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El trabajo como motor solidario

En octubre se realizó el noveno viaje a la puna Jujeña organizado por la Facultad de Ciencias Empresariales, sede Rosario. Ahora fue el turno de los varones que se ocuparon del “trabajo pesado”, especialmente focalizados en tareas relativas a la construcción.

Los chicos se alojaron en el paraje de “Suripujio” que cuenta con una escuela albergue para que vivan allí durante toda la semana. El viaje fue muy productivo y se llevaron a cabo distintos tipos de actividades.

El primer día, se descargaron de los camiones los donativos, procedentes de lo recolectado entre toda la Facultad y muchísima gente que sumó su esfuerzo acercando diferentes elementos. Se las seleccionaron en distintas cajas, ya que luego se repartirían a las escuelas de diferentes lugares como: Inticancha, Yavi, Yavi Chico, Cabrería, Cienaguillas y Suripujio.

Una vez finalizado el tema logístico los equipos de trabajo se organizaron de la siguiente manera:

Un primer equipo se encargó de ayudar a terminar de armar un molino y reparar otros dos que ya no funcionaban. Refaccionaron una cocina, colocándole chimeneas, una campana, y un lavabo. Además se levantó el adobe del piso, dado que las personas del lugar cocinaban sobre el mismo.

Un segundo grupo se encargó de pintar el albergue, arreglar y barnizar puertas. Y otro de los equipos se dedicó a arreglar el techo de un galpón, para lo cual fue necesario sacar el techo viejo, armar y amasar el adobe, colocar los tirantes y cambiar el plástico por uno nuevo.

El trabajo fue realmente arduo para los doce que concurrieron, sin embargo gratamente recompensado por el sincero agradecimiento de la gente. Algunos se “apunaron” por la altura de más de 4 mil metros que produce mareos y fuertes dolores de cabeza por el escaso oxígeno, además se sumó la sequedad del clima que dificulta la adaptación. Sin embargo con un tecito de coca, remedio infalible, reanudaban las tareas sin escatimar esfuerzos para sobreponerse.

El grupo, acompañado por el Padre Jorge Palma, capellán de la FCE, pudo disfrutar del cálido recibimiento de la gente, de la “comunidad indígena”, de sus bailes típicos y de mucho folkclore. Los lugareños sacaron a relucir sus instrumentos, sus atuendos típicos y sus bailes. Incluso, porque la ocasión lo merecía, desplegaron la bandera del carnaval, festejando con la misma intensidad que en esta fiesta, la visita del grupo de la Austral.

“Fue una experiencia única y muy productiva”, comentó Esteban, uno de los chicos que viajó; “y a la vez renovadora”, agrega uno de ellos. “Es bueno recordar que fuera de nuestro mundo lleno de preocupaciones y problemas hay gente que necesita una mano solidaria”, expresó Cristian, uno de los voluntarios de la FCE que ya viajó por segunda vez y afirma que volvería nuevamente el año que viene.

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