Rasgos femeninos de liderazgo político


Por: Gabriela Baquerizo

La desigualdad de condiciones entre hombres y mujeres en el espacio público y la arena política aún existe. Menos del 7% de líderes mundiales son mujeres (Vanguardia, 2020). Sin embargo, en los últimos meses se ha hecho público el liderazgo y el resultado satisfactorio de la gestión de varias mujeres frente a la crisis sanitaria (provocada por la pandemia Covid-19) en países como Nueva Zelanda, Taiwán, Alemania, Islandia y Finlandia.

Posiblemente, esto es producto de ciertos rasgos que caracterizan a las mujeres. Como sostiene Kaufman (1996), ellas son mejores que los varones en la dirección de personas, tienen mayor habilidad para enseñar, conducir y mediar en situaciones de conflicto. Asimismo, estudios de opinión pública en contexto electoral sostienen que son “más cooperativas e inclusivas, consensuales en general, accesibles, e incluso aparentemente más sensibles a las necesidades y demandas del electorado” frente a los candidatos varones (Fernández Poncela, Rasgos femeninos de liderazgo político 2011, p. 33). Algunos estudios también las reconocen como líderes políticas más honradas y menos corruptas que los hombres (e.g. Buvinic y Roza, 2004; Fernández, 2016; Ulloa, 2005).

En este sentido podríamos aplicar al liderazgo político femenino la descripción sobre liderazgo que hace Castells (2009), quien lo define como funcionamiento reticular, también catalogado como sociedad-red, un proceso fundamentado en el ser -y en el caso femenino se podría agregar- que se preocupa y se orienta hacia el otro, a la igualdad por encima de la competencia. Un liderazgo colaborativo que busca generar empatía con el otro (Helgesen, 1993; Roserner, 1990). Mujeres políticas que se caracterizan por ser artífices y generadoras de diálogo entre los diversos estamentos de poder. Democráticas, participativas e inclusivas, que procuran la participación de los públicos implicados en la toma de decisiones.

En el último lustro, he abordado este tema a través de la observación de la representación femenina en los medios, así como el acercamiento mediante entrevistas personales a candidatas políticas y a algunas legisladoras electas; incluso he observado su comportamiento en la red social de Twitter para conocer cómo ejercen su liderazgo y cómo construyen su imagen (Baquerizo, 2018; Baquerizo y Umpiérrez, 2019; Luzuriaga y Baquerizo, 2019; Baquerizo, Luzuriaga y Rovayo, 2020). Y, como resultado de estos estudios, un elemento particular que he identificado en estas mujeres es su humanidad, el procurar ponerse en los “zapatos del otro”, la sensibilidad que tienen por ayudar a los demás. Su preocupación por minimizar la polarización, el conflicto y buscar espacios de comunicación y cooperación entre las partes.

Ciertamente, cuando las mujeres se proponen realizar cosas grandes, como ya lo hemos visto en la gestión gubernamental de algunas mandatarias durante de la crisis mundial que hemos vivido, el impacto que tienen es muy potente, son capaces de “romper techos”, de innovar, de transformar el mundo con esa característica muy propia del genio femenino.

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