Pensá en esta escena, que se repite todos los días. Sandra tiene 61 años y solo quiere hacer una transferencia común, así que abre Google en su computadora y tipea el nombre de su banco. El primer resultado que aparece en la pantalla lleva la etiqueta "Patrocinado", pero ella no desconfía y hace clic. La página que se carga es una copia exacta de su "home banking" de siempre. Carga su usuario y su contraseña, y el sistema le pide además la clave token por un supuesto motivo de seguridad. Ella la ingresa sin dudar y, en pocos minutos, su cuenta queda en cero. La estafa le costó algunos millones de pesos.