LOS
JÓVENES NO VEN EL RETO INTELECTUAL DEL ESTUDIO
Entrevista a Inger Enkvist
Profesora
de la Universidad de Lund, Suecia, y autora del reciente
“Repensar la educación”, la Dra.
Inger Enkvist visitó la Universidad invitada
por la Escuela de Educación. “Es demoledor
no haber sido obligado a entrar en el mundo del libro”,
lamenta la Profesora. “Si la verdad no importa,
si no importan los conocimientos, entonces estamos en
una guardería, donde lo que importa es que los
niños no se maten los unos a los otros, y que
no haya ningún accidente mortal dentro de las
paredes del colegio”, considera con su perfecto
castellano de especialista en filología española.
-¿Cuándo hablamos de crisis de educación
estamos hablando de una crisis de maestros, una crisis
de profesores?
-Estamos hablando de una crisis con muchas facetas.
Una es la de los maestros, la de los profesores; otra
es la de la conducción de la escuela en sí,
de las reglas según la cual se organiza el trabajo
en la escuela; estamos hablando del respeto por el conocimiento;
estamos hablando del uso del dinero en la educación…
Casi todos los países invierten mucho en educación,
pero el resultado no es comparable con la inversión.
Se puede mirar desde diferentes puntos de vista….Pero
algo muy grave es la convivencia en las aulas. Ahora
ha habido ataques a los docentes, ataques de un alumno
a otro alumno, cosas impensables hasta no hace mucho.
Hay alumnos que roban a los profesores… No puedes
educar a alguien que te va a robar... Sí, tenemos
una crisis en varios aspectos diferentes.
-¿Desde qué ámbitos hay
que repensar la educación?
-Tenemos que trabajar con varias áreas a la
vez. Creo que debe haber una ley escolar que brinde
un marco jurídico. El profesor tiene que decir
que no a la presencia de un alumno que molesta a los
demás alumnos, o que no deja trabajar al profesor
o a los otros. Ese es uno de los temas. También
debe haber una evaluación objetiva y correcta
al final de los estudios para que los alumnos sientan
que no es el capricho del profesor lo que decide si
van a obtener una recompensa por el trabajo hecho. El
alumno necesita una garantía de que no va a perder
su tiempo estudiando en el colegio porque eso también
pasa. Muchos alumnos se aburren, dicen que no pasa nada,
que no hay ningún reto, que el profesor no tiene
mucho que enseñar.
-Suele Ud. decir que el alumno tiene que volver a sentir
el estudio como un reto. ¿Cómo se logra?
-Vemos que algunos jóvenes se interesan por la
música, por el deporte, porque la escuela no
es ningún reto. No ven el reto intelectual en
su vida, porque los maestros y profesores son bastante
mediocres. Para que exista reto hay que mostrar un plan
de estudios interesante, hay que poner metas interesantes.
Por ejemplo, si el examen es muy fácil, los alumnos
inteligentes no necesitan prepararse, no es ningún
reto. Tiene que haber distintos niveles de examen, quizá
no tanto para aprobar sino para obtener sobresalientes.
Se debe exigir mucho.
También los estudiantes deben adquirir muy jóvenes
la costumbre de estudiar. Suena muy raro, pero hay bastantes
estudiantes que pasan a través de un sistema
escolar sin aprender a estudiar, y se encuentran un
día en la Universidad, y no han entendido bien
como se hace. Piensan que los contenidos son muy largos,
son muy duros, que los profesores hablan muy rápido
porque simplemente no han adquirido la costumbre del
estudio.
-¿Podría explicar con un ejemplo?…
-Un buen ejemplo es Francia. En muchos barrios hay
muchos inmigrantes y se ha visto que los chicos acuden
a la escuela con una madre analfabeta en casa, con un
padre que trabaja mucho... Muchos jóvenes no
tienen espacio para estudiar en su casa y simplemente
no estudian, sobre todo los varones. Algunas chicas
tienen más respeto por la autoridad y van a la
biblioteca y estudian un rato. Pero se ha visto que
muchos chicos pasan a través del colegio sin
adquirir la costumbre del libro. Negocian con los profesores:
para entregar un trabajo, puede ser de media página,
contestando unas preguntas, pero sin realmente haber
leído el libro en el que supuestamente se basa
el trabajo. Así logran pasar el colegio y se
encuentran en la Universidad, donde los libros son mucho
más difíciles. Nunca han llegado a ser
estudiantes. Tienen más años de edad,
pero no han adquirido las destrezas que necesitan, y
es algo tan fácil como leer y escribir, tener
conocimientos básicos para orientarse en historia,
geografía...
Una de las cosas más importantes que se adquieren
con el estudio es la capacidad de verse a sí
mismo desde fuera, que cuando leemos cuentos como niños
de corta edad nos metemos en la piel del héroe
y somos chicos o chicas, niños o adultos, de
un país o de otro país, ricos o pobres.
