel de ciudadano .Los hijos son ciudadanos en la actualidad (en la infancia y adolescencia) y serán ciudadanos en el futuro”.

No se podría decir que una persona es responsable si desatiende sus deberes cívicos .Sin embargo sostiene el autor en su libro Preparar a los hijos para la vida, esta dimensión de la vida –la ciudadanía –suele valorarse poco hoy (en la familia y en la escuela).Los padres y los profesores le suelen dar más importancia a que los chicos lleguen a ser buenos profesionales que a que lleguen a ser buenos ciudadanos.

En algunas sociedades y culturas pasadas la preparación para la vida consistía fundamentalmente, en la preparación del futuro ciudadano (por ejemplo, en la sociedad ateniense).Como consecuencia, los adultos conocían y vivían sus responsabilidades sociales.

La falta de preparación de los hijos para actuar como ciudadanos es una de las causas principales de muchas conductas antisociales, como por ejemplo, no respetar las normas de tránsito, arrojar papeles u objetos en el campo o en la vía pública ,no pagar los impuestos ,etc.

¿Esto nos preocupa? ¿Por dónde y cómo comenzar entonces?

El principal medio es el buen ejemplo de los padres .Estos deben ser ciudadanos ejemplares. Ciudadanos que estén presentes allí donde puedan cooperar al bien común, renunciando a algunas horas de su tiempo libre y a algunos gustos personales. Pero el ejemplo no es suficiente para conseguir que los hijos lleguen a ser buenos ciudadanos. La buena conducta en este tema no se improvisa .Para ello se necesita entonces   un plan educativo concreto.

Castillo Ceballos sostiene que:

“Es preciso hacer de la familia una “escuela de futuros ciudadanos”, en la que los ciudadanos de hoy forman a los ciudadanos del mañana.”

Dependiendo las edades entonces ayudaremos a crear buenos hábitos ,fomentando conductas relacionadas con virtudes sociales concretas como la solidaridad en la familia, con los compañeros de colegio y con los amigos, con los profesores, con los habitantes del mismo barrio o pueblo .Porque al fomentar la solidaridad estamos realizando una educación preventiva eficaz. Otras virtudes para trabajar serian la justicia, la afabilidad, el respeto, la magnanimidad, la amistad, la tolerancia y la comprensión.

A modo de conclusión entonces más allá de las respuestas iniciales es importante presentarles el papel de ciudadanos como una oportunidad para hacer cosas, para ser protagonistas en la vida social, para poder servir y hacer más agradable la vida de los demás y no simplemente como una pesada obligación que nos viene dada. Sin dudas un gran ejercicio para poner en práctica en nuestras familias.

¡Qué importante será este día para nuestros hijos, para nosotros como padres y para toda nuestra familia ,acompañémoslos con mucho entusiasmo y alegría!.

La Orientación familiar, un recurso más para ayudar a resolver los desafíos y conflictos de las Familias.  

Por la Mag. María Dolores Dimier de Vicente, directora de la Tecnicatura en Orientación Familiar del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral. 

Stress, matrimonio en crisis, “no sé que hacer con mi hijo…”, dificultades económicas, enfermedades, nadie me entiende…, me siento cada vez más sola…, no logro que nos escuchemos, frustración profesional, expectativas incumplidas etc. Algunos de estos temas son o pueden ser parte de nuestra vida familiar pero lo cierto es que el ser humano siempre tiene recursos y herramientas para hacer frente a estos desafíos.

La vida familiar es compartir, incorporando los intereses de los demás integrantes de la familia como propios.

En una sociedad como la actual, el ritmo acelerado y las exigencias laborales nos llevan al cansancio, al stress, sin que quisiéramos, irrumpen en los ámbitos más íntimos y personales pudiendo llegar a desgastar todo tipo de vínculo, más aún el de la familia. En la vida cotidiana es donde se plantean las mayores dificultades, pero a su vez, es el ámbito en el que cada uno tiene la oportunidad de esforzarse para aceptar al otro tal como es.

Las crisis son inherentes a la condición humana, por lo tanto, también lo son en todo tipo de relación interpersonal. Cuando una familia siente que no pueden superarlas juntos y solos, dando un salto de crecimiento en la relación, es muy conveniente pedir ayuda profesional. La Orientación Familiar puede dar respuesta a las dificultades que se presentan, más aún, logrando también prevenir posibles problemas más profundos a futuro. La mirada en perspectiva del orientador puede entender el conflicto desde un ángulo que el que se encuentra dentro del mismo, no llega a verlo. Es quien puede ver el bosque sin que un árbol le tape su vista.

El Orientador Familiar es un agente externo a cada familia que como tal, puede ayudar con mayor objetividad a detectar un conflicto, prevenir una situación problemática, proponer herramientas para desatar alguna cuestión, fortalecer los vínculos y acompañar a la familia a sobrellevar y avanzar en su dificultad o una situación pasajera.

Esta formación se ofrece en el instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral como una carrera semi presencial de tres años de duración. Alguna de las materias que se estudian son: conflictos conyugales, funciones parentales, ciclo vital, amor y sexualidad etc. Está dirigida a quienes deseen desarrollar las competencias necesarias para intervenir en los procesos familiares.

Cada vez más seguido se observan problemáticas en las familias relacionadas con distintas circunstancias que nada tiene que ver con los esperados en una vida familiar armónica.

