Tumores cutáneos benignos

Los tumores cutáneos benignos son lesiones muy frecuentes. Si bien en la mayoría de los casos carecen de relevancia clínica, pueden ser importantes para los pacientes desde un punto de vista estético. En algunas ocasiones, pueden asociarse a ciertas enfermedades y su presencia debe orientar al médico en su pesquisa. 

Se originan en la epidermis, la dermis, la hipodermis y anexos, vasos y nervios. 

La palabra nevo deriva del latín y significa «marca», «señal» o «signo». Los nevos melanocíticos se originan en la progenie melanoblástica de la cresta neural embrionaria, célula que cuando migra a la piel sufre transformaciones estructurales y funcionales profundas, que explican la heterogeneidad de la morfología clínica e histológica de estos nevos (ver capítulo «Nevos»). 

El nevo Spilus es un nevo melanocítico que suele desarrollarse a poco de nacer. Su prevalencia es muy baja (aproximadamente, el 0,2 % de las lesiones pigmentarias congénitas). Es un parche amarronado que, con el transcurso del tiempo, desarrolla máculas y pápulas más oscuras en su interior, las cuales dan un aspecto moteado. La probabilidad de transformación maligna es excepcional, por lo que se la considera una lesión de curso benigno (foto 1).


Foto 1. Nevo Spilus

La melanosis de Becker es una hiperpigmentación en parche de aparición tardía —alrededor de la etapa peripuberal—, más frecuente en el sexo masculino. Comienza con una mácula hiperpigmentada, unilateral, que eventualmente puede desarrollar un componente piloso (hipertricosis) en superficie: con el tiempo, la hipertricosis puede ser muy marcada y volver más notoria la presencia de la melanosis. Su localización habitual es el hombro (articulación acromioclavicular) o la escápula; puede oscurecerse ante la exposición solar. La transformación maligna es excepcional (foto 2).


Foto 2. Melanosis de Becker

El nevo de Spitz es un nevo melanocítico compuesto por células fusiformes y epitelioides, adquirido durante las dos primeras décadas de la vida. Es cupuliforme, de superficie lisa o adoquinada, forma variable y bien delimitado, de color rosado rojizo, pardusco, pardo oscuro e incluso casi negro (forma pigmentada). En algunas ocasiones, puede estar surcado por una telangiectasia. Su tamaño oscila entre 0,2 y 2 cm. 

Suele ser una lesión única (aunque se han descripto formas múltiples). Predomina en la cabeza y el cuello, aunque puede presentarse en tronco y miembros. El nevo de Spitz atípico es una variante histológica que puede plantear un desafío en la diferenciación con el melanoma.

El lentigo simple es una mácula pigmentada, parda o negruzca, de contornos regulares, bien delimitados, de número y formas variables (entre 2 y 5 mm). Puede ser localizado o múltiple (hasta distribución universal), y asentar sobre piel, mucosas y semimucosas. Su aparición suele ser prepuberal, con persistencia hasta la edad adulta. 

En ocasiones, las lesiones forman parte de síndromes, como el síndrome de Peutz-Jeghers, de herencia autosómica dominante, donde hay afectación cutáneo-mucosa desde el nacimiento o poco después, asociada a poliposis intestinal. Los lentigos están a nivel oral, perioral y acral. 

Los lentigos actínicos o solares están en zonas fotoexpuestas: escote, hombros, cara, dorso de manos. Mantienen el mismo color durante todo el año, sin modificarse, y están presentes en la mayoría de la población mayor de 60 años. Pueden verse en personas más jóvenes, en especial luego de una quemadura solar intensa (foto 3).


Foto 3. Lentigos solares

Deben diferenciarse de las pecas, o efélides, genodermatosis autosómica dominante, compuesta por pequeñas máculas de menos de 5 mm, de color pardo, únicas o múltiples, bien delimitadas, que se ponen en evidencia en los primeros años de la vida en la piel de zonas fotoexpuestas (foto 4).


Foto 4. Efélides

Con la exposición solar, se intensifican (más claras en invierno, más oscuras en verano), a diferencia del lentigo simple. 