Es el primer acercamiento a la vida del otro. Después
pasamos a los libros para adolescentes quizá,
y de vez en cuando vivimos en diferentes épocas
y lugares. Y adquirimos a través del libro la
costumbre de ver el mundo desde diferentes perspectivas.
Así que si no entra en el mundo del libro, no
adquiere esa posibilidad de las personas cultas de verse
desde afuera, de empatía, de comprensión
del mundo. Y a la vez vocabulario, capacidad de abstracción,
de escribir. Es tan demoledor no haber sido obligado
a entrar en el mundo del libro.
-El pedagogismo que explica en su libro plantea
salir a la calle…
-Se da una suerte de cliché, de abrir la escuela
a la vida, a la calle, de invitar a la gente a que hable
en el aula. No es que esté mal en sí,
lo importante es que el niño aprenda a leer y
a escribir y a contar, porque podría tener contacto
con diferentes profesiones en su tiempo libre, pero
no va a aprender a leer a escribir y a contar fuera
de la actividad del aula. Está bien enriquecer
la vida del alumno con diferentes elementos, pero no
se le puede quitar lo esencial, lo propio de la escuela.
-¿Ha tenido la oportunidad de leer el
discurso de Sarkozy al asumir en Francia?
-Sí, sí, dijo que la escuela que él
quisiera tener es una escuela en la que los alumnos
se ponen de pie cuando entra el profesor. Esto ha sido
muy repetido, y ha quedado como símbolo. Quiere
que haya un respeto por el conocimiento, y hay que volver
a imponer ese respeto por el conocimiento tanto en profesores
como en los alumnos. El conocimiento como centro de
la vida en el colegio, y está muy bien.
-¿Pero cuando un político es
el que propone estas cosas, no se está ideologizando
la propuesta?
-Es que la historia está tan ideologizada.
Uno podría protestar contra esta tendencia si
no estuviera hecho ya el mal, y yo diría que
en casi todo occidente ha habido una fuerte ideologización,
por lo menos durante los últimos cuarenta años.
Y en vez de enseñar historia, geografía
o matemática, los diferentes gobiernos han querido
cambiar a los alumnos en otras personas. La educación
ha sido utilizada como instrumento para lograr el hombre
nuevo del Che Guevara y otros. Un hombre más
volcado hacia lo social que hacia lo intelectual, y
lo que a mi me entristece es que la escuela como proyecto
nacional es una manera de a través de los conocimientos
llegar a acuerdos entre todos sobre lo que debemos hacer.
La nueva tendencia ha sido “vamos a enseñar
a los chicos cómo deben ser. Que aprendan conocimientos
importa menos, vamos a ir en camino recto hacia una
nueva actitud, y no vamos a pasar por los conocimientos
que son un camino largo y forzado que no gusta a todo
el mundo y no todo el mundo tiene la capacidad, sino
que vamos a buscar un atajo para ir a lo que queremos
como resultado, que es el respeto por el otro”.
Pero esto no da el respeto por el otro. Y lo digo por
mi propio país (Suecia), porque he leído
con lupa los documentos de las diferentes leyes educativas
y ya a mediados de los años 70 la ley educativa
decía que la educación obligatoria tiene
por meta la convivencia que va a aumentar la armonía
social y al mismo tiempo aumentar los conocimientos
de los estudiantes. Así que primero la convivencia,
y después si hay tiempo, algo de conocimiento.
Hay un vuelco, cambia la prioridad.
Ahora llevamos 35 años con esa ideología
y cada vez vamos peor. Hay más violencia en el
colegio, hay menos conocimiento, hay menos respeto de
un alumno a otro alumno o hacia los profesores. Ya sabemos,
no es una construcción. Tenemos los resultados:
priorizando la convivencia no llegamos a la armonía
sino a más violencia. Y es lógico cuando
uno piensa en eso. ¿En que se va a basar la convivencia
o el buen acuerdo entre los estudiantes sino hay una
base objetiva, que son los conocimientos? Los que hicieron
las leyes seguramente tenían una buena intención,
pero no habían estudiado antes cómo funciona
la educación, la convivencia humana.
-En el fondo, hay una desvalorización
de la verdad.
-Sí, empecé a darme cuenta hace 5 años,
por mis estudios de la filosofía moderna. Entonces
me pregunté: ¿Cómo es esto? ¿Estos
profesores universitarios cómo pueden decir que
la verdad no importa? Deberían desistir de sus
puestos de trabajo y dedicarse a otra cosa. Son impostores
que siguen allí y dicen que ni siquiera intentan
llegar a la verdad. Y después si uno ve cómo
está organizado el trabajo escolar, que dice
que lo importante es lo lúdico, lo social, y
¡claro! Si la verdad no importa, si no importan
los conocimientos, entonces estamos en una guardería,
donde lo que importa es que los niños no se maten
los unos a los otros, y que no haya ningún accidente
mortal dentro de las paredes del colegio.
