Por María Verónica Torres Cerino, Jefa de Toxicología y Medio Ambiente del Hospital Universitario Austral, y profesora de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.

Vivimos en una época donde el consumo y los desbordes se observan a diferentes niveles. En Argentina, el consumo de alcohol, tabaco, marihuana, cocaína y otras sustancias se repite en todos los estratos sociales y alcanza a todas las edades.

Esto nos plantea un gran interrogante: ¿qué hacemos? ¿cómo logramos que la población no consuma? O en los casos de un alto nivel de adicción, ¿cómo reducimos el consumo? Y, aquí, es cuando se manifiestan distintas opiniones, estrategias, abordajes. Estos no se contraponen, pero sí es destacable que los abordajes no pueden ser iguales para todos, deben contemplarse por edad, por situación frente al consumo, entre otras cosas.

Lo importante es desligar el debate de cuestiones morales, y empezar a ver los consumos como una realidad frecuente para muchos individuos de la sociedad. Desde el sector de la salud, hacemos frente a muchos de los impactos de las sustancias al nivel de las personas. Es así como el consumo problemático de sustancias puede ser abordado en todas las instancias de la atención sanitaria, como en los servicios materno infantiles o los departamentos de emergencias, entre otros.

En todas las etapas de la vida del ser humano, las sustancias tienen un impacto y generan morbilidad. Es desde este lugar, desde el impacto en la salud, donde los agentes de salud debemos pensar los abordajes pertinentes para la población objetivo de nuestras campañas, que deben tender a ser preventivas y abogar por la reducción del consumo y el consumo cero, especialmente, para los más jóvenes, en quienes sabemos que las sustancias alteran su desarrollo integral.

Las estrategias de reducción de daño están dirigidas a poblaciones iniciadas en el uso de sustancias. Son utilizadas en poblaciones acotadas y con un fin específico. En estas poblaciones el objetivo es mejorar su salud, sabiendo que el cese de consumo es difícil de lograr. Todos los mensajes utilizados para hablar de esta temática, deben estar sustentados en la premisa de promocionar la salud y preservar a vida.

El consumo problemático de sustancias nos atraviesa como sociedad y, como sector de la salud, es necesario comenzar a instalar, cada vez más temprano, las temáticas de consumo de sustancias, no solo hablando de ellas, sino también tratando de fomentar hábitos saludables y de proyectos de vida que las eviten.

Y, aunque en algunos casos esto puede resultar tardío, es fundamental seguir orientando las estrategias hacia campañas de “Consumo cero”, especialmente en los más jóvenes. Los mensajes de reducción de daño o de consumo controlado, no solo habilitan el consumo y lo normalizan, sino que además no logran aportar a la visión de promocionar la salud.

Fuente: Clarín