En el marco del homenaje por los 75 años de la televisión argentina, realizado en el Instituto de Cultura CUDES, referentes de la televisión y el periodismo se reunieron para recorrer distintas etapas de su historia y conversar sobre aquello que cambia y lo que permanece: el oficio de contar, seleccionar y dar sentido a lo que sucede.
El encuentro fue moderado por Gabriela Fabbro, docente e investigadora de la FC, directora del Observatorio de la Televisión Argentina; quien conversó con María Laura Santillán, Mónica Gutiérrez, Fernando Bravo y Pablo Sirvén.
Los periodistas compartieron recuerdos y experiencias de sus trayectorias y reflexionaron sobre las transformaciones que atravesó la televisión y sobre el lugar del periodismo en un ecosistema cada vez más amplio de medios y pantallas.
Para Santillán, hay algo esencial que permanece más allá de las transformaciones del medio:
«Somos cronistas, nos gusta estar ahí, nos gusta contar historias, nos gusta contar lo que pasa y es lo que seguimos haciendo».
La frase recupera una dimensión central del oficio: estar cerca de los acontecimientos y encontrar la manera de convertirlos en historias capaces de llegar a otros.
Gutiérrez puso el foco en cómo el oficio se transforma frente a la multiplicación de fuentes y formatos. “¿Qué le queda al periodista? Decantar, curar. Debemos implementar las múltiples herramientas que aprendimos a lo largo de los años”, planteó, al referirse a la tarea de seleccionar, interpretar y jerarquizar información.
También apareció la dimensión emocional de la televisión. Al recordar su experiencia frente a cámara, Fernando Bravo recuperó el vínculo con las audiencias y la posibilidad de emocionarse y emocionar como parte de una profesión que, además de informar, construye experiencias compartidas.
En esa misma línea de pensar el trabajo periodístico como una tarea de selección y construcción de sentido, Pablo Sirvén definió a los periodistas como “curadores de la realidad”, para que la audiencia la aprehenda (con y sin h), porque “la realidad es infinita, es inabarcable”.
La televisión cambió. Cambiaron las herramientas, las pantallas y también las maneras de mirar. Pero, después de escuchar estas historias, queda la sensación de que hay algo que sigue intacto: las ganas de estar ahí, contar lo que pasa y hacer que del otro lado alguien se emocione y entienda un poco más de la realidad.