El verdadero desafío de Argentina no es solamente aumentar sus exportaciones, sino construir capacidades productivas que permitan transformar cada dólar exportado en desarrollo, empleo y valor agregado dentro del país.
Esta es la reflexión central de la columna publicada por Horacio Pereira, Fellow del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones Sociales (CIG) de la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral, en el diario Ámbito Financiero.
El punto de partida es una pregunta clave para el futuro productivo del país: ¿cómo logramos que cada dólar que ingresa por exportaciones no sea un fin en sí mismo, sino una palanca para el desarrollo nacional?
Actualmente, una parte significativa de las exportaciones argentinas se concentra en commodities o en etapas tempranas de las cadenas de valor. Esta estructura genera vulnerabilidad frente a los ciclos económicos globales y limita el derrame productivo interno. Para revertir esta situación, el desafío consiste en construir ecosistemas productivos robustos en los que el conocimiento, la innovación, la inversión y las capacidades locales se integren a las cadenas de valor.
La evidencia internacional muestra que los países que logran transformar sus recursos naturales en desarrollo sostenido no son necesariamente los que más exportan, sino aquellos que construyen capacidades industriales, tecnológicas e institucionales alrededor de esos recursos.
En este sentido, la columna propone avanzar hacia una estrategia deliberada de construcción de capacidades productivas a partir de tres pilares de política pública.
El primero es incentivar la participación de proveedores locales en las cadenas de valor de sectores estratégicos como el agro, la minería y la energía. La inserción de PyMEs y proveedores nacionales permite ampliar el impacto productivo de las inversiones y generar empleo calificado.
El segundo pilar es priorizar la innovación, la calidad y la diferenciación. Los países que logran agregar valor a sus exportaciones son aquellos que invierten de manera sostenida en investigación, desarrollo tecnológico y formación de capital humano.
El tercer elemento es la infraestructura como habilitador de competitividad. La conectividad logística, el transporte eficiente y el acceso a energía confiable son condiciones indispensables para que los ecosistemas productivos puedan desarrollarse y competir a escala global.
Más que una discusión sectorial, el planteo apunta a una cuestión estratégica para el futuro económico del país. La diferencia entre seguir atrapados en ciclos de vulnerabilidad o convertirse en un actor relevante en la economía global depende de la capacidad de transformar la riqueza generada por las exportaciones en capacidades productivas duraderas.
En definitiva, el desafío no es solamente vender más al mundo, sino lograr que cada proyecto exportador se convierta en una plataforma para el desarrollo industrial, tecnológico y territorial de la Argentina.
Leer la columna completa en Ámbito Financiero: https://www.ambito.com/opiniones/argentina-la-exportacion-la-construccion-capacidades-n6221208