Marcos Bamonte, profesor de Robótica de la Facultad de Ingeniería, viajó al país asiático y durante dos semanas dictó un curso intensivo de Robótica en la International Engineering and Technological University. Allí tuvo la oportunidad de impartir conocimientos en inglés y, al mismo tiempo, intercambiar experiencias en un contexto cultural muy diferente.
La Facultad de Ingeniería sigue fortaleciendo su proyección internacional a través de experiencias académicas que conectan la formación local con el mundo. En esta oportunidad, un docente de la facultad viajó a Kazajstán para dictar un curso intensivo de Robótica en la ciudad de Almaty. Marcos destacó que pudo combinar teoría y práctica en un entorno muy diferente al de Argentina, pero, a la vez, pudo identificar desafíos muy similares de la formación en ingeniería. El curso estuvo dirigido a estudiantes de Ingeniería Informática de primero a tercer año, en un grupo reducido que permitió una dinámica de trabajo cercana y altamente interactiva.
La oportunidad surgió a partir del vínculo con un ingeniero argentino radicado en el país, quien facilitó el contacto con las autoridades de la universidad, interesadas en incorporar una mirada internacional en la enseñanza de la robótica.

Aprender haciendo: la práctica como eje
El enfoque del curso estuvo puesto principalmente en la práctica. A través del simulador Webots, los estudiantes trabajaron en la navegación de robots, aprendiendo a interpretar sensores y controlar motores en distintos escenarios. El uso de simulación y el equipamiento avanzado con el que cuenta la universidad permitió replicar condiciones del mundo real,
“Como el simulador incorpora las leyes de la física del mundo real, los estudiantes pueden entender qué pasaría con un robot en un entorno real”, nos comparte Marcos.
Uno de los desafíos más destacados fue la navegación autónoma en una galería en forma de claustro, donde el robot debía desplazarse siguiendo paredes sin tocarlas, aplicando conceptos de control y precisión.

Inteligencia artificial: un desafío global
El uso de IA en programación fue uno de los puntos de contacto que Marcos identificó entre sus alumnos argentinos y sus alumnos kazajos. Esta coincidencia abre un desafío compartido a nivel global: cómo utilizar la IA como una herramienta que potencie el pensamiento crítico, sin reemplazarlo.
“La tentación de dejar de pensar cuando la tecnología responde es un desafío que tenemos que abordar en la formación”, reflexionó el profesor de robótica.

Una experiencia compartida más allá del aula
El intercambio de conocimiento transcendió mucho más allá del aula, ya que la experiencia estuvo atravesada por un fuerte intercambio cultural: conversaciones sobre costumbres, religiones y formas de vida enriquecieron el vínculo entre docentes y alumnos. “Fue muy interesante ver cómo, más allá de las diferencias culturales, los intereses y la curiosidad de los estudiantes son universales”.
Más allá de lo académico, la experiencia estuvo marcada por la hospitalidad de la cultura local y la posibilidad de conocer en profundidad la vida cotidiana en Kazajstán.
En un país habitado mayormente por musulmanes de habla rusa, el choque cultural fue muy grande. Sin embargo, Marcos resalta que tienen una cultura muy hospitalaria, siempre atentos y dispuestos a compartir.

Este tipo de experiencias no solo enriquecen al docente que participa, sino que también impactan directamente en la formación de los estudiantes al traer nuevas perspectivas al aula. Además, abren nuevas oportunidades de colaboración internacional. “Esta experiencia me ayudó a expandir los horizontes culturales y académicos, y a incorporar nuevas formas de enseñar”.
La experiencia reafirma el valor de la internacionalización en la formación en ingeniería. “En cualquier lugar del mundo, cuando un estudiante comprende un concepto, hay algo que se enciende. Y eso hace que todo valga la pena”, concluyó Marcos.