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Detrás de cada gran profesional, hay una gran… mamá.
Las graduadas FC Violeta Santamarina y Emilia Frigerio lo comprobaron con su libro Madres de.
Se trata de un compilado de entrevistas hechas a las mamás de figuras argentinas: Diego Schwartzman, Esteban Bullrich, Teresa Bo y Armando Bo, Luciana Aymar, Maria Florencia Cayrol, Marcos Galperin, Manu Ginobili, Paloma Herrera, Chano y Bambi Charpentier, Paula Pareto, Alexis Mac Allister, Pierpaolo Barbieri, Ale Sergi y Juliana Gattas, Gusti Fernández y Dibu Martínez.
Libro que presentaron a los estudiantes de 3° año de Comunicación en el Campus de Pilar.

Si todo gran encuentro necesita una foto (como el de las profesoras Marita Grillo, anfitriona, y Gabriela Fabbro con las graduadas)…Todo gran libro, una entrevista. Compartimos algunas preguntas, hechas por Marcos Antonini, estudiante de Comunicación, y las respuestas de las autoras.
—¿Qué descubrieron en el encuentro con cada “mamá de”?
𝗘𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮: Conocerlas fue descubrir mujeres maravillosas, empoderadas, trabajadoras, profesionales, que eran más que las “madres de”, que tenían vida propia, convicciones y sobre todo nos inspiraron mucho a la hora de criar. De cada reunión nos fuimos como diciendo, «Ay, quiero ser como la mamá de tal”.
—¿Se podría decir que hay como un patrón que se comparte entre todas las entrevistadas?
𝗩𝗶𝗼𝗹𝗲𝘁𝗮: Si de hablar de patrón se trata, encontramos uno en común entre todas las madres que entrevistamos que fue, sin ninguna duda, la exigencia. Fueron todas madres exigentes. Muy exigentes, teniendo muy en claro su rol y exigiendo con límites…
𝗘𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮: Sí, yo creo que el orgullo que sienten por estos hijos tan luchadores, tan tenaces… Y después, viendo sus resultados, hace que el acompañamiento no fuera visto como sacrificio, sino como parte del camino elegido por sus hijos y por ellas. Y sí, mucha alegría de ver ese hijo brillar en su sueño, pero no desde el exitismo, sino desde el cariño de la plenitud de sus hijos y también igualándolos a sus otros hijos.
—Después de escribir el libro, ¿cambiaron su mirada sobre las madres? ¿O les hizo como justificar algo?
𝗩𝗶𝗼𝗹𝗲𝘁𝗮: Mmm, no. Al contrario, confirmé lo que pensaba y lo que sentía. Sobre todo a partir de lo que me hizo caer en la cuenta una vez que no la tuve a mi madre.
Hay una frase que me preguntó un periodista en una nota y que me encantó, que es que uno, mientras que tiene a la mamá viva, la trata en terapia porque cree que es la responsable de todos sus males. Y, cuando se muere, recién ahí te das cuenta de todo lo bueno que hizo tu madre, por lo menos eso me quedó.
—Para cerrar, ¿hubo alguna historia que les haya marcado?
𝗩𝗶𝗼𝗹𝗲𝘁𝗮: A mí sí, la de Gusti Fernández: Nancy. Realmente porque me puse en su lugar y realmente tengo una admiración profunda por lo que pudo hacer, por la alegría con la que llevó adelante su vida y por el resultado que es un hijo pleno, plenamente desarrollado y feliz.
𝗘𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮: Y yo, en lugar de elegir una, me quedo con la diversidad de historias que conocimos en este proceso. Realmente estamos muy agradecidas de haber podido trabajar con grandes mujeres. Cada una traía algo diferente a la mesa y todo nos enriqueció.
Por más reencuentros en nuestra Casa de Estudios, a puertas abiertas.