Graduada en COMUNICACIÓN Social por la Universidad Austral y escritora. Máster en Creative Writing, publicó dos libros en inglés que combinan fantasía y aventura. En esta entrevista, la historia detrás de las historias.

 

De la tranquera nació un camino. Del camino, un poblado. Del poblado, un protagonista. Del protagonista, una historia. Y de la historia, un libro.

¿Cómo se construye un libro? Muchos imaginan que aparece en la cultura por arte de magia, por una magia creativa que arrebata al autor y le hace crear un mundo imaginario hecho de palabras.

Vero muestra lo contrario. Detrás de cada pieza salida de su mente, hay un trabajo “matemático” de muchos años. Así lo expresan sus simples- pero no por eso menos profundas- palabras.

¿Se puede conocer a alguien a través de las letras hechas de bits y de algunos retratos? No del todo, pero sí bastante. Mirada profunda, sonrisa tímida y un delicado volcán en ebullición se reflejan en cada foto, en cada libro, en cada word de Verónica, familiarmente Vee.

 

Sin conocerte, quiero confirmar un prejuicio. ¿Podríamos decir que los dos libros que publicaste, The Book of Four Journeys y The Word-Keeper, te retratan? ¿Apasionada de los viajes aventureros y de las palabras? 

Retratan una parte de mí. Los temas que exploré en ambos libros –la importancia del lenguaje en The Word-Keeper y el viaje como transformación en The Book of Four Journeys–  son temas que siempre me interesaron, y por los que siempre tuve particular atracción. El género en el que yo escribo (el de middle-grade fantasy) te fuerza a analizar temáticas complejas de una manera simple. Ese es el estilo narrativo que me gusta.

Mi definición preferida de escritura es la que proponen E. B. White y William Strunk en el libro The Elements of Style: “Vigorous writing is concise. A sentence should contain no unnecessary words, a paragraph no unnecessary sentences, for the same reason that a drawing should have no unnecessary lines and a machine no unnecessary parts. This requires not that the writer make all his sentences short, or that he avoid all detail and treat his subjects only in outline, but that every word tell.”

 

Naciste en Buenos Aires, ¿cierto? ¿Qué te llevó a Londres? 

Sí, nací en Buenos Aires. Nos fuimos cuando a mi marido, Ale, lo aceptaron para estudiar su máster en Londres. Luego nos quedamos trabajando, y yo decidí hacer mi MA en Creative Writing también allá. Vivimos en Inglaterra muchos años, nuestra hija nació ahí, y fue el lugar donde hice casi toda mi carrera profesional. Es un país que amo y que es muy especial para mí.

 

En la biografía de tu blog anunciás que no pensabas ser escritora, pero que lo sos. ¿Qué pasó en el medio?

Siempre trabajé con el lenguaje pero nunca había considerado ser escritora de ficción. Cuando vivíamos en Londres me crucé con un curso de creative writing en Central Saint Martins. Ahí tuve de mentora a la escritora australiana Elisa Valmorbida y fue entonces que descubrí que escribir ficción era algo que quería hacer.

 

-¿Te costó mucho escribir en un idioma que no es tu lengua nativa? 

No, al contrario. Es un proceso más meticuloso, casi matemático. Te fuerza a escribir con más economía y más claridad. Y como mencioné al principio, ese es el estilo literario que más me gusta (o el que siento más natural).

Creo también que escribir en inglés me permite poner más distancia narrativa entre la historia y yo ­–como autora–. Eso hace que los personajes y la historia sean los únicos protagonistas. El autor sale del medio y es la historia lo que importa. Los críticos literarios Andrew Bennet y Nicholas Royle dicen: “Stories always have something to tell us about stories themselves: they always involve self-reflexive and metafictional dimensions.”

 

-Algunas curiosidades sobre tu trabajo… ¿Lo hacés compatible con otros? ¿Cuántas veces leés tus obras y les hacés retoques? ¿Qué tan difícil es conseguir alianzas con editoriales? ¿Cuánto tiempo te llevó escribir el último libro? ¿Sos de esperar la inspiración o salís a buscarla?