El ritmo frenético en el que vivimos, a veces genera una sensación de ansiedad y caos, el gran desafío es lograr que el hogar sea el ámbito acogedor que brinde serenidad y sosiego. La rutina lleva a hacer y hablar siempre de lo mismo, acarreando una falta de interés por lo que le pasa, siente, desea o aspira el otro, y entonces, sobreviene la monotonía y la falta de ilusión corriendo el riesgo de vivir vidas en paralelo, con pocas cosas en común entre todos los integrantes de la familia. Cada pareja pasará necesariamente por un terreno de conflictos pequeños y a veces grandes, pero con una correcta orientación, llevará a ambos a reconocerlos, a hablarlos, a renegociarlos con grandes cuotas de afecto y ternura. Rescatar lo positivo de cada situación es una de las tareas del orientador, porque hasta en las crisis más agudas siempre hay aspectos positivos que rescatar.

Resulta evidente que cada vez más seguido se opta en romper los vínculos familiares mucho antes de dar pelea a las dificultades que se presentan, parece cada vez más complejo generar momentos familiares lindos e intensos que queden en el recuerdo de cada uno. Dedicarse a generar esos momentos, planearlos, entusiasmarse y comunicarlos para que los demás puedan también apreciarlos no parece ser un proyecto de vida en la mayoría de las personas.

La Familia es la institución natural para desarrollarse como personas, saberse amados y contenidos, el lugar donde se nace y a donde siempre se vuelve, es el ámbito ideal para ser feliz y dónde se puede vivir tal cual somos. Por eso vale la pena toda lucha, esfuerzo y trabajo para cuidarla como el tesoro que todos tenemos.

Sobre el Congreso “La familia entre lo público y lo privado”

Por Mag. Carlos Camean Ariza [Director ICF]

No fue el cierre del año y tampoco el cierre de nuestros festejos por los 20 años del Instituto, pero podemos decir con humildad (esa de andar en verdad) que el Congreso “La Familia, entre lo Público y lo privado” fue un éxito. Desde los ponentes que engalanaron la jornada, los participantes, el Centro Cultural Borges, todo aportó para que la jornada fuese realmente un momento de reflexión sobre lo que nos está pasando. No todo lo que se dijo nos pareció ajustado a la verdad, no todo lo que se dijo, ni mucho menos, representó nuestra forma de ver el fenómeno familia, pero nos pareció que debíamos dar un espacio en libertad para que cada uno expresara su visión sobre la situación actual de la familia. Ahora nos toca a nosotros, los profesores del Instituto de Ciencias para la Familia, los alumnos, pensar formas de comunicación, formas de sanación, formas de acompañamiento, que puedan servir (en cuanto a ser útiles y a prestar un servicio concreto) a las diferentes realidades que nos presentaron, algunas conocidas, otras nuevas. En la mesa de las ONG, pudimos ver lo que la sociedad civil, no el estado, hace para tratar de palear sobre todo los efectos de la pobreza en cada familia marginada. Pero también disfrutamos de la visión de una juventud esperanzada en un ‘se puede’ que entusiasma. La visión de los jueces que imparten justicia, nos presentó la realidad más cruda de la violencia intra-hogar, esa que no respeta momentos, ni edades, ni sexo. Es violencia que está ahí, y no es sólo fruto de la pobreza, también es el resultado de un individualismo que todo lo corroe. La visión de los políticos fue enriquecedora, si bien demuestra que, del pensar al hacer, sigue habiendo un abismo. Lamentablemente otros partidos políticos no aceptaron la invitación que también les realizamos. Por último, la dureza de los números, de las estadísticas y alguna visión apocalíptica, se enfrentó a otra testimonial que conmovió y a una frase que vale la pena rescatar, aunque no textual, “lo que está mal no es la familia, sino el matrimonio, los que están mal no son los chicos, sino nosotros los grandes”. En youtube está toda la jornada, pero especialmente la opinión de cada ponente en un resumen por tema que vale la pena disfrutar. Todavía el equipo se está relajando de este evento, cuando ya le pusimos fecha nuestro próximo congreso, el 17 de septiembre de 2015 “Las relaciones interpersonales, entre lo público y lo privado”, los invitamos desde ya a reservar la fecha. Gracias a todos, pero fundamentalmente al equipo del Instituto y los auspiciantes que hicieron posible este Congreso. Hasta septiembre 2015!!

Todos los videos del congreso en:  http://bit.ly/videos-congresoICF20años

Cómo mejorar a la sociedad desde la familia [Mg. María Dolores Dimier de Vicente]

Reconocer únicamente a la familia como célula nuclear y constitutiva de la sociedad, pone en riesgo su propia esencia como institución natural, ámbito más adecuado en el que la persona nace – derecho a la vida material y espiritual-, se desarrolla – derecho a la educación para alcanzar su plenitud personal-, y muere – derecho a completar en las mejores condiciones toda la dimensión de su existencia personal-. Así, debido a su esencia, en su seno familiar se es persona, reconocida, acogida y respetada como tal, aceptada sin condicionamientos como ser único e irrepetible. Ámbito más apropiado en el que descubre su identidad y su misión personal de ser lo que está invitada a ser, pudiendo sacar a la luz todas sus potencialidades para encontrar su lugar comprometido en la sociedad y afianzarse.

Debido a la naturaleza dialógica humana, el niño crece y se desarrolla en relación con los demás. Es así, como desde muy pequeño en el hogar, comienza a desplegar sus capacidades de socialización. Por lo tanto la familia deberá asumir su responsabilidad como principal ámbito social de aprendizaje para la convivencia y deberá desarrollar en sus miembros aquellas capacidades que les permitan a futuro, construir junto a otros, nuevas comunidades. Se necesita de un proceso intencional (no casual), en el que se aprendan normas, roles, jerarquías y funciones que luego se replicarán en los diferentes ámbitos sociales o institucionales. Promovido en un principio en la familia y por el centro educativo en su acción subsidiaria, generará en el niño o el joven, una segunda naturaleza que permite el auto-control, la capacidad de comprensión y finalmente, la cooperación por los demás, plataforma para la inserción social. La ignorancia de estas funciones ineludibles, promueven un profundo vacío educativo.

La familia tiene una misión insustituible de promover personas responsables al servicio de la sociedad: la de transformar una sociedad despersonalizada en una sociedad humanizada. De ahí la influencia que proyecta en la sociedad, ya que la mejora personal trascenderá a la mejora social en el entorno en que esté inserta, cooperando con el bien común sobre cuatro fundamentos básicos para la convivencia: la verdad, la justicia, la caridad y la libertad que promueven la aportación cultural entendida como unión moral y establecimiento del pluralismo.

Una sociedad no se comprende a espaldas de la familia, pero tampoco se comprende una familia sin una sociedad en la que insertarse. Familia y sociedad se implican y retroalimentan mutuamente. Por lo tanto, si buscamos la mejora de la sociedad, el protagonismo familiar es fundamental.

Familia y drogadicción [Por Mag. Juan Assirio]

La droga, cualquiera sea, destruye el proyecto vital de cualquier persona que comienza a depender de ella, anulando su voluntad, impidiéndole sacar adelante su vida, y proyectarse hacia el futuro. Y eso tiene su correlato en la familia.

Cuando la droga llega a la vida de una familia sucede lo mismo: como tal, se queda estancada y el proyecto común de los miembros que la componen queda interrumpido.

Por eso, es falaz la postura de quienes sostienen que el consumo de drogas es un acto personal y privado, que no necesariamente influye negativamente en la vida social. En efecto, existen una serie de funciones estratégicas que las familias cumplen en la sociedad. Entre otras, generar nuevos ciudadanos, criarlos, educarlos o acompañar a aquellos que terminan su vida. Son funciones que difícilmente puedan cumplir otras instituciones de la sociedad como el estado, la escuela o los hospitales. Por eso, desde siempre, se ha considerado que la familia es la célula de la sociedad. Es más, se ha llegado a decir que la familia es la primera escuela de humanidad.

Sin embargo, por diversos motivos, las democracias modernas vienen enfocando las legislaciones, más en el individuo que en las familias. El criterio sería el siguiente: una sociedad es más democrática en la medida en que los individuos ven ampliadas sus libertades individuales. Y es aquí, entonces, en donde surgen los conflictos de intereses, los del individuo en confrontación con los de las familias. De hecho, en nuestro país no tenemos ninguna ley de defensa y promoción de la familia.

Esta situación posiblemente se deba a una sobrevaloración de los derechos individuales; y por tanto, se deprecie a la familia como clave del desarrollo de la sociedad ya que limita o encorseta de diversos modos a sus miembros. En consecuencia, las leyes priorizarán la legalidad de los deseos y libertades individuales –e incluso los caprichos- por sobre los derechos de las familias.

Este orden de cosas explica, hasta cierto punto, el desenfoque de las iniciativas que las democracias actuales ponen en marcha para solucionar conflictos que tiene gran impacto social, tales como el fracaso escolar, la violencia doméstica, el trabajo infantil, la explotación sexual, el embarazo adolescente, el bullying, el desempleo juvenil, la dependencia a las drogas, etc. Es al menos “curioso”, que no haya iniciativas gubernamentales que vean en el fortalecimiento y promoción de la estabilidad de las familias un camino para revertir tales males sociales. Es decir, no se reconoce a la vida familiar como un hábitat ecológico que optimiza el desarrollo de los individuos; un ámbito de humanización y promoción social.

Más bien todo lo contrario, las políticas públicas se han focalizado en paliar los males sociales, con políticas reparadoras de lo urgente.

Frente al fracaso constante de las políticas sociales sería hora ya, que se reenfoque la estratégica hacia políticas de estado que construyan para el futuro, apostando una vez más, a la familia como factor de igualdad de oportunidades y desarrollo de cada individuo social.

 

 

 

La Familia no es una democracia [Por Mag. Carlos Camean Ariza]

