Recién recibido, Ignacio Esteban eligió irse a Santa Victoria Este (Salta), donde se desempeñó como médico generalista durante 6 meses. Esa experiencia iniciática, que lo enfrentó a una realidad muy distinta de la que había visto durante su carrera, lo impulsó a profundizar su formación. Regresó a Buenos Aires, completó la residencia en pediatría en el Hospital Italiano y se volcó a la investigación. Desde una jefatura de residentes hasta su trabajo en ensayos clínicos durante la pandemia, su trayectoria fue marcando un giro gradual pero decisivo: fue del consultorio a la investigación con impacto poblacional.
Hoy forma parte de Gavi, una organización internacional creada en el 2000, que posibilita que personas que viven en países con bajos recursos económicos accedan a vacunas nuevas casi al mismo tiempo que los países más desarrollados. Esta organización es el puente entre donantes, países y la industria farmacéutica que negocia volúmenes grandes y precios reducidos de vacunas. En 2025, Ignacio fue noticia por haber liderado el equipo que incluyó por primera vez la inmunización materna contra el VSR en países vulnerables. El VSR es un virus respiratorio causante de bronquiolitis grave en lactantes y, gracias a esta campaña de vacunación, no solo se salvarán muchísimas vidas de bebés, sino que también se reducirá la carga en los hospitales en temporadas de invierno. Esto se traduce en menos internaciones, menos uso de oxígeno y antibióticos y, lo más importante, menos mortalidad infantil. “El lugar donde uno nace no debería dictaminar la esperanza de vida por la falta de acceso a una vacuna”, explica.
Qué le dejó su paso por la Universidad Austral
Tres legados:
“Estos tres elementos fueron determinantes para mi carrera profesional, me permitieron liderar proyectos en salud pública y negociar decisiones sanitarias a nivel global”, reconoce
Y algo que destaca: “La Universidad Austral te pone en contacto con la investigación desde muy temprano y eso yo lo agradezco mucho porque me generó interés. Me encantaba ver pacientes, por eso fui hacia pediatría, pero la investigación y cómo utilizar bien la evidencia para tener impacto fue lo que más me atrajo”.
En ese camino de la investigación fue que decidió postular a la Beca Fullbright y estudiar una maestría en Salud Pública y Enfermedades Infecciosas y una certificación en Ciencia y Política de Vacunas en la Universidad Johns Hopkins, que está rankeada como la universidad número 1 en salud pública. Esta maestría fue la que allanó el camino para llegar a Gavi. Pero su camino no fue lineal; aplicó muchas veces antes de ser aceptado en becas y puestos clave. “Me rechazaron diez mil veces y me van a seguir rechazando” —dice— “a mí me costó un montón entenderlo y aprenderlo. Por eso es clave insistir, aplicar y no desanimarse. Los rechazos no definen qué tan médico o profesional sos”.
“El impacto de la investigación no es solo académico: te conecta con otras instituciones y te permite pensar en políticas que afectan a poblaciones enteras”, señala.
Sobre el futuro
Mirando hacia adelante, Ignacio tiene un objetivo profesional claro: preparar la introducción de una potencial nueva vacuna contra la tuberculosis. Si funciona, podría convertirse en la vacuna de mayor impacto en la historia reciente por su potencial para reducir la mortalidad global.
¿Qué lo motiva? Disminuir las diferencias. Y trabajar para que las innovaciones en salud lleguen a los más vulnerables desde el principio y no con décadas de retraso.
“Otro de mis grandes objetivos es seguir transmitiendo mi experiencia y que los alumnos conozcan otros caminos más allá de la práctica clínica tradicional, que conozcan la investigación, la salud pública, el trabajo de las organizaciones globales. Creo que mostrarles estas opciones puede evitar que muchos lleguen a los 40 o 50 años sin haber explorado otros caminos profesionales”.