Newsletter Quincenal

TERMINÓ LA II SEMANA DE LA FAMILIA
DISCURSO DEL RECTOR DR. ALEJANDRO CONSIGLI

Es notable el desconcierto que actualmente existe frente a la familia, siendo una institución que ha acompañado al hombre a través de toda su historia. Los divorcios, las uniones de hecho, las parejas transitorias, los concubinatos, los ensamblados, las madres solteras –o padres solteros- con hijos, y tantas otras anomalías han puesto en jaque el auténtico retrato familiar. ¿Cambió la familia? Me atrevo a decir que no, que lo que en realidad existe es una añoranza de ella por la gran mayoría, y que el empeño que ponen algunos en denominar familia a agrupaciones que no lo son, muestra -en el fondo- la necesidad que todos tenemos de ese ámbito de calidez, contención y amor desinteresado, que se ofrece solamente dentro de la única familia indiscutible: aquella natural y perdurablemente constituida por un varón, una mujer y unos hijos.

Diría que -así como se cambia o sustituye la identidad de algunas personas, lo que se denomina robo de identidad- también hay quienes quieren robarle la identidad a la familia. Por eso es esencial recordar lo que la familia es; sin una adecuada referencia a lo que la familia es , no se podrán diseñar y realizar las acciones que respondan a lo que la familia necesita .

Dentro de este panorama, el primer esfuerzo para recrear la realidad familiar corresponde a las mismas familias, porque quien crece en un ambiente familiar adecuado, se encuentra más predispuesto para transmitirlo, ya que la vida y el amor –objetivos principales de la familia- son de por sí difusivos. Pero además, todas las fuerzas sociales deben facilitar la misión propia de las familias: solo una organización social favorable a las familias generará familias dispuestas a promover una auténtica cohesión social sustentable, que sea atrayente para las jóvenes generaciones. De ahí la necesidad de una atención renovada al instituto familiar, que -a través de variadas medidas -garantice el desarrollo de una vida plena en el ámbito del hogar, desde el momento de la concepción hasta el de la muerte natural; que favorezca una comunidad familiar más compacta: en la cultura, en las costumbres, en los tiempos de trabajo y descanso; que vuelva a poner a la familia en su papel de primer orden en la educación de los hijos.

Ante la proximidad de las elecciones legislativas y la presencia aquí para los primeros paneles de varios candidatos que intervendrán en las mismas, quiero subrayar que del modo de legislar sobre la familia se puede deducir el valor que los representantes del pueblo le atribuyen. Las leyes constituyen una piedra de toque para reconocer las profundas intenciones del Estado y la efectiva aceptación y aplicación de los derechos humanos. Unos poderes estatales que no reconozcan en la práctica los derechos de la familia, tampoco reconocen los derechos de las personas. Esto supone legislar y favorecer instituciones que salvaguarden los valores familiares naturales: respeto a la vida en toda su trayectoria, libertad para la educación de los hijos –no sólo de derecho, sino con hechos económicos y prácticos-, resguardo de la intimidad y la convivencia familiar poniendo las reglas necesarias para que no sea agredida por los medios de comunicación, promoción del trabajo productivo como modo normal de sustento y desarrollo doméstico, facilidades para el acceso a una vivienda digna que por su tamaño y condiciones permita el desarrollo de la personalidad de cada miembro de la familia , acceso a una adecuada atención de la salud para todo el núcleo familiar, etc.

La institución familiar y sus derechos se encuentran en la propia naturaleza y no sólo no pueden ser conculcados por los poderes estatales ni condicionados por los ideólogos sociales, sino que, por el contrario, tienen que ser promocionados y fomentados . De ahí que la familia natural, monógama y estable deba permanecer como punto en el que coinciden distintas generaciones, que así se ayudarán mutuamente a lograr una mejor calidad de vida en lo material, en lo intelectual y en lo espiritual.

Un orden social duradero y justo – como el que todos queremos para nuestra Argentina- necesita una legislación y una acción que expresen y consoliden los valores auténticos de la vida familiar, porque la institución que responde de modo más inmediato a las necesidades del ser humano es la familia, y solamente ella asegurará la continuidad y el futuro de nuestra sociedad.

Agradezco la presencia de los diversos candidatos que hoy intervendrán en los primeros paneles de las actividades de esta Semana. Su asistencia de algún modo los compromete en el apoyo a las iniciativas que tiendan a reforzar la institución familiar.

En nombre de toda la Universidad Austral , quiero agradecer también a los integrantes, administrativos, docentes y directivos del Instituto de la Familia por el esfuerzo puesto para la organización de esta segunda Semana de la Familia , a la que le deseo mucho éxito y que ahora declaro inaugurada.

uenos Aires, 17 de octubre de 2005

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