Predominan en fototipos I-II, con pelo y ojos claros. No afectan mucosas. A veces, tienden a confluir y desaparecen con el envejecimiento. No tienen potencial de transformación maligna, aunque su presencia aumenta la predisposición al desarrollo de melanoma. Se deben diferenciar del lentigo simple, nevos melanocíticos y máculas café con leche (en general, de mayor tamaño, entre 2 y 5 cm).

La queratosis seborreica es un tumor benigno muy frecuente que aparece hacia la mitad de la vida, pero puede observarse en personas jóvenes. Puede ser una lesión aislada o lesiones múltiples; se localiza con más frecuencia en cara y tronco, aunque puede encontrarse en cualquier área corporal (a excepción de mucosas, palmas y plantas). El tamaño es variable, de milímetros a 1 cm, pero puede ser muy grande (varios centímetros) (fotos 5 y 6).


Foto 5. Queratosis seborreicas


Foto 6. Queratosis seborreicas múltiples

Las lesiones pueden ser múltiples, con tonalidades variables, no definidas (pardo claro, pardo amarillento, marrón oscuro o negro). La queratosis seborreica es asintomática, aunque puede haber inflamación espontánea o ante traumatismo, presentar eritema, costras, pústulas y ser pruriginosa. 

Inicialmente es plana, con límites bien definidos; cuando evoluciona, se sobreeleva y puede adquirir un aspecto verrugoso característico.

La dermatoscopía es de gran ayuda en el diagnóstico, en especial cuando se trata de lesiones muy pigmentadas y pueden ser difíciles de diferenciar de nevos o melanoma. Hay distintas características descriptas, por ejemplo, las pseudoaperturas foliculares, que tienen un aspecto de comedón o poro (foto 7).


Foto 7. Queratosis seborreica. Imagen dermatoscópica. Pseudoaperturas foliculares

Una variedad clínica es la queratosis de Stucco; se trata de lesiones múltiples que asientan en piernas y dorso de pies, queratósicas, blanquecinas (reciben este nombre por su aspecto similar al «estuco», la técnica o forma de revestimiento de la construcción) (foto 8).


Foto 8. Queratosis de Stucco

En ocasiones, las queratosis seborreicas tienen una aparición brusca, en brote, de lesiones múltiples o de mayor tamaño, llamado «signo de Leser-Trélat», que se ha asociado a neoplasia interna (colon, estómago, mama, linfoma). Pueden tener fenómeno de regresión (involución). El signo de Leser-Trélat y el fenómeno de regresión pueden observarse también durante el embarazo, sin ninguna implicancia clínica.

Por su variada presentación clínica, plantea el diagnóstico diferencial con lentigo, acrocordón, verruga vulgar, condiloma acuminado, nevo melanocítico e, incluso, melanoma. La dermatoscopía puede ayudar en el diagnóstico clínico, pero a veces requiere la confirmación histológica. El tratamiento por razones estéticas es la remoción lesional.

El dermatofibroma, también llamado «fibrohistiocitoma» o «tumor en pastilla», es una proliferación fibrohistiocítica benigna que puede ser única o múltiple (foto 9). Predomina en los miembros inferiores y en el sexo femenino, y aparece entre la tercera y quinta década de la vida. Si se comprime lateralmente, se palpa la lesión indurada, como una «pastilla» (foto 10); en ocasiones, es muy pigmentado y puede plantear el diagnóstico diferencial con nevos o con el melanoma. En este caso, también, la dermatoscopía es de suma ayuda: muestra varios patrones. Una imagen frecuente es la red delicada en la periferia (por la pigmentación de la red de crestas) y un parche blanco central (centro blanquecino que corresponde a fibrosis en la dermis papilar) (foto 11).


Foto 9. Dermatofibroma

Foto 10. Dermatofibroma o «fibroma en pastilla»


Foto 11. Imagen dermatoscópica del dermatofibroma

Los acrocordones (pocos milímetros) son tumores benignos, de consistencia blanda, exofíticos, pedunculados, que se localizan en zonas de grandes pliegues, como el cuello, las axilas y las ingles (foto 12). 


Foto 12. Acrocordones

Pueden ser únicos o múltiples y tener una tendencia familiar. En algunos casos, se asocian a la presencia de endocrinopatías (DBT, acantosis nigricans) o al desarrollo de neoplasias (tumores colónicos). Cuando tienen mayor tamaño, se los denomina «fibromas blandos» o «nevos péndulos» (fotos 13 y 14). Carecen de potencialidad maligna.


