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Hay tres “P” que constituyen nuestro norte, la búsqueda de esta casa de estudios que se propone y se enorgullece de procurar, también, ser una familia. Brindar una educación personalizada que a la vez sea un encuentro:

personal (brindada desde una persona, el maestro, hacia otra persona, el alumno, ambos iguales en dignidad y trabajando desde la integralidad de su ser, de sus luchas y sueños, de sus compromisos de vida y valores),
personalista (educación que se basa en una antropología de la persona que considera a cada ser humano trascendente, único, irrepetible, lleno de dones y de posibilidades)
y personalizante (ser cada vez, más personas y menos engranajes; cada vez, mejores seres humanos).

Estamos convencidos de que nuestra primera misión es lograr egresados-buenas personas. Porque quien es buena persona será, por ende y si la Universidad lo preparó responsablemente, un buen profesional, una buena profesional. Pero si no nos interesa el ser más esencial de nuestros alumnos y alumnas, si no nos importa cuánto luchen por ser buenas personas o no los ayudamos a lograrlo, entonces… no podremos esperar que sean “buenos” profesionales. Tal vez, podrán ser los mejores en su técnica, en sus conocimientos acumulados, en su habilidad de gestión. Pero no serán “buenos”. Y nosotros los queremos buenos, buenas.
Hay un trecho, claro. Decir esto y hacerlo son dos cosas distintas, lo sabemos. Lo sabe nuestro Rector, Fernando Fragueiro, quien al despedir el año y cerrar un ciclo de trabajo, leyó para todo el personal y sus familias reunidos en el campus de Pilar una carta. No era suya sino que iba dirigida a él. ¿Por qué la leyó? “Porque esto es lo que somos –dijo al finalizar-. Esto es la Universidad Austral”.
Creemos que vale la pena compartir esa carta-definición. Hemos cambiado el nombre de la mamá que firma, del papá y del querido protagonista de 14 años, por respeto a su privacidad. Pero hemos dejado, porque nos llena de orgullo, el nombre de las demás personas que allí aparecen. Acá va:

“Estimados Rector de la Universidad Austral, Decano de la Facultad de Ciencias Biomédicas y Gerente Comercial de Admisiones de Grado:
“Me dirijo a ustedes con el respeto que se merecen para hacerles llegar una gran felicitación de mi parte por el gran grupo humano que trabaja día a día en su prestigiosa Universidad y muy especialmente por la Lic. Magalí Porto, Asesora de la carrera de Medicina.
“Mi nombre es María, mamá de Juan. Si tienen unos minutos, me gustaría contarles cómo fue nuestra experiencia en la visita que realizamos al hospital Austral el jueves 10 de agosto.
Mi hijo Juan tiene 15 años y su gran sueño es ingresar a vuestra Universidad. Somos originarios de un pueblito de la provincia de Jujuy, de 500 habitantes llamado Uquía. Pero ahora vivimos en San Salvador de Jujuy.

Como se imaginarán, nunca imaginamos estar caminando por un Campus tan hermoso como el vuestro, y mucho menos imaginar que algún día Juan pudiera estudiar con ustedes, ya que a mi hijo lo diagnosticaron con apenas dos años con Atrofia Muscular Espinal. Imagen hemos vivido más de 10 años en Hospital en Hospital, razón por la cual, la vocación de Juan por la Medicina iba creciendo de acuerdo a sus estadías hospitalarias.
Aprovechando que estábamos en Buenos Aires por una consulta con su especialista, decidimos con su padre, en llevarlo a la Universidad Austral para que pudiera visitar el Hospital y acercarlo a la universidad.
Nunca imaginamos lo hermoso que era el predio.
Nunca imaginamos el cariño y amabilidad con la que nos trataron allí.
Para empezar, le caímos a la Licenciada a las cuatro de la tarde. Y ella muy amable trató de igual a igual a Pedro. Le abrió las puertas de su oficina de par en par para que su silla de ruedas pudiera ingresar. A cada uno nos dio un abrazo afectuoso. Ya nos sentimos en casa. Incluso nos ofreció café y agua.
Luego de media hora de hablar de la carrera y del perfil del médico Austral, la Licenciada a esa altura nos había enamorado a los tres. Nos contó lo importante que es humanizar la labor del médico, de la familia que es el Hospital Austral (esto pronto lo vimos cuando luego fuimos recorriendo las instalaciones), de la importancia de llamar al paciente por su nombre… Y después, la magia… La visita guiada más linda que jamás hayamos hecho. Imagínense, mi marido es obrero y yo docente en una escuela rural… Estábamos encantados y maravillados con todo lo que íbamos viendo. La sala de Anatomía, la Biblioteca con su hermosa vista, la sala de Microscopía.
Y la Licenciada iba de a poco contándonos todo mientras tomaba con su mano la mano de mi Juancito. Con una humanidad… Y pudimos darnos cuenta que los doctores que nos iban cruzando en la recorrida eran iguales de humanos que ella. Todos se paraban a saludar amablemente con una sonrisa. Y la Lic. nos presentaba como si fuéramos importantes. Fuimos importantes en un mundo muy lejano al nuestro.
Nosotros estábamos muy preocupados porque pensamos que iba a ser muy difícil pagar esta educación de primera, que seguramente vale lo que sale, y allí, de nuevo, otra esperanza: sus planes de beca.
Salimos del Hospital a las cinco y media de la tarde con el alma llena.
Volvimos a Jujuy y el sábado 9 de diciembre Juan falleció.
Quise contarles esto, y les pido mil disculpas si los aburrí y no supe explicarme (sepan entender mis nervios, porque estamos destrozados, pero al mismo tiempo orgulloso de nuestro hijo que nunca bajó los brazos), porque al lado de su cama de hospital, él quiso poner una foto de nosotros en el Hospital Austral. Y siempre quedamos en agradecer su recibimiento totalmente desinteresado y nunca lo hicimos.
Mi hijo se fue feliz porque pudo soñar, aunque sea una hora y media, que era posible estudiar allí y transformarse en un médico Austral.
Por favor, con esta carta quiero reconocer la humanidad de la universidad Austral, por medio de la persona de la Lic. Porto (que insistía una y otra vez que la llamáramos Maga).
Un saludo muy afectuoso a la distancia.
Hacen un gran trabajo transformando sueños en realidad con tan solo una sonrisa de bienvenida.
María.”

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La Universidad Austral está entre las principales universidades del mundo con menos de 50 años y entre las más prestigiosas de América Latina, según QS World University Rankings.