“Por qué tengo que tengo que ir de vacaciones dónde ustedes quieren”, “por qué no puedo salir con los amigos que quiero”, “si quieren mudarse de ciudad, múdense, pero ni loco me muevo de mi barrio”. Estas frases que resultan seguramente conocidas para muchos, tienen su antecedente mediato en otras más comunes a las que por ser aparentemente intrascendentes (inocentes) se les presta menos atención “no quiero comer fideos”, “no me quiero levantar”, “no quiero saludar a la tía Clota”. Los hijos no quieren de ninguna manera participar de las decisiones que los afectan y afectan a la familia, quieren tomarlas, tanto las que pueden ser una nimiedad, como las trascendentes. En casa o en el colegio, en el club o en casa de los amigos, siempre pretenden monopolizar las decisiones, hacer lo “que me da la gana” sin tener en cuenta la opinión de los mayores, sean padres, docentes y mucho menos quienes los cuidan, sean estas personas contratadas al efecto o gentiles abuelos. Esta situación que se repite constantemente en los más variados ámbitos, sin distinción de raza, cultura o nivel social, es alimentada por organismos supranacionales como UNICEF y gobiernos que se le alinean, ambos, puede pensarse, con segundas intenciones, fomentando en los chicos una autonomía que no saben manejar y una libertad centrada en la elección antes que en la selección (en definitiva confundiendo el libre albedrío con la libertad). Ante esta situación de hecho, que se manifiesta de diferentes modos o grados, los padres se plantean preguntas más que muy justificadas: ¿Ponemos límites, castigos, decimos que no, decimos que sí, decimos bueno, decimos basta, les consultamos, les preguntamos, cuánto vale su opinión, la tenemos en cuenta? Qué modelo elegimos para ‘gobernar la casa’. Papá y mamá tiene roles y funciones que deben ejercer más allá de la opinión de los hijos, son suyos y no pueden ni deben cambiarlos. Ellos son los que en un momento dado de sus vidas se propusieron desarrollar primero, un proyecto que era el de cada uno orientado al otro. A ese proyecto inicial que siguió al enamoramiento, ese que los subyugaba mutuamente, ese que los llevó a ser un matrimonio, le siguió el proyecto común, el proyecto ya no de uno y otro, sino el mismo proyecto para ambos, de ambos, el proyecto matrimonial de fundar una familia. Le abrieron camino a la vida, y de esa apertura surgieron los hijos, esa explosión de amor que generó ni más ni menos que varias, o una, nueva vida. Una vida que no es una vida cualquiera, sino una vida que es persona, que es una persona, que no les pertenece, para la que tienen obligaciones, muchas obligaciones y pocos derechos. Y esa otra, esa nueva vida, requiere atención y cuidado, requiere educación y formación. Pero esa nueva vida se da cuenta muy pronto que es de sí misma y reclama derechos, exige retribuciones y clama por libertades, entonces vuelve la pregunta ¿cómo manejarnos ante tanto reclamo? El ser humano, el hombre, varón y mujer, no puede vivir sin los demás, es esencialmente relacional, necesita al otro para identificarse, para reconocerse, para fijarse límites, para encontrar sus límites, para encontrase a sí mismo, para coexistir1. La primera imagen que le devuelve la vida es la de su madre, la de su padre, la de sus padres. Depende de esa imagen, en la que se encuentra, el cómo será el resto de su vida. Si es una imagen complaciente, pensará que todo le debe estar a su servicio, si es autoritaria, que siempre habrá quién le diga lo que debe hacer, si descubre una mirada amorosa, entenderá lo que es el amor, si en cambio la siente displicente, nunca llegará a entender lo que es la entrega en el otro y por el otro. Hay muchas formas en las que puede manejarse una familia, formas que dependerán de cómo se manejen papá y mamá entre ellos, aunque por algún motivo ya no vivan juntos, o haya otros involucrados en la familia. Aunque no lo quieran o aunque pretendan ocultarlo, la relación entre ambos, la forma en que ellos resuelvan sus inquietudes, afronten sus diferencias, distingan sus funciones, disfruten de sus momentos, será la forma en que la familia las resuelva, las afronte, las distinga, las disfrute. Una familia supone muchas cosas, pero fundamentalmente supone el interés de todos por el “bien estar” de todos, por el “bien ser” de cada uno de los que la conforman. Suponer el bien estar de todos, es no priorizar los intereses particulares sobre ese bien estar del grupo, supone que en primer término los papás, mirarán al bien de cada uno y en el contexto del bien común de ese grupo familiar, por encima de todas las cosas. Siempre partiendo de la base de que tienen buena intención y un buen entender de cada situación, dependiendo del momento y del lugar. 1 ‘coexistir, ser personalmente con las demás personas y reforzar libre, cognoscitiva y amantemente esa unión’ Cfr. Sellés, J.F., Antropología para inconformes, 2012, cap. 13, epígrafe 2.  Si bien a primera vista resulta difícil asimilar las formas del gobierno civil a las de la familia, si se tiene en cuenta que la sociedad no es otra cosa que la suma de familias asociadas sinérgicamente, ya no parece tan disparatado pensar que una forma y otra puedan no solo compararse sino como se dijo, asimilarse. Más aún, quizá si se las viera como una unidad, al menos como una unidad de intereses por el bien común, ambas lograrían mejor sus objetivos. Hoy por hoy, jugado en siglo XXI, resulta casi innecesario plantear que la familia no es una dictadura. Más allá de aspectos particulares con que la política pueda condicionar el análisis, una dictadura supone ante todo la defensa de algunos intereses particulares sobre los de la mayoría, y el uso de la fuerza, acaso sin límites, para lograr el objetivo. Si los intereses defendidos coincidieran con los de todos, apuntaran concretamente al bien estar de todos, la fuerza no sería necesaria, pero es necesaria porque los ciudadanos, intuyen o comprenden lo que no es conveniente para ellos mismos, por eso reaccionan y se oponen a las decisiones del o los que gobiernan. En la familia de hoy pasaría algo parecido, pero como se ha comprendido que la fuerza no es el mejor argumento de la razón, se entiende que es un método impracticable, se trata de comprender, de entender, de educar, no de imponer. Pero por qué la familia no puede ser una democracia como nos interpela el título, si la democracia es la forma de gobierno elegida por la globalización como la forma ideal, una forma que intenta imponerse hasta por la fuerza para que muchos pueblos entiendan (les guste o no les guste, adhieran o no adhieran) que es el modelo elegido. Obviamente a esta altura cabe preguntarse qué es la democracia y por qué se la niega como una forma de gobierno posible para la familia. Evidentemente este no es el espacio para hacer una disquisición puntual sobre lo que es la democracia, pero algunas de las definiciones más comunes pueden ayudar a arrojar luz, de entender cómo tiene que ser una familia, y cual debiera ser el tipo de relación que la rija. Que dice Wikipedia de la democracia, entre otras definiciones… ‘democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.’ No cabe duda de que gran parte de esta definición puede aplicarse a la familia. En primer lugar todos los miembros de la familia son libres, son personas humanas y sólo por el hecho de serlo son libres, capaces de pensar por sí mismos, pero ser libre no implica “hacer lo que quiera”. No se trata de poner ejemplos obvios, pero es clara la diferencia que hay entre vivir en libertad, y sujetarse a ciertas leyes elementales de convivencia y hasta de conveniencia. En la familia se es libre (o al menos se debiera), radicalmente libre, porque es el ámbito en el que se puede pensar y actuar sabiendo que a uno no se le va a juzgar por esa forma de pensar o de actuar, aunque se lo corrija o trate de convencer del error en el que pueda haberse plantado, no hay –no debe haber- juicio calificativo. Esa libertad debe ser la verdadera esencia de la familia (y también y sobre todo del matrimonio), que no se contrapone con el ejercicio que cada quien tiene según su rol, como por ejemplo el de mandar lo que se debe hacer en un momento determinado, o lo que no. Una libertad que tiene en cuenta la capacidad de discernir lo que es bueno de lo que no lo es, y para la cual hacen falta algunas condiciones como, la madurez de razón y la formación sobre el tema en cuestión. En la familia también existe un contrato para el desempeño de las relaciones de sus miembros (como dice la definición de Wikipedia) generalmente es explícito el que involucra a los padres, e implícito el de los hijos. Ambos contratos los obliga recíprocamente a cuidarse, alimentarse, amarse, en un caso en el comienzo de la vida, en el otro en su culminación u ocaso. Ese contrato intrasocial de la familia, debe (o debería) establecer claramente quién hace qué cosas, quién decide sobre otras, qué puede hacer cada uno para su crecimiento personal y el de su entorno, que es bueno para cada quien y para el todo. Entonces, ¿por qué la familia no es una democracia? Porque en el paradigma de democracia liberal que se ha ido imponiendo, lo que importa no es el bien de la persona, sino simplemente sus intereses y los del grupo de mayor poder económico, sea que esto sea conveniente o no para el bien de todos, de ellos mismos y de cada uno. Pero, hay una visión más amplia de lo que debe ser la democracia. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia dice “El gobierno democrático, en efecto, se define a partir de la atribución, por parte del pueblo, de poderes y funciones, que deben ejercitarse en su nombre, por su cuenta y a su favor; es evidente, pues, que toda democracia debe ser participativa.408 Lo cual comporta que los diversos sujetos de la comunidad civil, en cualquiera de sus niveles, sean informados, escuchados e implicados en el ejercicio de las funciones que ésta desarrolla.”2 El compendio establece algunas condiciones para la democracia que son propias de la familia y por extensión de la sociedad. Por ejemplo el reconocimiento de poderes y funciones que se ejercen en nombre de todos sus miembros, como por delegación, en este caso social, 2 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 190 y por cuenta de quienes no pueden ejercerlos por sí mismos y sobre todo a favor de ellos mismos. Un ejemplo sencillo permite quizá una mejor comprensión de lo dicho: los menores deben ir al colegio para su propia formación, no para beneficio de los demás, es su derecho, pero como no lo reconocen, serán los otros (los mayores) quienes en su beneficio los motivarán a hacerlo. Decidir cuál debe ser el estilo de manejo de una familia no soporta estereotipos, cada una debe buscar el que más convenga a sus estilos personales, lo que si debe quedar claro es que la familia debe ser participativa. Debe ser el lugar donde se tienen en cuenta los intereses, las opiniones y el bien de todos, pero en la que quiénes deciden, son los que tienen en cada ocasión, en cada momento, toda la información posible y toda la capacidad para hacerlo. Tener capacidad supone madurez, lucidez, criterio, templanza, cualidades que por lo general tienen papá y mamá antes y por encima de la de los chicos, y si no las tienen, las deben adquirir, deben asumir su responsabilidad, la responsabilidad que les cabe de estar formados para poder hacerse cargo de lo que deben. Asumir la paternidad como liderazgo es asumirla con autoridad “3. f. Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia.”3 Entonces sí, los que deciden lo hacen sin temores, y con la responsabilidad de ser los que deben decidir, porque justamente pueden y lo hacen para el bien de todos. Por lo tanto ¡¿quién dijo que la familia no es una democracia?! Tal vez, lo que no es una democracia es la democracia, con perdón de la democracia.

Mag. Carlos Camean Ariza

 

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1 ‘coexistir, ser personalmente con las demás personas y reforzar libre, cognoscitiva y amantemente esa unión’ Cfr. Sellés, J.F., Antropología para inconformes, 2012, cap. 13, epígrafe 2.

2 Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 190.

3 Diccionario de la Real Academia Española.

La comunicación de los afectos [por el P. Juan María Gallardo]

Pienso que nunca está de más recordar que, no sólo hay que amar, valorar y admirar al cónyuge; también es necesario comunicárselo, decírselo, repetirlo y demostrarlo.
Marido y mujer tienen que saber lo mucho que su cónyuge le quiere. Y, para que pueda percibirse ese amor, habrá que decirlo con palabras y mostrarlo con las obras: “Esposos: tengan en cuenta que, su cónyuge, no los recordará por los pensamientos secretos que guardan en su inteligencia. Sepan encontrar la prudencia y la sabiduría para expresarlos del modo que más convenga”.
Es importante renovar continuamente el esfuerzo por mejorar las formas de manifestar el afecto: no hay que cansarse de decirlo –repito- de mostrarlo y demostrarlo. Es muy conveniente esforzarse en buscar nuevos modos de “hacer sentir al otro” todo los que se lo quiere, todo lo que se lo valora, todo lo que se lo admira.
“Soy poco demostrativo. Así es mi carácter…”, dicen algunos.
Pues, si así es tu carácter, y te lo digo con toda la comprensión posible, habrá que hacer el esfuerzo por tratar de mejorarlo. Los temas de carácter (sobre todo los de MAL carácter) son los que más cuestan superar; pero, al carácter hay que “modelarlo, pulirlo”, cambiarlo, mejorarlo.
Muchas veces, habrá que superar barreras como la pereza, el egoísmo o la soberbia y tomar la importante resolución de luchar contra los defectos que perturban la buena relación con el cónyuge.
Otros obstáculos que pueden impedir a un esposo manifestar el amor a su cónyuge son: la vergüenza o los falsos respetos humanos; también, el acostumbramiento y la rutina. Para ellas también existen remedios y soluciones si hay buena voluntad y decisión de cambiar.
El papa Francisco nos invita a todos a no ser autorreferenciales (una manera de llamar al egoísmo). La donación mutua que se han hecho los casados les exige la dulce obligación de buscar y descubrir nuevas formas de comunicar su amor; ese es el camino a la felicidad.
P. Juan María Gallardo

 

EL DESAFÍO DE LA ECOLOGÍA FAMILIAR FRENTE A UNA ANCIANIDAD SUSTENTABLE [Por la Mag. Dolores Vicente]


Extracto de la disertación realizada en el II Congreso Internacional Familia y Sociedad organizado por el Institute Advanced Family Studies de la Universitat Internacional de Catalunya.

Profesora-Dolores-Dimier-Instituto-Orientación-Familia-Austral….Entendiendo, que en la actualidad, se vive en una sociedad que rinde culto por la imagen, confundiendo apariencia por esencia, los modelos oscilan entre la belleza y la juventud. En este marco cultural, la imagen de la vejez se encuentra impregnada por una conjunción de factores, fruto de indiferencia e ignorancia, y que llevan a su vez, al rechazo de la realidad de esta etapa de la vida, promoviendo un cuestionamiento acerca del lugar que ocupan en la sociedad misma.

 CONCLUSIONES

Colocarse de frente a los nuevos desafíos que plantea este siglo, otorga la posibilidad de que las personas de mayor edad tengan una vida más plena y puedan ampliar su contribución social. Dependerá de su afirmación personal como base del desarrollo y el bienestar, entendiendo a su vez, el valor del capital humano maduro como patrimonio de experiencia y conocimiento, y de su trascendencia inter-generacional como creación de riqueza, que se sustenta simultáneamente en la capacidad de aprendizaje entre distintas generaciones en las diferentes etapas de la vida.

Hablar de desarrollo sostenible, implica el respeto por la integridad personal y el cuidado de la vida al afirmarse en principios y valores éticos. Genera así, una ecología familiar saludable que proporciona a cada miembro, recursos que nutren e impactan en el ambiente familiar, a fin de fortalecer, conservar y preservar sus vínculos inter-generacionales.

Entendiendo a su vez por sustentabilidad, como el equilibrio que puede lograrse entre los seres y los recursos con los que cuenta en su entorno, se podría afirmar que una ancianidad sustentable se vale de las mejores potencialidades a fin de promover una acción armónica en la humanidad, y en relación al sistema en la que está inserta. Más allá de la diversidad y de la efectividad, la explotación de dichos recursos lejos de agotarlos, los potencia, logrando alcanzar las más altas cotas de satisfacción de las necesidades humanas. Trascendiendo el tiempo y el espacio, logra un enriquecimiento inter-generacional en pos del desarrollo sostenible, que exige el compromiso de acciones y programas de responsabilidad social que incluya una visión ontológica humana.

Llegar a ser un adulto mayor no es sinónimo de estar “retirado”, sino que implica enfrentar la paradoja de alcanzar una nueva y diferente manera de participación insustituible e indispensable para la continuidad y el crecimiento de las generaciones que le suceden. Implicará trascender el valor de la integración social cimentada en una cultura de la solidaridad, lejana al paradigma de la productividad y la competitividad, para aceptar y aprovechar su valor por el presente, en una esperanza compartida que motive a tener fe en el futuro para la formulación de los fines de la comunidad.

Así también, se trata de crear un nuevo ámbito de responsabilidades compartidas, logrando armonizar la reciprocidad entre la protección y la autonomía, salvaguardando los principios de la libertad individual y el respeto por la dignidad personal, al resguardo de los valores personales frente a la tecnología y ciencia médica.

La persona es un ser digno por excelencia; por el sólo hecho de ser persona y por estar invitado a una perfección intrínseca y constitutiva que depende de las características esenciales de su ser personal. Por tanto, exige que se busque la promoción de su bien. Cada persona es única irrepetible e insustituible más allá de su situación o condición. Este valor es absoluto, por lo tanto, merece respeto, reconocimiento y promoción, que se plasman, a nivel jurídico y social, en la presencia de Derechos Humanos Fundamentales que brotan de su ser personal, independiente a su realidad individual, conservando un ámbito de libertad, en el que ni siquiera el Estado podría interponerse.

Resulta impostergable contar con una política de servicios sociales para lograr el sostenimiento inter-generacional, y para enfrentar el desafío planteado por las tasas descendentes de natalidad junto al envejecimiento progresivo de la población. Todo capital económico debe ser ponderado como una inversión para lograr en esta etapa de la vida, una sociedad más humanizada.

Contar con una visión antropológica y social de la ancianidad, implica reconocer que su realidad pertenece a la familia y a la sociedad y que no se agota en un problema de económico, de seguridad social o de políticas de gobierno. Toda acción humana saber claramente qué esencia humana se quiere promover y qué tipo de sociedad se quiere construir a partir de unos contenidos (explícitos o implícitos) inevitables en todo proceso vital.

El gran reto en la tarea de velar por el cuidado de los mayores, no será el fruto de un contrato o una obligación ética, sino que brotará de la firme intención de hacerlos sentirse queridos y reconocidos, gozando del cariño y del aprecio que despiertan al ayudar a descubrir lo mejor da cada uno, en el más profundo sentido del amor, revelando así la radical ontología humana.

Mag. María Dolores Dimier de Vicente

Ser madre [Por la Dra. Paola Delbosco]

 

Profesora-Paola-Delbosco--Instituto-Orientación-Familia-AustralEs claro que mi vida se define por la maternidad. Si analizo mis recuerdos de infancia, veo que cuando cuidaba lagartijas heridas (a veces estaban directamente muertas, pero yo no lo quería admitir), o gatitos extraviados, o niños pequeños, frente a los cuales me sentía adulta, lo que estaba haciendo era un preludio de la maternidad. Lo entendí cuando por primera vez la tuve a mi hija Marina entre mis brazos, sabiendo que todo en ella dependía de mí, de mi leche, mis desvelos, mi atención, mi habilidad. Su salud, su crecimiento, su sonrisa, su felicidad iban a ser el reflejo de lo que yo lograra hacer por ella. Hasta su nombre había dependido de una decisión mía y, claro, de su papá. Antes no había conocido a nadie que no tuviera ya su nombre: era realmente la primera vez que yo nombraba originalmente a alguien, igual que Adán en el paraíso (aunque él nombraba a los animales…). Todo nuevo, todo en su comienzo, pero también todo fruto de una larga espera, que era entonces más misteriosa que hoy, puesto que no era posible ver al bebé antes de su nacimiento. Una larga preparación del cuerpo y del corazón, con alegrías, incertidumbres y también muchos miedos. Un largo tiempo para imaginar,  para soñar, para sentirme ligada a todas las demás mujeres que habían sido madres, que iban a ser madres, que podían ser madres. Una nueva alianza con mi madre, aunque estaba tan lejos que no podía mostrarle nada de la extraordinaria transformación de mi persona, en la que otra persona se estaba abriendo un lugar, en muchos sentidos.

La condición de embarazada, por lo menos en Latinoamérica, es un imán infalible de interés y muestras de cariño por parte de los demás: miradas complacidas, actitudes solidarias, ocasión de charla con desconocidos -más bien desconocidas, ansiosas de compartir su propia experiencia de maternidad-; consejos  útiles, pedidos y no pedidos; mitos, advertencias, inexactitudes anti científicas, bastante irritantes, por lo menos para mí, pero siempre el mensaje que me llegaba era del gran valor social de la condición de madre. Hoy, frente a la maternidad incipiente de las mujeres jóvenes, esos acercamientos confiados y las preguntas interesadas me resultan inevitables también a mí. Como todavía me acuerdo de la incomodidad frente a los consejos no pedidos, me freno y no aconsejo… Lo que más me asombró de los primeros tiempos de madre es que alguien dependiera de mí: ¿quién era yo para poder hacerme cargo nada menos que de un ser humano de verdad? Me sentía además responsable de grabar en mi hija, y también en los otros hijos  que vinieron, unos primeros buenos recuerdos, unos recuerdos iniciales que presentaran la vida como algo que valía la pena ser vivido. Yo era seguramente quien les iba a mostrar la cara de la realidad, y quería que esa cara fuera lo mejor posible, para que cada uno de ellos se aferrara a la vida con fuerza: ¨Si la vida es buena, van a tener ganas de vivir¨ pensaba. Es la madre la que les presenta a Hermano Sol y Hermana Luna; con ella los hijos siguen el camino paciente de las hormigas, cada una con su  carga, del rosal al hormiguero; con ella se espía la extraordinaria transformación de las orugas en mariposas: realmente la madre es la primera maestra, la que les presenta el mundo en esas primeras experiencias fundacionales.  Por eso la maternidad significa una gran responsabilidad, junto con un gran desgaste físico, y mucho tiempo, todo el tiempo posible dedicado al crecimiento de los niños; pero también hay largos momentos de asombro, de verdadera contemplación. Cuando mis niños finalmente se dormían (creo que es el mayor milagro verlos tranquilamente dormidos), entonces los miraba largamente: su expresión, sus rasgos que me resultaban familiares, aun en su originalidad, sus sueños que se adivinaban por los movimientos casi imperceptibles de sus ojos. ¨Piensan, recuerdan, sufren, gozan: son verdaderas pequeñas personas, que antes no estaban!¨ Esto me resultaba increíble: me sentía un eslabón necesario en una larga e ininterrumpida cadena de vida , que había llegado hasta a ellos.

Como soy espontáneamente religiosa, esta experiencia de la maternidad me hizo entender de una manera potente por qué razón las mujeres estamos más inclinadas a creer que hay un Dios. Es que sentimos el milagro pasar por nosotras.  Es muy evidente la presencia de Alguien superior en ese trabajo oculto de la formación del bebé. Me acuerdo la sensación de asombro cuando veía por primera vez esas manitos tan perfectas, y los pies, las cejas, las vueltas delicadas de las orejitas. Estaba completamente segura de que, si todo hubiera dependido de mí, se me habrían escapado unos cuantos detalles. Pero no, el bebé estaba ahí, perfecto, hecho por Otro a través de mí. Extraordinario, no cabe otra palabra. ¡Ser madre! Yo era una madre. Ahora no puedo pensar mi vida sin esa dimensión fundamental, no puedo imaginarme ser otra cosa que esto. Toda mi infancia – sentía- había sido claramente una preparación. Ahora vivo otra dimensión de la maternidad, cuando los hijos se independizan y se transforman en padres y madres ellos también: ¡qué necesario les resulta poder apoyarse en la mamá, frente a las dudas, las enfermedades, las dificultades! Ser madre de hijos grandes consiste en estar ahí, seguir mostrándoles los aspectos positivos de la vida, dándoles ánimo para seguir adelante, mostrándoles su capacidad, reconociéndoles su adultez y su autonomía. En cierto sentido, cubriéndoles las espaldas: una función menos visible, pero igualmente maternal.

