La incondicionalidad de los amores
familiares
El
6 de noviembre el Instituto de Ciencias para la Familia
cerró el ciclo de encuentros con la conferencia
“La incondicionalidad de los amores familiares”.
El profesor invitado fue Fernando Petroni, psicólogo
y miembro del Tribunal Interdiocesano Bonaerense.
“El amor tiene dos características que
son la exigencia y la incondicionalidad”, Petroni
consideró que debía comenzar su exposición
aclarando cuál era el tema de fondo que compartían
las conferencias de este ciclo.
Consideró necesario situar el momento cultural
del que todos participamos porque en cada momento histórico
estos problemas propios de la esencia del hombre cobran
diferentes particularidades. El Profesor dijo que estamos
en una etapa cultural crítica: “Percibimos
que nuestro convivir esta en crisis; esta cuestionándose.
Por eso, lo propio de las crisis es la incertidumbre,
son los momentos en los que se tensiona más la
dramatización del existir. Lo dramático
del existir es que su final es abierto y nosotros somos
los autores de su guión. Durante los períodos
de crisis el sujeto tiene la experiencia de que la situación
no puede seguir así, se intuye que la situación
va hacia una definición.”
Una vez que el Profesor Petroni ubicó el problema
en el tiempo comenzó a hablar de la relación
padre-hijo específicamente, dijo que se encuentra
tensada por ambos lados por el porvenir porque siempre
se da en el contexto de una expectativa. Es decir, el
padre mira a su hijo con una mirada de amor que ve en
el sujeto lo que está llamado a ser. Esta mirada
confirma al otro en su ser, es capaz de restaurar las
convicciones de la persona: “Cuando los padres
miran a sus hijos y les muestran aquello que esperan
de ellos puede resultarles muy esperanzador. Nuestra
mirada hace que el otro sea”, explicó Petroni.
De todas maneras, esta mirada de los padres se va rectificando
constantemente ya que por momentos los padres pueden
equivocarse y esperar de los hijos cosas que en verdad
no pueden lograr.
Sin embargo, el Profesor advierte que actualmente
hay una tendencia a la desmoralización en la
familia. El padre se siente como si fuera un testigo
muy cercano a su hijo pero no tiene la fuerza para educarlo.
Ello se debe principalmente a que cuando el sujeto alcanza
la medianía de edad comienza a experimentar sus
propios límites, límites que son irreversibles,
y la propia fragilidad es uno de ellos. “Cuando
uno ve peregrinar a un hijo, y no puede caminar en ese
peregrinar junto a él, uno deja de creer en sí
mismo”, expresó Petroni.
“¿Cuál es la polaridad del amor
que les resulta más espontánea, con la
que sienten más cómodos: la exigencia
o la incondicionalidad?”, preguntó el Profesor
y continuó: “El amor siempre es incondicional,
siempre es más fuerte a la respuesta fallida
del otro, el amor no retrocede”. Es decir, los
padres no aman a sus hijos sólo en la medida
en que estos últimos se adapten a lo que los
primeros esperan. Igualmente, la incondicionalidad no
deja de ser expectante, siempre espera porque el no
esperar es una forma de no amar.
Por último, el invitado habló de cómo
se relacionan las expectativas de los padres y el ámbito
de libertad individual de los hijos y dijo que hay lugar
para ambos, no tienen porqué chocar. Petroni
percibe que en los tiempos que corren hay una pérdida
de libertad por falta de adhesión y no por represión
o constricción. El no convocar al otro somete
a una falta de libertad. “La libertad no es ausencia
de obligatoriedad, nuestro drama de hoy no es la falta
de libertad, sino su sentido”, concluyó.
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