El agua y los problemas de comunicación de la conciencia pública


Por: Luciano H. Elizalde

Por Luciano H. Elizalde*

En estos momentos, el agua ya es un problema global. Al problema objetivo del agua (la falta de agua potable en el planeta) se le suma un problema subjetivo: no se alcanza a percibir hasta dónde estamos en un problema y cómo se debe actuar para no profundizarlo.

En la Argentina no existe demasiada conciencia pública sobre qué tiene que hacer la ciudadanía, qué deben hacer las autoridades y cómo deben comportarse las empresas en relación con el agua potable y el uso productivo del agua. Existen aún demasiadas diferencias conceptuales, científicas y culturales para que se desarrolle de modo consensuado una política social y pública para la gestión del agua.

El largo plazo ¿Cómo trabajar en el problema objetivo sin conciencia subjetiva?

La escasez del recurso y la falta de suficiente conciencia social (privada y pública) se combinan peligrosamente. Desde el punto de vista de la gestión del agua como un asunto público es necesario platearse una política de desempeño en el escenario público para lograr cambiar el problema más fácil por ahora: el de la percepción, observación y evaluación del agua y de quienes son responsables administrarla para todos.

Tres cuestiones son evidentes y se transforman en puntos de partida. En primer lugar, existe una cultura medioambiental floja o débil en la Argentina en relación con el agua aunque esto no sólo le afecta al agua; en general, este déficit conceptual se advierte en relación con el resto de los problemas de medioambiente, de ecología y de desarrollo sustentable. Segundo, la ciudadanía toma conciencia o aumenta su percepción consciente acerca del medioambiente (agua, basura) cuando el problema ocurre en su entorno inmediato (cuando afecta el patio de su casa) y modifica directamente su calidad de vida cotidiana. Tercero, la historia de la construcción del imaginario social del agua es compleja. Las percepciones acumuladas en el tiempo sobre el agua, sobre el uso y sobre la escasez y el valor, no son coherentes con la realidad objetiva.

En definitiva, hay que trabajar en la percepción de agua para que esto active nuevas actitudes, comportamientos y formas de interacción que afecte el modo de usarla. Sin embargo, no es sólo una cuestión relativa a campañas de marketing social. Es necesario trabajar en la cultura política y en el escenario público cultural de los ciudadanos, para que sus valores y cogniciones se acerquen más y mejor al problema objetivo.

El corto plazo: el experto y el lego en el tema del agua

Específicamente, el gran problema de los responsables de la gestión técnica del agua (empresas privadas o estatales, los gobiernos y los funcionarios) se encuentran en una situación de contradicción entre decir y seguir diciendo algo que la opinión pública no siempre está dispuesta a escuchar con atención, pero que se transforma en crisis por parte de los medios y de la opinión pública cuando aparecen los problemas objetivos con el suministro de agua. En ocasiones, los problemas pueden tener relación con falta de inversiones, con corrupción o incluso con errores, pero la mayoría de las veces es un problema de comunicación entre la visión de experto y la del lego.

Los principales errores del experto son:

• Comunicar en un lenguaje de jerga que no permite una comprensión fácil ni directa de los problemas, de las soluciones y de las dimensiones de la situación.

• Comunicar sobre todo en los momentos de crisis o de emergencia, cuando el contexto de comunicación es de una intensidad emocional que no permite comunicaciones exactas o distanciadas del asunto.

• Comunicar en un código relacionado con el marketing o la publicidad, cuando el problema del agua debería ser tratado como parte de los contenidos de la cultura popular moderna, es decir, en los textos visuales, audiovisuales, sonoros y escritos de la cultura del entretenimiento y de la diversión, además de que aparezcan en un entorno periodístico o publicitario.

El lenguaje de jerga no permite una comunicación clara. La comunicación sólo es efectiva en su máximo poder de cambio cuando la usamos como expresión de trasfondo social y cultural en el que existen las personas, grupos y organizaciones. Esto significa que el contexto, trasfondo o sentido común de la provincia de Buenos Aires, con su historia sobre el agua, permite usar un nivel de lenguaje diferente al que se podría usar en otros sitios del país en el que el agua está lejos de ser una preocupación cotidiana. El cuidado del uso del lenguaje, de los voceros, de las apariciones relacionadas con el conocimiento previo y el trasfondo cultural son aspectos tácticos de una estrategia de comunicación para acercarse con quién no sabe nada de agua aún.

Por otro lado, cuando la principal comunicación de las autoridades, de los funcionarios y de las empresas se realiza en circunstancias que todos definen y perciben como emergencias o crisis, entonces, la comunicación tienen a cumplir otras funciones que no sólo son la de hacer tomar conciencia sobre el agua. Las autoridades y los responsables de la administración del agua no deberían aparecer fundamentalmente en situaciones de emergencia y de crisis, ya que esto es factible que desemboque en conflicto. Se necesita establecer canales de relacionamiento constante, estructurales y desarrollados a mediano y largo plazo con referentes y organizaciones de las comunidades.

Finalmente, si la comunicación sobre el agua sólo es codificada como un contenido de marketing social o de tema periodístico, entonces, perderá interés para los receptores sin problemas y bajará el rendimiento comunicativo de la campaña. La comunicación sobre el agua debe entrar en la comunicación cultural. Para esto es necesario trabajar en la inserción del agua en la cultural del entretenimiento (telenovelas, series, películas, juegos interactivos, etcétera).

En síntesis, el trabajo sobre la conciencia del ciudadano y sobre la cultura política del agua no generará más recursos hídricos. Sin embargo, con reacciones y hábitos más racionales es factible que los recursos actuales sean mejor usados y se pueda alcanzar soluciones duraderas para todos.

 

Luciano H. Elizalde
El autor es Director de la MGCO (Maestría en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones) en la EPC (Escuela de Posgrados en Comunicación) de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral.

 

 

 

 

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