“No sólo
conocer otra realidad, también dar”
Mercedes
Lavallol, Licenciada en Enfermería por la Universidad
Austral es una de las casi 40 asistentes al campamento
de promoción Social en la isla “El Crerrito”,
provincia del Chaco del 24 al 31 de enero. Algunas pinceladas
de un viaje que forja “expertos en humanidad”.
¿Por qué elegiste asistir a esta
actividad?
Elijo esta opción para mis vacaciones porque
me ayuda a poner más los pies sobre la tierra
después de veranear en lugares que quizá
son más ruidosos... En Chaco no sólo voy
a encontrarme con otra realidad -en el sentido económico,
social e intelectual- sino también a dar algo
de lo que puedo, de lo que sé y de lo que tengo.
También, porque me ayuda a fortalecerme espiritualmente.
Son días para reflexionar y meditar, porque se
ven muchas cosas, y se tienen experiencias muy fuertes
no sólo con la gente del lugar sino con las mismas
compañeras del campamento. Eso me ayuda a mirarme
para adentro y sacar algún propósito aplicable
durante el año.
¿Qué actividad desarrollaste
vos en Chaco?
Me
encargué de organizar las charlas para madres.
Gracias a mi carrera (Enfermería) pude especificar
más los temas, y decidimos dar una charla diaria,
pero a grupos reducidos nunca llegaban a ser más
de 20 mujeres. La replicábamos hasta 6 o 7 veces
por día. Los temas que se trataron fueron: Embarazo
y lactancia, higiene bucal, nutrición e higiene
y primeros auxilios. Para esto utilicé casi un
90% de los apuntes de la facultad, de la biblioteca
y de la experiencia práctica que tengo por mi
carrera. Además me doy cuenta de la formación
humana que recibí en la facultad, que si bien
no fue lo que "estudié" para prepararme,
fue en definitiva lo que más aprendí,
porque me sirvo de eso para ayudar a la gente.
¿Cómo fue la relación
con las otras chicas de la actividad?
Éramos casi 40, y todas iban con la misma intención
de trabajar, ayudar y llevarse ALGO de la promoción
social. Creo que ese buscar llenarse con algo, más
que el ir a dar lo que tenemos, es lo que ayuda a que
todas estemos abiertas a recibir lo que me pueda brindar
la que tengo al lado. Y así, la convivencia se
hace fácil, llevadera y muy divertida también.
¿Qué necesidades encontraste
en el lugar?
La necesidad más grande que yo detecté
es la falta de educación, es decir, la ignorancia.
Y tienen temor de preguntar por miedo a ser rechazados.
Cada vez que voy vuelvo con la conclusión de
que la ignorancia es el peor mal que puede sufrir una
persona. Y por eso es que están tan abiertos
a todo lo que podamos enseñarles; y lo agradecen
y valoran más que nosotras. Tenemos proyectos
a largo plazo, que espero podamos concretarlos cuanto
antes. Lo bueno de volver al mismo lugar cada año
sirve para detectar más necesidades, mantener
la continuidad en el trabajo, y cumplir más y
mejor con los objetivos.
¿Alguna anécdota personal que
quieras contar?
El día que dimos la charla de higiene bucal,
una mamá de entre 40 y 50 años se me sentó
al lado en una sillita. Ni bien dijimos el tema del
cuál íbamos a hablar, me mostró
que ella no tenía dientes y me dijo - tratando
de modular con dificultad las palabras- que aunque no
tuviera dentadura, iba a escucharnos. La mujer estuvo
los 30 minutos que duró la actividad, sentada
al lado nuestro, bien cerca, mirando los afiches que
habíamos preparado y prestando atención
a todo lo que decíamos. Al terminar hicimos algunas
preguntas para ver si habían quedado claros los
conceptos y esta señora contestó bien
todas las preguntas que hicimos. Después de que
todas las señoras se retiraron, esta mujer se
quedó a un costado para decirme:
-"Muchas gracias por todo lo que nos enseñaron
hoy. Porque antes yo no sabía nada de eso;
pero ahora sé, y puedo ir y enseñarle
a mis hijos".
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