La Escuela de Posgrados en Comunicación (EPC) organizó un almuerzo para agasajar a los alumnos de la cohorte 2014 – 2015 de las Maestrías en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones (MGCO) y de Gestión de Contenidos (MGC).

En el encuentro estuvieron, además, Ariel Neuman, Luciano Elizalde, Damián Fernández Pedemonte, Ethel Pis Diez, Marcela Pizarro, Ana Barcos, Cecilia Restelli, Paola Churba, Fernando Ruiz, Oscar Rodríguez Robledo, entre otros. Ana Teste, por su parte, ofreció unas palabras de agradecimiento a los alumnos que confiaron en la EPC y destacó el clima de amistad y cordialidad que se creó entre ellos.

Santiago Aragón, alumno de la MGCO, tomó la palabra en nombre del grupo con unas afectuosas palabras:

“En lo personal, la experiencia de la maestría fue la oportunidad de retomar un camino que tenía suspendido. Además pude demostrarme que estaba en condiciones de volver a transitar un régimen exigente en cuanto a formación y a desafíos.

Formado en la universidad pública, los prejuicios los empecé a vencer en el momento de inscribirme en la maestría y quedaron en la nada apenas comenzamos a cursar.

Por la vigencia de los contenidos de la MGCO, asomándome a los 40 temía que lo generacional fuera un condicionamiento. Que el vértigo de los egresados flamantes llevara por delante una voluntad más cadenciosa. Para mi sorpresa, estos 39 años estaban en el promedio de mis compañeros, en una línea que abarcaba gente 15 años más joven y 15 años mayor. Entre 20 y pico y 50 y tantos se armaba el grupo. Primer prejuicio vencido. El segundo, más complejo, era el ideológico. Suponía, por desarrollar mi actividad desde el modelo público, que me iba a encontrar con un paradigma distinto en la cohorte. De reivindicación de las posibilidades del mercado, lo privado y la gestión. Pero no, mis compañeros venían de los orígenes más diversos, en lo laboral, en lo ideológico, en su experiencia. Segundo prejuicio vencido.

Ahí entendí que el proceso de selección que la universidad realiza es central. Pero no para restringir, para ampliar. La versatilidad del grupo, sus matices, eran producto del nivel de apertura de la Austral. Todos fuimos en búsqueda de la misma propuesta educativa, pero por motivos bien diferentes. Y todos fuimos aceptados en nuestra diferencia. Así construimos una identidad colectiva mayor a la que traíamos. Crecimos.

Lo resumo con la idea de “condiciones”. La universidad las fue generando para que cada uno encarara la búsqueda de su mejor versión. Allanaron nuestros caminos. Desde lo académico, adaptando las propuestas a las particularidades de cada estudiante. Desde lo social, buscando los espacios de interacción que promovieran los vínculos. Desde lo afectivo, acompañando en cada instancia que se desarrolló a lo largo de la MGCO. Todas nuestras inquietudes fueron asistidas con el mismo nivel de seriedad y contención por parte del equipo de la universidad.

Respecto de la propuesta educativa, creo que en las características del cuerpo docente hay un dato central que, al menos en lo personal, me fue de tanta ayuda como la maestría en sí. Son perfiles totalmente distintos y por eso convergen en una propuesta que los supera y los mejora.  

Lo que desvela a Damián Fernández Pedemonte no es lo mismo que entusiasma a Luciano Elizalde. Lo que le quita el sueño a Fernando Ruiz no es lo que obsesiona a Marcela Pizarro. Los tópicos de interés de Ariel Neuman no son los de Ana Inés Teste. Cuando Marita Grillo levanta el tono y se entusiasma lo hace por cosas que no son iguales a las que motivan a Tito Ávalos. Cada uno eligió un camino particular y es especialista en eso. Quizás el sustrato o lo no dicho es lo más valioso de ese mensaje que recibimos: ser el mejor no es competir despiadadamente por lo mismo. Ser el mejor es hacer el esfuerzo de vencerse y saber que mañana se puede mejorar lo que se hizo hoy. Así con cada día.

Aprendí mucho. De mí, de los demás, de la educación, de la comunicación y lo que significa. Aprendí, en un momento de la vida en que uno sospecha que se le achican los recursos para hacerlo. Les quedo en deuda y agradecido. Son una Casa para mí y me llevo de la universidad mucho más de lo que fui a buscar.

La excelencia es un proceso, un camino, pero sobre todo una elección que ustedes han hecho y de la que nosotros nos beneficiamos. Conocerlos fue empezar de nuevo.”