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DSC_1039-200x300Por: Sebastián Blasco

Luego del empate en cero de la selección argentina de fútbol ante Perú, dediqué varias horas de la noche a repasar las repercusiones mediáticas del encuentro. Sorpresivamente, no hallé en ninguna de las programaciones el análisis futbolístico que buscaba para comprender algunas nociones de juego. Por el contrario, me encontré con una lista de acusaciones, críticas infundadas, descargos impulsivos y discursos sin razonamiento ni compasión, que luego se extendieron por las redes sociales y se instalaron como creencias populares.
Las burlas por la grave lesión de un jugador, Fernando Gago, las pujas por la elección del lugar del encuentro, y la subestimación a los rivales han sido sólo algunos de los condimentos que han distorsionado el foco de trabajo. Una vez más, el lugar del juego ha sido desplazado a un segundo plano.
Permanentemente, estamos atribuyendo nuestras frustraciones en el afuera, buscando excusas para no hacernos cargo de las situaciones. Tal vez sea momento de tomar conciencia de que esta incertidumbre frente a la clasificación al mundial no es meramente el resultado del azar, del mal funcionamiento del equipo, ni de malos desempeños individuales, sino de la falta de un lineamiento deportivo que nos convoque como sociedad.
Desde hace un tiempo se viene instalando el discurso de que estos jugadores son unos perdedores, quienes nunca han ganado nada. Que deben irse todos y renovar el plantel. Este hecho nos presenta algunas reflexiones. En primer lugar, resaltar el paradigma social donde ganar se ha convertido en el fin primero de nuestra existencia, el gran anhelo al cual todos aspiramos. Ganar no está mal, por el contrario, todos queremos ganar. Representa el espacio donde uno puede confirmar el desempeño en el propio accionar. El problema es cuando se busca de manera directa y a cualquier costo.
Ganar no debe ser una meta sino una consecuencia. Aquí radica a mí entender la principal dificultad de nuestra selección. Paradójicamente, buscando la meta directa, que es ganar, hoy día estamos con pocas chances de inclusive cumplir con el objetivo. Cuando nuestros ojos están puestos en el último escalón, los pasos anteriores se vuelven más difíciles.
Esto mismo se refleja en nuestra sociedad. Cuando estás seguro de lo que sos, de tu propio valor personal, sin estar híper intencionado en la búsqueda desenfrenada de la victoria, también podés aceptar que el otro puede ser mejor que vos. Muchas veces necesitamos revalidar el triunfo argentino para sentirnos importantes; “dime de qué alardeas y te diré de qué careces”. Reconocer que ser argentino tiene otras cosas buenas, valorarnos por lo que somos y no porque “somos ganadores”. Crecer, madurar como sociedad. Es aquí donde todos nosotros, incluidos los medios de comunicación, tenemos la responsabilidad de transmitir otro tipo de mensajes, para colaborar con una nueva sociedad. Como nos dice el entrenador de vóley Julio Velazco: “Muchos deportistas saben que no van a ganar, pero se preparan como si fueran a ganar, porque en última instancia compiten contra ellos mismos”. Muchos atletas son conscientes de que no van a obtener el triunfo, sin embargo, se sienten ganadores al bajar un segundo su propia marca, al tirar un metro más lejos o al saltar más alto. Ganar no es solamente salir campeón, es superarse, mejorarse día a día.
Ahora bien, ¿qué pasa si clasificamos? ¿Y si por una de esas casualidades salimos campeones en el próximo mundial? La alegría y la euforia durarán lo suficiente para llenarnos la boca de elogios, pero ¿detrás de eso hay algo? ¿Acaso todo lo dicho anteriormente pierde vigencia?
“Jugadores perdedores”. ¿No será al revés? ¿No habrán sido estos jugadores la excepción a la regla? ¡Claro! Tal vez las tres finales conseguidas hayan sido el oasis en el desierto. ¿Alguna vez nos preguntamos qué sería de ellos como equipo con un proyecto por detrás? ¿No será esa la razón por la cual en sus clubes tienen un rendimiento superlativo? Es momento de que todos juntos pensemos hacia dónde queremos ir y en cuál es la forma adecuada para llegar allí.

Autor: Psicólogo deportivo, profesor de Psicología de la Facultad de Ciencias Biomédicas.

Fuente:  Infobae

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