El Dr. José
Luis Gómez López Egea cuenta los inicios
de la Escuela de Negocios
Fuente: Conexión IAE

“…En los comienzos teníamos
una casa muy pequeñita, con 600 m2 cubiertos.
La habíamos comprado pero no pagado. Para la
compra pedimos un crédito a 10 años…”
De esta forma describe el profesor José Luis
Gómez López Egea a la primera “casa”
del IAE ubicada en Agüero 2373. Trece años
después, en 1991, sería el único
activo justificado por ACES para el comienzo de la Universidad
Austral.
Pero esta realidad de un IAE en marcha, lograda a finales
de 1978, venía de algunos años atrás,
aunque finalmente fue el resultado de la realización
del Primer Programa de Alta Dirección en Buenos
Aires, con la invalorable ayuda del IESE de Barcelona.
Los invitamos a recorrer estos orígenes.

La idea de una Escuela de Negocios en Argentina
“La idea estaba latente desde hacía 10
años. Yo era una especie de “corresponsal”
del IESE en Argentina. Tenía el encargo de hacer
los tests y las entrevistas para la gente que quería
hacer el Máster en el IESE de Barcelona. Tenía
muchas ganas de hacer aquí algo similar, pero
no sabía ni qué ni cómo.”
El IESE arriba a Buenos Aires
“En noviembre de 1977 fue el IESE el que nos
propuso hacer un programa en Buenos Aires. Dos directivos
del IESE estaban dispuestos a colaborar con nosotros
para hacer un programa de Alta Dirección. Aprovechamos
ese entusiasmo que tenía el IESE de venir acá
para resucitar un poco la idea. Ellos pondrían
los Profesores, el resto quedaría en nuestras
manos.”
La primera reunión de organización
“Los directivos del IESE decidieron que había
que cobrar 5000 dólares por el curso, que terminó
costando 5500 por los almuerzos y otros gastos. El precio
estaba, pero no había nada más. Se realizó
una primera reunión de promoción a la
que concurrieron 20 interesados. La reunión informativa
se organizó en uno de los departamentos que ocupaban
los Escalante en la avenida Alvear, actual Palacio Duhau,
donde finalmente se dictó el Programa.”
Viaje al IESE
“Pasaban los días, el verano y nada.
Me empecé a poner nervioso. En marzo del 78 viajé
al IESE y logré retornar con todo el plan del
que se habló someramente en noviembre. Traté
que cada Profesor viniera una sola vez, estuviera 15
o 20 días y se volviese, así conseguí
achicar el presupuesto de manera que puedan cerrar los
números.”
Una de cal y otra de arena
“Juan Ginebra, director del área Comercial
del IESE, tenía mucho optimismo y confianza con
respecto al éxito del programa aquí, en
Buenos Aires. En cambio, Fernando Pereyra, también
Directivo del IESE, después de la firma del convenio
me llamó y me dijo: 'aquí hay dos problemas:
primero ustedes no van a ser capaces de sacar adelante
este Programa de Alta Dirección. Es muy difícil
conseguir público para algo que no conocen y,
segundo, aunque ustedes consiguieran sacar adelante
esto, nosotros somos incapaces de hacer bien el Programa'”.
El Lugar
“Faltaban 15 días para empezar el curso
y no sabíamos todavía dónde se
iba a llevar a cabo. Insistimos con los Duhau. Tres
de las cuatro hermanas querían prestarnos el
departamento, pero una, no. Siempre ellas trabajaban
por unanimidad.
Quince días antes de empezar el Programa se
reunieron de nuevo las hermanas y se pusieron de acuerdo.
Me llamaron por teléfono y me dijeron: 'pueden
usar todo el piso de recepción.'"
Preparación del lugar
“El IESE venía con dos condiciones: teníamos
que montar unos escalones en el aula y tener las mismas
butacas que tenían las aulas allá. Para
eso me habían mandado por barco un modelo de
butaca que incluía un cenicero, porque en esa
época había que dejar fumar en la clase.
La mandamos a un carpintero y nos pusimos a hacer los
escalones. Ese mismo día llegaba el Director
del Programa del IESE a inspeccionar. Lo pudimos introducir
en el salón que iba a transformarse en aula.”
Los 40 participantes
“El IESE quería un mínimo de 40
empresarios, por lo que tuvimos que trabajar arduamente
para llegar a ese número. La promoción
fue en la época del famoso mundial de fútbol
en el que Argentina ganó, en el 78. En medio
de los partidos, hacíamos las visitas para interesar
a la gente.
Recuerdo con horror esos días de promoción.
Yo temblaba, pensaba hasta qué punto la gente
se iba a inscribir. Todos estaban muy ocupados. Algunos
no habían pagado, otros habían dejado
solo una seña (muy pocos). La incertidumbre era
muy grande.”
El entusiasmo
"Wenceslao Escalante, participante del programa
y presidente de la primera promoción del PAD,
decía que no sabía por qué se había
inscripto, porque él no se creía empresario.
Siempre dice que le hablamos con tanto entusiasmo del
asunto que se contagió del nuestro.”

La noche anterior
“Soñé que se abría el telón
y no había nadie; pero no, vinieron los 40 el
día 14 de julio, tal vez porque les cobramos
caro y no podían faltar.”
El día
Yo me quedé entusiasmado de ver ese día
cómo la gente vino puntual y con muchas ganas.
Fue un día fundamental para el nacimiento del
IAE. Todos se lo tomaron muy enserio, porque vieron
que era una metodología de estudio totalmente
distinta y apostaron por nosotros. Muchos de ellos comentaban
que no podían faltar a las clases porque estaban
“atrapados” por los casos que leían
y querían participar. Fue un inicio excelente.
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