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“Adrenalina para seguir trabajando por los demás”

Como ya es tradición desde el 2000, alumnos de la Universidad Austral se sumaron al campamento de trabajo social en El Bolsón, provincia de Río Negro. La actividad fue organizada por la asociación “Universitarios para el desarrollo” y tuvo lugar del 3 al 15 de enero.

Dos alumnos de la Universidad comparten con Australis la experiencia vivida en el Bolsón.

Benjamín Thixton, alumno de 5to año de la Facultad de Ingeniería

¿Cómo te sumaste al campamento?

Durante el año conversé varias veces con el Padre Emiliano Hong, quien me animó a hacer un campamento social. Al principió dudé bastante, ya que implicaban 15 días de mis vacaciones, pero realmente valió la pena. Lo recomiendo a muchos. En estos días iré a la sede de Pilar para contar a los alumnos lo que significó para mí.

¿Cómo describirías El Bolsón?

La población es de 35.000 habitantes, aproximadamente. Es una ciudad de paso, con mucha gente y poco trabajo. Abundan los hippies y mochileros que viajan por aventura, pero la gente del lugar sólo vive de la recolección de frutos, que es un trabajo temporario.

¿Qué trabajos realizaste?

A mí me tocó liderar el equipo de “restauración y pintura”. Tuvimos que mejorar una sala maternal y dos capillas. Lijamos y barnizamos los bancos, revocamos y pintamos las paredes, etc. La verdad es que fue increíble el sentimiento de trabajar duro para el domingo escuchar Misa en el mismo lugar en el que habíamos invertido tantas horas. También se colaboró en la construcción de una gruta de la Virgen de la Medalla Milagrosa, ubicada en la entrada del Bolsón.

¿Cómo era el horario?

Por la mañana nos levantábamos temprano. Un sacerdote nos daba una meditación de 30’ y a continuación celebraba la Misa. Después de desayunar cada uno partía para sus tareas. Algunos chicos se dedicaron al rubro “colonias” Consistía en organizar actividades de diversión para chicos del lugar. No faltaron los Reyes Magos con regalos y golosinas.

Después de las comidas compartíamos un rato entre los 70 que viajamos. Era un momento para conversar lo vivido ese día, tocábamos la guitarra, etc.
A lo largo del campamento hicimos tres excursiones muy lindas. Fuimos a la “Catarata escondida”, escalamos un cerro en Bariloche (aunque nos tuvimos que volver porque nevaba) y fuimos al lago Puelo.

¿Cómo financiaron los gastos?

Implica un gran trabajo de gestión previa. Los gastos se subsidian con dinero que aportan los estudiantes que forman la “Asociación Universitarios para el Desarrollo”, dirigida por el doctor Fernando Toller, profesor de la Facultad de Derecho. La idea es vender bonos de contribución y pedir donaciones a particulares y a empresas. Además, cada uno de nosotros llevó un bolso con la ropa personal y otro con donaciones para dejar allá.

¿Qué te deja como experiencia?

Volví con mucha adrenalina para seguir haciendo cosas por los demás, aunque ahora estoy inmerso en el estudio. Es un esfuerzo que realmente vale la pena. Al principio dudaba en invertir mis vacaciones en esta actividad pero no sabía todo el bien que me haría el compartir tiempo con otros universitarios y, sobre todo, el poder acercarme más a la fe. Volví a practicar después de unos siete años.

Pablo Pando, alumno de 3er año, Facultad de Comunicación

¿Trabajaste en la construcción?

Sí. Este año realizamos la primera etapa del trabajo que fue divida en tres partes. En esta oportunidad reconstruimos y ampliamos la vereda para que sirva para estacionar autos. Por otro lado armamos y pusimos todas las vigas de acero del primer piso del jardín de infantes, hicimos la mezcla de cemento y rellenamos las columnas y vigas. Luego armamos los encofrados de madera y junto a ella todas las columnas que sostendrían la estructura.

¿Qué tal el grupo?

Éramos 70 universitarios de todas las edades. Todos ponían su mayor esfuerzo y alegría para realizar las tareas. La convivencia de trabajo es algo que nunca olvidaré. Me impactó comprobar que éramos 70 jóvenes dispuestos a dejar el tiempo de las vacaciones para trabajar por, para y a través de Dios para el prójimo.

Alguna anécdota...

Hay muchas… Nos tocó preparar la fiesta de Reyes Magos para los chicos del barrio, que eran más de 100. Yo representaba a Gaspar. Me pinté de negro y salimos a las calles buscando a los chicos, llevábamos caramelos y ropa que habían donado. Tratábamos de parecer venidos de Oriente tanto en la forma de hablar como en las explicaciones que dábamos acerca de nuestros camellos que se habían quedado atrás comiendo, a lo cual los chicos, ilusionados, miraban para todos los costados para ver si podían descubrir donde estaban. Fue muy lindo ya que compartimos una tarde de juegos con los chicos y sus padres (algunos lloraban de risa y de emoción).

¿Por qué te sumaste al campamento?

Porque ya había ido el año pasado y la experiencia me encantó. Sentía una responsabilidad, o mejor dicho un deseo de volver a un lugar del que me había llevado tanto de la gente como de los mismos amigos con los que había compartido aquella convivencia de trabajo. Y realmente sentí que era una forma distinta de hacer un apostolado por Cristo en el trabajo diario. Es una experiencia gratificante porque una vez que vas querés volver, porque sentís que te llevas mucho más de lo que diste.

 
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