Por Verónica Toller*

Quince veces por día. Es el promedio de violaciones que sufre una niña o un niño sometido a trata para explotación sexual (incluyendo a bebés). “Ante las atrocidades, tenemos que tomar partido. El silencio estimula al verdugo”, afirmaba Eliézer Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración nazis. La trata es esclavitud, una de las atrocidades más grandes que sigue existiendo en nuestra sociedad, en todos los países, muy cerca de todos nosotros.

La pandemia acentuó la vulnerabilidad de millones de personas y aumentó el flujo de migrantes en Latinoamérica hacia EEUU, una puerta abierta para los tratantes, que operan mediante engaños, amparados en la corrupción y los intereses empresariales, gubernamentales y comerciales. La trata comercia personas; capta, quebranta y explota a hombres, mujeres, bebés, niñas, niños, adolescentes, discapacitados, LGTB, migrantes, indocumentados, estudiantes universitarios y secundarios, mamás solteras.

Esta esclavitud actual tiene muchas modalidades: explotación sexual, laboral, sicariato obligado, turismo sexual, mendicidad forzada, matrimonios forzados, producción de bebés para venta, mulas de droga, extracción de órganos, niños soldado, producción de pornografía infantil… Sí, muchas de estas formas se dan en Argentina, en todas las provincias.

Si bien la trata es un fenómeno subrepresentado estadísticamente (por las dificultades que suponen la investigación y la denuncia), existen cifras brindadas por organismos oficiales de investigación, organismos religiosos, periodismo especializado, ONGs, la OIM, la OIT, UNDOC y más.

Así, sabemos que hay unos 45 millones de personas esclavas hoy en el mundo (las cifras difieren según las fuentes); que reporta ganancias por más de 150 mil millones de dólares anuales en el mundo (igualando casi al narcotráfico); la captación de víctimas a través de redes sociales explotó en pandemia: en Perú, esta vía aparece en el 80% de los casos investigados; en Argentina, creció el grooming (por donde también se captan víctimas de trata) un 80%; en México, un 117%. Uno de cada 3 esclavos son niños y adolescentes (más de 10 millones en el mundo), y en Latinoamérica, casi 9 de cada 10 de esos menores son niñas destinadas a trata sexual, muchas vendidas por su propia familia.

Los migrantes son población en alto riesgo. En Argentina, los someten en talleres textiles clandestinos, venta callejera, prostitución forzada, explotación en campos o en supermercados. En México, durante la pandemia, aumentó 8 veces el número de niños migrantes viajando solos a través del país rumbo a EEUU: mercancía a mano de tratantes y traficantes.

Ciertamente, nuestro país hace esfuerzos importantes en investigación judicial, persecución del delito, leyes de atención y reparación integral de las víctimas. Pero también, hay lugares donde el Estado opera como proxeneta al habilitar zonas rojas, permitiendo la explotación de mujeres a cielo abierto.

En el caso actual de Mar del Plata y su zona roja por decreto, trabajaron en este tema, llamativamente, las áreas de Desarrollo Social y de Seguridad. Queda claro que no atendieron a que el 74% de las víctimas de trata rescatadas en el país y en Latam fueron sacadas de lugares donde se ejercía la prostitución. Ni desarrollo ni seguridad.

Este 23 de septiembre, Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, reafirmamos la lucha contra la trata. Un día que hace referencia a la sanción de la primera ley contra la trata que existió en el mundo: la Ley Palacios de 1913, en Argentina. Más de un siglo después, la esclavitud sigue.

Hay mucho por hacer. Hay mucho dolor. Hay mucha impunidad.

El compromiso llama a todos. Denunciemos situaciones sospechosas al número antitrata 145. Exijamos la existencia real de refugios para víctimas de trata, la aplicación efectiva de leyes de reparación, la implementación de protocolos de protección de niños en empresas turísticas, la derogación de ordenanzas que habiliten la prostitución. Impulsemos acciones de prevención.

Rescatemos la conciencia personal ante todo esto. No podemos ser cómplices. Optar por la ignorancia y el silencio es complicidad.

 

*Director Directora del Observatorio de la Vulnerabilidad, Facultad de Comunicación, Universidad Austral. Periodista especializada en trata de personas.

Fuente: clarin.com