En una conferencia organizada por la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral, el destacado filósofo y político italiano Rocco Buttiglione analizó los desafíos de la IA frente al personalismo y advirtió sobre la hegemonía cultural de la técnica y la necesidad de una educación que recupere la sabiduría y el contacto directo con la realidad.
La Escuela de Gobierno de la Universidad Austral recibió al profesor Rocco Buttiglione para disertar sobre “Inteligencia Artificial y personalismo: ¿Qué nos hace humanos en el siglo XXI?”. Durante el encuentro -moderado por el director del Observatorio de IA, Innovación, Sociedad y Gobierno de la UA, Jorge Vilas Díaz Colodrero,- Buttiglione profundizó en cómo la tecnología impacta en nuestra comprensión del ser humano y alertó sobre los peligros de reducir la experiencia vital a meros procesos algorítmicos.
Para dar inicio al encuentro, el Dr. Alfonso Santiago, director de la Escuela de Política, Gobierno y Relaciones Internacionales, destacó que la Universidad está llamada a ser “espejo y motor” de la sociedad: “Como espejo, debe reflejar las inquietudes y problemas actuales; como motor, tiene la misión de iluminar y guiar los movimientos sociales y políticos, especialmente ante el desafío de lograr que la Inteligencia Artificial se utilice a favor del hombre y no en su contra”, aseveró.
Santiago planteó que la IA puede visualizarse como una “garrocha” que, manteniendo las capacidades humanas, potencia enormemente las posibilidades de lanzarse hacia el futuro. En este sentido, subrayó que el mundo actual no solo requiere ingenieros, sino “humanistas e ingenieros con formación humanística” que pongan a la persona como principio, sujeto y fin de todos los procesos sociales, económicos y políticos.

Signos vs. realidad: El riesgo de la abstracción
En su exposición, Buttiglione afirmó que uno de los problemas fundamentales de la Inteligencia Artificial (IA) es la confusión entre los signos y la realidad. Utilizando la analogía del cuadro de René Magritte (“Esto no es una pipa”), explicó que la IA se construye a partir de signos que significan una realidad, pero no son la realidad misma. “El riesgo de la inteligencia artificial es que no nos educa a mirar la realidad con ojos nuevos, a mirar la realidad como objeto de nuestra experiencia directa”, afirmó.
Señaló además que la IA tiende a la continuidad de la ciencia existente y carece de las «rupturas epistemológicas» que nacen del contacto humano directo con el mundo.

El corazón como centro de lo humano
Asimismo, el filósofo advirtió que el poder de la técnica puede llevar al hombre a “olvidarse de sí mismo” y a verse, tanto a sí mismo como a los demás, como puros objetos calculables. Frente a esto, reivindicó la importancia del corazón y el deseo como motores del conocimiento humano.
Buttiglione destacó que existen dimensiones de la vida, como el enamoramiento o la simpatía, que no pueden ser replicadas por una máquina, ya que requieren una racionalidad emocional que la IA no posee. “La máquina que me da la percepción no me da la emoción, la emoción tengo que producirla yo”, subrayó, y definió a la IA como un «servidor de grandísimo valor, pero un amo muy peligroso».
IA y hegemonía cultural
En el espacio para las preguntas, al ser consultado sobre el rol de la IA en la política, Buttiglione fue categórico: “Es el instrumento de hegemonía cultural más importante en la historia después del descubrimiento de la escritura”.
El ex diputado nacional del Parlamento Italiano y del Parlamento Europeo, así como ex ministro del gobierno italiano, explicó que esta tecnología potencia el poder de quienes gestionan la sociedad sin considerar el corazón, facilitando una «obediencia a una autoridad extranjera que se presenta como autoridad científica».

El rol de la Universidad: de la técnica a la sabiduría
Finalmente, Buttiglione reflexionó sobre la misión de las casas de altos estudios frente a este avance tecnológico. En ese marco, sostuvo que la Universidad no debe ser meramente una «escuela técnica» que produce profesionales para la maquinaria del Estado, sino un ámbito para educar al hombre en el método crítico y la búsqueda de la verdad.
“La Universidad debería ser una compañía para el hombre hacia su destino”, concluyó, y enfatizó que la formación debe centrarse en la sabiduría —el saber por sí mismo— y en la capacidad de entrar en contacto con el propio corazón para no ser manipulados por el conocimiento técnico.
Accedé a ver la conferencia aquí: https://www.youtube.com/watch?v=LAD_RC3RIuc