Con la edad, que seguramente no retrocede, la maternidad encuentra otras facetas, además de la muy gratificante del cuidado de los nietos, en los que se revive la propia desde una dimensión más confiada y más tierna. Se trata del cuidado de los padres ancianos, ya más débiles, más dependientes y más necesitados de cariño y servicios. Con ellos no se trata de presentarles el mundo, sino de ser testigos atentos de su mundo que ya se fue, y que intentan revivir una y otra vez en sus relatos. Sólo cabe la escucha. Es una verdadera preparación a la aceptación de nuestra fundamental debilidad. Verla en ellos, que nos han dado la vida, nos han cuidado, nos han enseñado todo, ¡que lo sabían todo!, verlos débiles nos revela que la fortaleza del ser humano no está en su cuerpo, que la finalidad de la vida humana no está en este mundo, y que Dios nos da nuevas oportunidades para enriquecernos sólo con lo que estamos dispuestos a entregar. Como madre, siento que recibí el mejor entrenamiento para hacerme cargo también de la vejez, y no me quejo. Sé que esta parte de la vida, que por ahora veo en mis padres, también es un camino de ascenso a otra dimensión, donde Aquel que nos amó primero nos espera.

Dra. Paola Delbosco

Los intereses biotecnológicos y la ley de reproducción artificial uruguaya

www.observatoriointernacional.com

Por María Inés Franck

Diciembre de 2013

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Días pasados la República Oriental del Uruguay reguló las técnicas de reproducción artificial a  través de la ley 19.167 de reproducción humana asistida, convirtiéndose en uno de los primeros países latinoamericanos en hacerlo.

En realidad, la palabra “regulación” aplicada a estas técnicas viene siendo un eufemismo, dado que las normativas que últimamente se sancionan en nuestros países en la práctica no ponen límite alguno a la actividad de laboratorios y ejecutores de los procedimientos.

En el caso de Uruguay, desde el art. 1° se incluyen todo tipo de prácticas que facilitan la realización de las técnicas, incluidas la criopreservación y donación de embriones, así como la gestación subrogada en determinados supuestos.

Los destinatarios son todas las personas, hasta los 60 (sesenta) años (art. 7°, inc. a), “en la medida que se trate del procedimiento médico idóneo para concebir en el caso de parejas biológicamente impedidas para hacerlo, así como en el caso de mujeres con independencia de su estado civil” (art. 2°). Las

La ley aprobada indica que las TRHA estarán incluidas en las prestaciones del Sistema Nacional Integrado de Salud (art. 3°), el cual subsidiará las técnicas de baja complejidad practicadas en personas de hasta 40 (cuarenta) años y hasta tres intentos de aplicación de técnicas de alta complejidad en personas mayores de esa edad (art. 5°), transfiriendo no más de dos embriones por ciclo (art. 11). Los embriones sobrantes, si son viables se preservarán para ser transferidos en un ciclo posterior; si la mujer ser niega, serán congelados (art. 11). Nada se dice de los embriones considerados “no viables”.

El art. 18 prohíbe “la investigación o experimentación científica con embriones generados para desarrollar embarazos con las técnicas de reproducción humana asistida”, y el 19 la “clonación de seres humanos así como cualquier procedimiento dirigido a la transformación o alteración de la especie humana”.

El consentimiento para practicarse las técnicas debe ser rectificado por “ambos integrantes de la pareja al momento de la inseminación e implantación” (art. 7°, inciso e). En art. 14 establece la ausencia de vínculos filiatorios entre los donantes de gametos y el nacido, mientras que los artículos 10, 21, 22 y 23 se refieren al derecho del nacido mediante estas técnicas a conocer el procedimiento efectuado para su concepción, así como la identidad del donante en determinados supuestos.

La ley sancionada establece la fecundación post mortem al declarar que “podrá realizarse fertilización de gametos o transferirse embriones originados en una persona que hubiere fallecido, siempre que esta hubiere otorgado previamente por escrito su consentimiento para ello y dentro de los 365 (trescientos sesenta y cinco) días posteriores a su fallecimiento” (art. 9°).

Con respecto a la maternidad subrogada, se declaran “absolutamente nulos los contratos a título oneroso o gratuito entre una pareja o mujer que provea gametos o embriones, sean estos propios o de terceros para la gestación en el útero de otra mujer, obligando a este a entregar el nacido a la otra parte o a un tercero”. Excepto en el caso de “la mujer cuyo útero no pueda gestar su embarazo debido a enfermedades genéticas o adquiridas, quien podrá acordar con un familiar suyo de segundo grado de consanguinidad, o de su pareja en su caso, la implantación y gestación del embrión propio”, es decir, aquel embrión “formado como mínimo por un gameto de la pareja o en el caso de la mujer sola por su óvulo” (art. 25). En ese caso, el acuerdo “deberá ser de naturaleza gratuita y suscripto por todas las partes intervinientes” (art. 26). En esos casos, “la filiación del nacido corresponderá a quienes hayan solicitado y acordado la subrogación de la gestación” (art. 27), mientras que “la filiación materna estará determinada por el parto o la cesárea de la madre biológica o en su caso por la mujer cuya gestación ha sido subrogada” (art. 28).

Una vez más han primado en nuestros países los intereses de los laboratorios y técnicos, los cuales tienen así el campo libre para sus prácticas. Y, nuevamente, el derecho a la vida del por nacer y el interés superior del niño deben acomodarse y reducirse en aras del adultocentrismo imperante en las últimas leyes vinculadas con la familia.

Para acceder a todos los documentos mencionados, puede visitarse:www.observatoriointernacional.com

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