María Florencia Toledo, graduada de la Maestría en Intervención en Poblaciones Vulnerables y una historia de compromiso social que llegó a Roma.
“Volví más convencida de que nadie transforma solo. El liderazgo es escucha, articulación y construcción colectiva”, cuenta María Florencia Toledo, graduada de la Maestría en Intervención en Poblaciones Vulnerables que dicta el Instituto de Ciencias para la Familia.
Volvió de Roma, donde participó en la primera instancia de New Humanity “Una Humanidad, Un Planeta: Liderazgo Sinodal”, un programa internacional orientado a fortalecer liderazgos jóvenes con capacidad de intervenir en procesos sociales, políticos y ambientales desde una perspectiva de diálogo, escucha y construcción colectiva.
Esta iniciativa internacional promovida por New Humanity ONG, organización con representación ante la ONU, junto al Movimiento Político por la Unidad, busca fortalecer la participación de jóvenes líderes socio-políticos en procesos de incidencia política a nivel global, a través de un trayecto formativo de dos años. “Se trata de consolidar una red global de líderes capaces de incidir en sus territorios, tender puentes entre sectores y promover transformaciones estructurales orientadas a sociedades más justas y sostenibles”, explica.
Florencia resultó elegida como representante argentina junto a otros 100 jóvenes de todos los continentes. El proceso de selección fue riguroso: tuvo que enviar antecedentes académicos, trayectoria profesional y compromiso comunitario. En su caso, confluyeron casi veinte años de trabajo en el ámbito público, su experiencia en organizaciones sociales y una mirada centrada en el desarrollo humano. “Sentí que no estaba enviando solo un currículum, sino una síntesis de mi camino”, expresó. “También fue presentar mi historia personal de haber crecido en contextos de vulnerabilidad y haber transformado esa experiencia en vocación. Creo que la coherencia entre lo vivido y lo que uno propone también fue parte de lo que se valoró. Llegué representando un territorio, pero también una forma de trabajo: con arraigo, con escucha y con vocación de transformación estructural».
Todavía movilizada por la experiencia de haberse encontrado con el Papa León XIV y compartir varias jornadas de diálogo y trabajo colaborativo junto a jóvenes de todo el mundo, Florencia reflexionó sobre lo vivido:
¿Cuál fue tu motivación para participar? ¿Cuál creés que es tu aporte?
Mi motivación surgió de haber comprendido que las oportunidades no deberían depender del lugar donde uno nace. Uno no elige dónde nacer. Crecí en contextos de vulnerabilidad, con ausencias y limitaciones. Convertir esa experiencia en agencia fue mi decisión. Entendí que fortalecer capacidades propias y colectivas era el camino para que la vulnerabilidad no fuera destino.
Creo profundamente en el Desarrollo Humano como enfoque: habilitar a las personas para que puedan vivir la vida que valoran. Y, desde ahí, en cada intervención aporto una mirada integral. He trabajado dentro del Estado y también desde la sociedad civil, como fundadora y voluntaria de “Nada es Imposible”, una organización que hace más de trece años acompaña procesos comunitarios y fortalece el tejido social. Y desde el ámbito privado, con ITERAR Consultora Social, impulsando sostenibilidad, planificación estratégica y construcción de ecosistemas de impacto.
Mi aporte es tender puentes entre esos mundos y promover gobernanza con sentido.
¿Qué te llevaste de esta experiencia? ¿Cómo llegaste y cómo volviste?
Llegué con convicciones firmes y con preguntas. América Latina enfrenta desigualdades estructurales y fragilidad institucional; sabemos que no alcanza con buenas intenciones.
Volví con una certeza más profunda: nadie transforma solo. Generar vínculos con jóvenes de África, Asia o Medio Oriente y escuchar en primera persona cómo viven las crisis me confirmó que, aunque globales, las respuestas deben construirse desde el territorio y la corresponsabilidad.
También volví más convencida de que el cuidado —de las personas, de las instituciones y del ambiente— no es una categoría secundaria, sino una dimensión política central. El liderazgo es escucha, articulación y construcción colectiva.
¿Con qué soñás? ¿De qué forma te gustaría transformar el mundo?
Sueño con instituciones más humanas y justas. Con una política que no administre desigualdades, sino que las reduzca. Con liderazgos que comprendan que el poder no es un privilegio, sino una vocación de servicio.
Me gustaría seguir transformando el mundo desde lo cercano: fortaleciendo territorios, construyendo puentes entre sectores, diseñando políticas públicas que amplíen capacidades y garanticen derechos. Creo en procesos sostenidos, en coherencia y en trabajo colectivo.
Mi sueño es contribuir a una verdadera transformación donde cada persona pueda vivir la vida que valora, sin que su origen determine su horizonte.