Foto 13. Fibroma blando


Foto 14. Nevo péndulo

Los nevos rubí son hemangiomas que aparecen alrededor de la tercera década de la vida, genéticamente determinados (siempre está el antecedente familiar en uno o ambos progenitores). Son lesiones pequeñas, de pocos milímetros de diámetro, sobreelevadas, de color rojo. Suelen ser múltiples y pueden localizarse en cualquier sector del tegumento. No tienen potencial maligno (foto 15).


Foto 15. Nevos rubí

El lago venoso aparece en los labios (preferentemente, el inferior). Se trata de una lesión aislada, en personas adultas con antecedentes de exposición solar prolongada. Tiene una coloración violácea (por su origen vascular) y no tiene relevancia clínica (foto 16).


Foto 16. Lago venoso

Existen distintos quistes cutáneos que se presentan como pápulas o nódulos dérmicos o subcutáneos. Son un motivo de consulta frecuente, por razones cosméticas o por molestias locales (inflamación, dolor). El mal llamado «quiste sebáceo» corresponde a una formación quística que puede ser de origen epidérmico o folicular. Este quiste epidérmico es el más frecuente y se forma en la porción infundibular del folículo; es sobreelevado, cupuliforme, está bien delimitado y cubierto por piel normal (muchas veces se ve el orificio correspondiente al folículo) (foto 17).


Foto 17. Quiste epidérmico

Los quistes epidérmicos se localizan con más frecuencia en la cara y el tronco. Su contenido es blanquecino amarillento y maloliente (mezcla de restos de queratina, sebo y proliferación bacteriana). Puede permanecer estable durante mucho tiempo, pero inflamarse en algún momento por ruptura de la pared folicular, causar dolor local y, en ocasiones, drenar material maloliente, a veces purulento (fotos 18 y 19).


Foto 18. Quiste epidérmico. Drenaje


Foto 19. Quiste epidérmico inflamado

Una variedad superficial de quiste es el quiste de milium, el cual contiene queratina que queda atrapada en la epidermis: puede ser único o múltiple, en general del tamaño de la cabeza de un alfiler. Estos quistes se localizan, predominantemente, en la cara (párpados, mejillas, frente). Blanquecinos o blanco amarillentos, son asintomáticos y pueden aparecer en cualquier etapa de la vida (foto 20).


Foto 20. Quiste de milium

El quiste pilar, quiste triquilemal, o lupia es mucho menos frecuente (4 a 5 veces menos), en general único y puede tener una herencia autosómica dominante. Se origina en la porción media del folículo y tiene una queratinización abrupta y compacta. Se localiza, preferentemente, en el cuero cabelludo (foto 21) como un nódulo profundo, de crecimiento lento, y puede ser asintomático por muchos años (puede llegar a ser muy voluminoso y calcificarse). Es raro que se inflame. 


Foto 21. Quiste triquilemal, o lupia

El pilomatrixoma se origina en la porción profunda del folículo. Suele ser una lesión única, de color piel o azulada (cuando son múltiples, pueden estar asociados a distrofia miotónica, síndrome de Turner o síndrome de Gardner). 

Es más frecuente en niños y adolescentes. Lo caracteriza su dureza y puede tener calcificación secundaria (y a veces fibrosis). Puede ser duro como una piedra y facetado a la palpación. Asienta en cualquier superficie pilosa, en especial en cabeza y tronco superior. Cuando aparece en adultos, por su aspecto puede plantear un diagnóstico diferencial con un carcinoma basocelular. La resolución es quirúrgica (foto 22).


Foto 22. Pilomatrixoma

El mucocele suele desarrollarse en la mucosa retrolabial inferior, aunque puede observarse también en el piso de la boca, la mucosa bucal y la lengua. Es una lesión papulosa o nodular traslúcida azulada, de pocos milímetros o a veces centímetros, generada por la disrupción de los conductos salivales y en su interior se acumula un material mucoide. Puede ser recidivante, en especial porque tiene un origen traumático. 