Yo no creo que el gran público haya entendido
la enormidad de lo que ha pasado en la educación.
Porque si ni la verdad, ni los conocimientos importan,
no se puede ser. Los posmodernos se consideran modernos,
sofisticados, pero son como emperadores desnudos.
-¿En qué puede aportar la Universidad
siendo el último eslabón en la formación
de una persona?
-Primero tiene que intentar hacer lo que se pueda,
aún cuando los alumnos no vengan con la preparación
apropiada. Algo que parece muy sencillo es que hay que
exigir que trabajen mucho, y que hay que leer mucho…
Yo sé que es algo elemental, pero si realmente
leen dos libros por semana durante 4 o 5 años
serán diferentes, porque van a tener una masa
de conocimiento, algo concreto para sacar conclusiones
ellos mismos. Lo que pasa es que si uno presenta a los
estudiantes un manual, breve, estará aprendiendo
lo que está en el manual para reflejarlo en el
manual. Pero lo aprenden de manera autoritaria. No tienen
ninguna experiencia práctica de que eso es así,
lo aprenden porque la información está
en el libro y el autor debe tener razón. Esa
es una manera perezosa y autoritaria de aprender. Es
mucho mejor obligar al alumno a leer muchos libros para
que saque las conclusiones y se sienta convencido de
que él llega a la conclusión tras haber
leído todo. Y la importancia del profesor sigue
siendo grande, porque si le pone lecturas y libros que
le van a mostrar diferentes puntos de vista y muestra
que no oculta nada, y está preparado para discutirlo
todo, el estudiante se deja enganchar por la aventura
intelectual. El profesor tiene que elegir de manera
inteligente el campo que va a recorrer el estudiante.
-¿Se puede ser exigente sin ser autoritario?
-Sí, tiene que ver con el aprendizaje en sí.
El aprendizaje tiene algo de personal. Tiene que ser
experiencia, pero aprendemos también de la experiencia
de los otros. En educación si veo lo que han
hecho diferentes colegios, y profesores, incluso algunos
profesores equivocados, estoy aprendiendo yo misma.
Algunos me convencen más, otros menos, pero saco
las conclusiones, y después en un nivel superior
ya sé lo que voy buscando. Por ejemplo en un
máster de educación puedo querer ver cómo
trabajar en una escuela rural, cómo trabajar
con padres analfabetos… Uno va agudizando la perspectiva,
buscando ciertas cosas después de tener una cierta
base. Pero si va buscando puntos precisos sin tener
una base, estás siendo autoritario, porque otra
persona va a decirte “esto es lo que tiene que
mirar” y es lo mismo que leer en un manual. Para
resumir, para aprender bien y convertirse en un intelectual,
y trabajar a nivel universitario, hay que estar preparado
para hacer un trabajo de base que significa leer bastante.
Cuando lees mucho, tienes un trato continuo con el mundo
de la cultura, también vas haciendo tu vocabulario,
tus referencias, y te vas convirtiendo en un intelectual
sin saberlo, porque vas a redactar mejor, vas a leer
mejor, a tener un vocabulario más rico a tu alcance.
Además, tu respeto por la verdad, por las experiencias
del otro, se hace solo. El método no requiere
mucho dinero, tampoco tecnología, está
ahí… La biblioteca es muy importante…
-¿Y cómo puede contribuir la
universidad en su rol de formador de formadores; qué
tiene que hacer, motivar?
-Yo creo que hay que dar a los alumnos de Educación
una buena base en la materia, porque si se estudia en
la materia con lecturas amplias, el propio futuro profesor
va a dejarse contagiar por el estudio, por la vida intelectual.
Además hay algunas técnicas de educación,
evaluación, trabajo en grupos, etc. que pueden
añadir una formación pedagógica.
Sin embargo, fundamentalmente, hay que lograr que los
futuros docentes sientan que éste (el de la Universidad)
es un periodo maravilloso, magnífico, en el cual
no necesitan trabajar para ganar dinero, sino que pueden
leer, levantarse y leer; pueden decir: “soy diferente
de lo que era una semana atrás, porque sé
mucho más”. Tienen la posibilidad de convertirse
en otra persona a través del estudio. Si ellos
sienten esa idea, vana a trasmitirla a sus estudiantes.
Eso es mucho más fuerte que enseñar una
técnica pedagógica. Yo creo en los contenidos.
Cuando empecé a estudiar castellano mis compañeras
me preguntaban: “¿Para qué lo haces,
para qué sirve?”. Y yo les decía:
porque me interesa, me abre mundos interesantes. Sirve
para vivir más. Hacen mal en pensar que cada
conocimiento va a dar cierta recompensa inmediata. No
han entendido el mundo intelectual, están muy
atados a lo material. Se pierden mucho de lo interesante
de la vida…
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