Voy una por una…

  • Hubo momentos en que solo escribí y momentos que tuve otros trabajos además de escribir. Fui profesora de creative writing, fui editora y escritora en distintos medios en Inglaterra y Argentina.
  • Re-escribo y edito mis obras las veces que sea necesario hasta que ese trabajo llegue a mis estándares narrativos y estéticos. En otras palabras: muchas, muchas veces. El trabajo de re-escritura y edición es casi tan arduo como el de escribir el primer draft de un libro. Y luego, una vez que lo escribí y re-escribí siete, ocho o diez veces, empiezo el trabajo con mi editora. Eso implica varias vueltas más de re-escritura y edición.
  • No es un camino fácil. Tuve muchos “no” antes de recibir un “sí”. Por suerte encontré un equipo que cuida mi trabajo y con quien me siento acompañada. Todos tienen mucha experiencia y mucho talento, aprendo constantemente de ellos.
  • Es difícil decir por qué lo empecé, lo dejé a un costado para escribir The Word-Keeper (que publiqué primero) y luego lo retomé y terminé de escribir… Diría que un par de años desde la primera oración hasta tener la primera copia impresa.
  • Creo que cada escritor tiene su método de trabajo. En mi caso, escribir implica mucha disciplina. Así que necesito salir a buscar la inspiración. Todos los días. Eso no significa que todos los días escribo las mejores ideas. Hay días menos creativos (o cero creativos). Pero en esos días igual me siento en mi escritorio y trato de pensar en los personajes, la historia, las preguntas que todavía no resolví. Leo. Leo a los autores que sé que resuelven esos problemas de una manera que me gusta: Katherine Rundell, Diana Wynne Jones, Susanna Clarke, Jeff VanderMeer, Phillip Pullman.

En cuanto a tu relación con los personajes… ¿Podés encontrar en cada uno rasgos de personas que conocés? En el libro The Book of Four Journeys son cinco los héroes y heroínas. ¿Qué dirías que te ayudó a definir la personalidad de cada uno?

Ciertas características de algunos personajes fueron inspiradas en personas que conozco. Ciertas características son rasgos de personalidad que me gustaría tener pero que no tengo (el personaje principal de The Word-Keeper, Florence Ibbot, es el ejemplo perfecto de eso).

Pero la mayoría de los personajes surgen en mi imaginación, y esa es, para mí, la magia de escribir en el género de fantasía: crear personajes que no existen en la vida real.

 

Hablando de world building, en tu último libro The Word Keeper, el escenario de los acontecimientos es un pueblo llamado InkWell. Incluso en tu blog aparece plasmado en un mapa hecho por una ilustradora. ¿Te inspiraste en algún lugar real para crearlo?

Una de las cosas más gratificantes de escribir middle-grade fantasy es el world building. Como dice el escritor China Mieville: “being able to think this stuff up”. Crear mundos imaginarios es uno de los ejercicios intelectuales y creativos que más disfruto.

Inkwell y toda esa tierra (the Farm Fields of Fleeting Feathers, the Pathway of Pedantic Plum Trees, the Great Grumbling Grasslands, the Riveting River Valley, the Wood of Whispering Weeping Willows) nació en mi imaginación.

Por supuesto que ciertos detalles están anclados en lo que uno conoce. Si lo tengo que poner en porcentajes, diría que 95% de Inkwell (y alrededores) es imaginación y 5% está inspirado en ciertos pueblos del Reino Unido como Castle Combe, Bibury, Guiting Power o Stow-on-the-Wold.

Me encanta la cartografía y, junto con Eleanor Hardiman, la ilustradora de ambos libros, trabajamos mucho para hacer todos los mapas.

 

¿Qué mirada, fundamentos o habilidades te dejó la carrera a la hora de dedicarte a las palabras? 

Más de lo que puedo transmitir en esta entrevista. La excelencia académica, el pensamiento crítico y la rigurosidad intelectual que me dio esta carrera me formó para que pueda lograr todo lo que logré.

 

¿Qué consejo le darías a alguien que se está insertando en el universo de la escritura? ¿Qué actitudes son esenciales para un buen escritor?

Leer mucho. Y siempre. Tenía un profesor en el máster (un escritor muy reconocido en Inglaterra) que en cada clase nos preguntaba qué estábamos leyendo. Si alguien respondía que no estaba leyendo nada, él decía, mirando serio a los ojos: “Always, and I mean always, carry a book with you (and read it).”

Y aunque la escritura es un trabajo muy solitario, es bueno tener un grupo de escritores con quien compartir tu trabajo. Escritores que uno respete y que puedan darte crítica dura y constructiva. Es la mejor manera de mejorar. No es fácil, pero es la mejor.