El quiste mixoide, o quiste mucoso digital, es una tumoración que se asienta con frecuencia sobre la articulación interfalángica distal de manos, más raramente en dedos de pies (se supone un origen en el espacio articular interdigital). De aspecto traslúcido azulado, puede fluctuar en cuanto a su tamaño y contiene un material gelatinoso transparente (foto 23). Su persistencia puede comprimir la matriz ungular y ocasionar una distrofia canalicular de la lámina (foto 24). No tiene una transformación maligna.


Foto 23. Quiste mixoide


Foto 24. Quiste mixoide. Distrofia canalicular de la uña

El ganglión, o quiste sinovial, es un quiste blando de pocos centímetros de diámetro, subcutáneo (no hay cambios de coloración en la superficie cutánea), que asienta con más frecuencia a nivel de los antebrazos, muñecas, dorso de manos y pies. Predomina en el sexo femenino; puede ser asintomático, doler (en especial, con los movimientos), o ser una preocupación exclusivamente estética. 

En general, está pegado a la vaina tendinosa o cápsula articular, pero no suele comunicarse con el espacio articular. Puede no tratarse. Cuando es molesto, se puede realizar compresión, aspiración e inyección intralesional de corticoides o extirpación (foto 25).


Foto 25. Ganglión

La hiperplasia sebácea es una tumoración frecuente —no sería un verdadero tumor, sino un agrandamiento de las glándulas sebáceas normales—, única o múltiple, que asienta en la cara (frente, mejillas). Aparece en personas adultas como pequeñas pápulas de color piel o amarillentas, que miden de 1 a 3 mm de diámetro, con una depresión central característica. Puede plantear el diagnóstico diferencial con carcinoma basocelular (fotos 26 y 27).


Foto 26. Hiperplasias sebáceas


Foto 27. Hiperplasias sebáceas

Los siringomas son lesiones de origen ecrino. Su localización habitual es en áreas infraorbitarias (en forma simétrica, por debajo de los párpados inferiores). Suelen ser múltiples y de aspecto papuloide, amarillento, de pocos milímetros. En ocasiones, pueden presentarse en forma eruptiva en el tronco (foto 28).


Foto 28. Siringomas

El neurofibroma es el tumor de origen neural más frecuente. Puede ser solitario, sin ninguna relevancia clínica, o múltiple, en el caso de la neurofibromatosis. Suele ser una lesión sésil, color piel o ligeramente rosada, asintomática, de consistencia blanda. Cuando se trata de lesiones aisladas, puede plantear el diagnóstico diferencial con un nevo melanocítico de tipo intradérmico (foto 29).


Foto 29. Neurofibroma solitario

El lipoma es un tumor de lento crecimiento, de localización dérmica o hipodérmica, formado por adipocitos maduros. De consistencia blanda, único o múltiple (en tronco y miembros), en algunos casos puede ser de aparición familiar. Suele ser asintomático y no está adherido a planos profundos. 

Puede plantear el diagnóstico diferencial con el quiste epidérmico: una ecografía quizá resulte de utilidad para diferenciarlos (el lipoma tiene una densidad similar o levemente mayor que la del tejido celular subcutáneo, porque puede combinar otros tejidos, como fibrolipoma y angiolipoma; el quiste suele ser anecoico) y para establecer la extensión de la lesión. No tiene transformación maligna (foto 30).


Foto 30. Lipoma

Puntos clave

  • Los tumores cutáneos benignos son lesiones muy frecuentes que pueden originarse en la epidermis, dermis, hipodermis, anexos, vasos y nervios.
  • En su mayoría, no tienen ninguna repercusión clínica, fuera de un aspecto cosmético.
  • Pueden ser marcadores de enfermedades sistémicas o formar parte de cuadros sindrómicos.
  • En casos excepcionales, pueden tener una transformación maligna.

Bibliografía recomendada

Bolognia JL, Schaffer JV, Cerroni L (eds.). Dermatología, 4ª edición. Barcelona, España: Elsevier; 2018.  

Goldsmith LA, Katz SI, Gilchrest BA, Paller AS, Leffell DJ, Wolff K. Fitzpatrick. Dermatología en Medicina General. 7ª edición. Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana; 2009. 

 

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ISBN: 978-950-893-923-4

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