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Trabajo bien hecho: cuestión de disciplina personal

“Si respetas la importancia de tu trabajo, este, probablemente, te devolverá el favor” sentencia Mark Twain.
La cuestión que aflora es ¿por qué hay que recordarle al hombre que el trabajo es importante para él, que bien realizado produce un valor agregado que no tiene alcance?
Posiblemente se nubla el sentido por diversas razones. El caso es que la Universidad Austral está comprometida en recordarnos que el trabajo bien hecho es parte consitutiva de su ideario, al tiempo que es una actividad caracterísitca del hombre que lo hace ser mejor persona. En esta nota Australis desciende a detalles concretos y claros sobre la calidad aplicada a la tarea profesional.

Suelen decir que el trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento. Ahondando en esta reflexión, se consideran distintas motivaciones para que un hombre este contento con su trabajo, pero una es común y transversal a todas: esa actividad que la persona desarrolla la engrandece, engrandece a los demás que trabajan con él, y hace al mundo más humano.

Ese valor agregado que conlleva el trabajo se convierte, como dicen los teóricos, en un paradigma privilegiado del hombre. Sólo él es capaz de desarrollarlo, sólo el ser humano es idóneo para transmitirle durabilidad a su labor. Cabe preguntarse sobre qué y cómo es lo que cada uno aportamos diariamente al mundo con nuestras responsabilidades. Sobre todo cuando esos encargos repercuten y trascienden en las tareas de los demás.

La perpetuación de la obra que realiza cada uno es “prestar el servicio que se espera de mi trabajo de la mejor manera posible, de forma que los que se benefician con él queden completamente conformes, no sólo por la calidad de la tarea sino también por el afecto puesto” explica el Decano de la Facultad de Comunicación, Damián Fernández Pedemonte.

Cuando nos preguntamos acerca de cuál es la medida de la calidad de un trabajo bien hecho, el Dr. Pedemonte sostiene que se mide por el destinatario, es decir, si los que solicitaron el trabajo quedan contentos con él, si cubre sus expectativas y necesidades, si solucionó el problema. Lo ejemplifica muy bien con esta afirmación “Un profesor no enseña nada si los alumnos no aprenden algo”.

Damián Fernández Pedemonte

“Incluso el prestigio es algo que asignan los demás. Es prestigioso el profesional a quien sus colegas y sus clientes respetan y recomiendan, porque guardan el recuerdo de la calidad de su servicio” (Dr. Damián Fernández Pedemonte)

Por otro lado, la Licenciada Angela Corengia de la Oficina de Evaluación Institucional de esta Universidad, desvela con certeza algunas condiciones básicas a tener en cuenta para realizar mejor el trabajo cotidiano:

  • Hacer ese trabajo humanamente lo más perfecto posible.
  • Trabajar con orden e intensidad. En este sentido es imprescindible evitar -dentro de lo que nos es posible- interrupciones que dispersan como el mail, el chat, internet, etc. (a no ser que esos sean instrumentos del trabajo concreto que estamos realizando).
  • Poner todos los sentidos en lo que se hace agregando las facultades de la inteligencia y de la voluntad al servicio de ese trabajo.
  • Pensar antes de actuar. Saber por qué se hace algo, para qué y para quiénes.
  • Hacer y conocer qué debo hacer. Tener muy claro qué se espera que yo haga y cómo lo haga.
  • Reconocer (sobre todo frente a uno mismo) que algo no se hizo bien. Buscar con inteligencia las causas del error para intentar no volver a cometerlo.
  • Cumplir con el objetivo propuesto y satisfacer o superar las expectativas de quien lo recibe.
  • Planificar y evitar las precipitaciones. Saber priorizar.
  • Cuidar detalles: humanos (en el trato) y técnicos (cómo lo presento)
  • Poder trabajar en equipo, sumar, valorar las opiniones distintas a la propia.
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