La Corte hizo lo que debía

El gobierno nacional no pudo argumentar cómo la medida que adoptaba era capaz de conseguir el fin que procuraba de una manera proporcionada.

 

 

*Por Ignacio Boulin, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral


La Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró que el gobierno nacional invadió la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires al suspender las clases presenciales en el AMBA. La sentencia tiene varias facetas interesantes sobre federalismo o emergencia, entre otras, pero hay una que llama la atención. Para la Corte, el problema central es la falta de explicaciones suficientes.

El gobierno nacional no pudo argumentar cómo la medida que adoptaba era capaz de conseguir el fin que procuraba de una manera proporcionada.

El DNU que suspendió las clases presenciales ofrecía en sus considerandos distintas razones. Por un lado, mostraba la urgencia -y para eso narraba el crecimiento de los contagios, la incidencia en grupos de personas de 13 a 29 años, el crecimiento del uso del transporte público.

Por el otro, alegaba que la medida era temporaria: serían solo dos semanas. A la vez, intentaba mostrar que lo que se estaba haciendo no era algo excepcional ni tan distinto a lo ocurrido en otras partes del mundo. Chile, Uruguay, México, Francia, Italia y Portugal adoptaron medidas similares. La motivación del DNU no era ingenua. Elegía ciertos datos para justificar la decisión, pero lo que omitió fue quizás más relevante que lo que reveló. Habían preguntas legítimas que, para la Corte, no fueron contestadas.

En primer lugar, el DNU que suspendió las clases intentó mostrar los beneficios de la medida, pero no detalló sus posibles daños. Diversos estudios muestran que durante 2020 la virtualidad produjo impactos de gran magnitud en millones de estudiantes de jardín de infantes, primaria y secundaria. A pesar de esto, el decreto no se refirió a esos costos.

En segundo lugar, la motivación del DNU no transparentó las opciones disponibles. Una justificación exhaustiva hubiera comparado la decisión con otras alternativas. ¿Por qué 2 semanas y no 3, o 1?

¿Por qué no dividir en dos el área metropolitana? ¿Por qué no dividir por barrios? ¿Por qué no hacer clases al aire libre? ¿Por qué no mantener la presencialidad en la educación primaria y suspender la secundaria? ¿Es parecido lo que ocurrió el año pasado en los países que menciona con lo que pasó en Argentina?

No hay obligación de explicar todas las opciones, pero se supone que el Poder Ejecutivo nacional tenía en carpeta distintos planes y los descartó porque la decisión finalmente adoptada era la mejor dentro de las posibles. Sin embargo, este proceso decisorio, estas opciones, no fueron expuestas en profundidad.

El análisis de alternativas y de costo-beneficio es parte del procedimiento normal de toma de decisiones en muchas administraciones modernas, pero no es algo usual en nuestro país.

Quien fue electo democráticamente goza de cierta deferencia. Pero en momentos de incertidumbre debe profundizarse en los motivos para que las decisiones sean realmente efectivas. Convencer a través de la razón, utilizando estas herramientas de buena administración, permite construir puentes sobre la grieta.

La Corte Suprema hizo lo que debía. La simple invocación de la salud o de la emergencia no es justificativo suficiente para validar la restricción intensa del derecho a la educación. La Corte exigió, en cambio, explicaciones acabadas. Una nueva restricción de este tipo debería mostrar con claridad los datos antecedentes, las ventajas que se esperan obtener en forma mensurable, sus beneficiarios directos y los plausibles costos generales e individuales.

La pandemia es un problema que no tiene una solución única, simple o definitiva. Toda medida que se adopte será insuficiente y dejará insatisfechos. Para reducir el número de disconformes, la argumentación de las medidas –su motivación– es fundamental. Buenas explicaciones convencen.

Ignacio Boulin es abogado (Universidad de Mendoza), Master en Derecho Administrativo (Universidad Austral), LL.M. (Universidad de Harvard). Profesor de la Universidad Nacional de Cuyo y de la Universidad Austral.

 

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