La eficacia en la puesta en escena: el discurso de CFK


Por: Luciano H. Elizalde

El análisis político siempre tendrá dudas sobre aquello que un dirigente debe decir o no en cierto contexto. Por eso, más que pensamiento político, aplicaré el “pensamiento comunicacional” a la aparición de la Presidente en su discurso de apertura del año legislativo. La comunicación, como medio estratégico de la política, merece este tratamiento.

Al contrario de lo que muchos dijeron, creo que fue una puesta en escena de considerable eficacia. Y además, creo que esto no es poco, en tanto y en cuanto, llegar a ser eficaz en una aparición ante los legisladores de la Nación, ante la sociedad argentina, con tantas dudas y críticas que se plantean. Creo que hay cosas que aprender de esta comunicación.

¿Qué significa tener eficacia dramática? La eficacia dramática es mantener una posición pública que no sea fácilmente rebatida y que no genere deserciones internas, es decir, de su propia “tropa”.

¿Qué se puede aprender de esto?

Primero, sigue siendo importante la argumentación del discurso; en este caso, sobre la base de una legitimación cognoscitiva y técnica. El Banco Mundial y las Naciones Unidas fueron usados por la Presidente como fundamento de su posición discursiva. Utilizó una técnica de la retórica argumentativa y de la psicología de la persuasión: un tercero, lejano a su punto de vista, objetivo, por lo tanto, dice algo bueno sobre mí, sobre mi tarea, sobre lo que hago.

Segundo, mantuvo como un elemento central del debate político la función conflictiva que la clase dirigente empresarial tiene como modelo de desarrollo económico y social dentro de la postura populista. Esta duda populista es en realidad una duda de la cultura política argentina y aparentemente seguirá dividiendo y generando consensos relativos. Para mucha gente esto es una certeza: las empresas y los empresarios no son un elemento positivo en la construcción de la Argentina.

Por otro lado, la puesta en escena estuvo articulada bajo una lógica televisiva; no era una presentación para el Congreso, sino para un “tele-Congreso”. La dirección de cámaras estuvo siguiendo las apreciaciones subjetivas y las improvisaciones de la Presidente, siempre y en cada uno de sus ocurrencias que se salían de lo escrito y preparado.

Finalmente, la Presidente mantuvo un vínculo personal con los presentes; esto es posible que se haya trasladado hacia el telespectador. Cuando Gerardo Morales se sonreía porque ella lo nombraba y bromeaba con él, había grandes ganancias para la puesta en escena. Al senador Morales no le quedaba ninguna alternativa: si no sonreía despreciaba a la Presidente de los argentinos; y al reírse entraba en el juego preparado por Cristina.

En definitiva, la puesta en escena no sirve para mejorar ninguna política económica o de seguridad. Es decir, no es suficiente, pero es necesaria para contener la sensación de crisis y para construir consenso. No es menor el hecho de que se invierta racionalidad y emocionalidad en una posición discursiva que se encuentra en su tercer mandato de un gobierno nacional.

Creo que se puede aprender de esto ya que necesitamos construir consensos; para esto necesitamos tener líderes con capacidad de llegar emocionalmente a la gente, porque los “principales medios de comunicación son las personas”. 

Luciano H. Elizalde
El autor es Director de la MGCO (Maestría en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones) de la EPC (Escuela de Posgrados en Comunicación) de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral.