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Bienestar en Argentina

17.07.2026

Autor: Escuela de Posgrados en Comunicación

7 minutos de lectura

Arturo Fitz Herbert, director de la Escuela de Posgrados en Comunicación y de la Maestría en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones de la Universidad Austral, participó como autor del artículo Flourishing in Argentina: Evidence from the Global Flourishing Study (GFS) across socioeconomic groups and levels of religiosity, junto con las investigadoras del Instituto de Filosofía de la Universidad Austral, Claudia Vanney y Belén Mesurado, en el marco de un proyecto internacional liderado por investigadores de Harvard. 

La investigación analizó una muestra representativa de 6.724 adultos argentinos y encontró un resultado llamativo: el país obtuvo niveles superiores al promedio de los 22 países participantes en bienestar psicológico, bienestar social y conducta prosocial, aunque quedó por debajo en la dimensión socioeconómica. 

En palabras de Fitz Herbert: «El flourishing es algo más que la felicidad; es la capacidad de las personas de vivir con sentido, desarrollando sus proyectos de vida con plenitud. Una gran parte de los argentinos le encuentra más sentido a la vida que el promedio de habitantes de otros países y también se siente bien en sus vínculos sociales y con la comunidad, pero tiene una preocupación por llegar a fin de mes y por la seguridad material marcadamente más alta que el promedio». 

 

Evidencia mundialista 

Para explicar los resultados, Fitz Herbert menciona una reciente escena que trascendió lo deportivo. Tras el partido frente a Inglaterra en el Mundial, Lautaro Martínez dijo que su gol tenía un significado que iba mucho más allá del resultado: era una forma de reconocer el esfuerzo que habían hecho sus padres para ayudarlo a cumplir su sueño y también una consecuencia de cómo la paternidad cambió su manera de vivir el fútbol. 

«Ahí creo que hay una clave muy fuerte: los argentinos mantienen relaciones familiares y comunitarias que en muchos casos son muy sanas, que les permiten encontrarle un sentido al sacrificio y un disfrute a los momentos buenos”, explicó el investigador. 

 

«Creo que el valor intrínseco que en general les damos a las personas en nuestra cultura es un aspecto a proteger».

 

Asimismo, el estudio encontró asociaciones entre la religiosidad y distintos indicadores de flourishing. En ese sentido, Fitz Herbert sostuvo: “El equipo de Harvard ha demostrado que la religiosidad impacta de manera positiva en el flourishing, y eso es algo que también caracteriza a los argentinos, ya que más del 80% de las personas creen en Dios”.  

“Las creencias religiosas ayudan a darle sentido a los momentos difíciles, a percibir un significado trascendente en la vida y a preocuparse por los vínculos con los demás. En las rutinas, la religión también ayuda porque genera un vínculo comunitario. Además, vivimos en una sociedad sin hipótesis de conflictos armados desde hace varias décadas, y con un nivel de seguridad mucho más alto que en otras. Basta compararnos con otros países de la región para tomar conciencia de esto”, explicó el director de la EPC. 

 

El bienestar es multidimensional

Uno de los principales aportes del Global Flourishing Study es mostrar que el bienestar no depende únicamente de las condiciones económicas, sino que una vida plena es necesariamente multidimensional.  

«Lo económico es importante, pero es una dimensión entre otras. Por eso es muy importante también darle tiempo a la familia, a los amigos, a la comunidad; procurar un estilo de vida sano; y realizar actividades reflexivas que permitan encontrar un sentido en la vida; y, para los que son creyentes, practicar su religión», señaló Fitz Herbert. 

Considera que este enfoque también ofrece herramientas para pensar las políticas públicas y la vida comunitaria. «El crecimiento del PBI por sí solo no trae más felicidad. También tenemos que pensar en cómo convivimos juntos, cómo les damos herramientas a los grupos más vulnerables para tener autonomía y cómo construimos lazos comunitarios”. 

El contexto económico en el que se realizó la investigación es clave para interpretar los resultados, aunque no explica por sí solo los niveles de bienestar observados: «Incluso cuando la preocupación económica es muy alta uno puede encontrar la forma de estar a gusto con su vida y desarrollar un proyecto personal, familiar y comunitario”. 

«Tenemos algo muy valioso que tenemos que resguardar: la noción de que todos merecemos respeto sea cual sea nuestra posición social o económica. Me parece que no sólo el trato, sino la indignación que muchas veces sentimos cuando una persona desprecia a otra, es algo que tenemos que cuidar. Creo que el valor intrínseco que en general les damos a las personas en nuestra cultura es un aspecto a proteger”, concluyó Fitz Herbert. 

 

Leé el artículo completo: https://www.internationaljournalofwellbeing.org/index.php/ijow/article/view/5955/1313 

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