Discurso público de los grupos protectores de animales enfocados en instituciones zoológicas


Por: CECAP

1. Introducción

El siguiente informe, elaborado por el Centro de Estudios en Comunicación Aplicada (CECAP) de la Escuela de Posgrados en Comunicación (EPC) de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, tiene como objetivo realizar una breve aproximación descriptiva del discurso público de los grupos protectores de animales en Argentina.
Esta es una primera publicación que se enmarca en un proyecto de mayor envergadura destinado no sólo a la investigación del discurso público sino también de las agendas sensibles emergentes. El CECAP define de este modo a aquellas agendas que se configuran a partir de tendencias sociales latentes o incipientes cuyo desarrollo redundará en importantes reconfiguraciones de las relaciones, estructuras e instituciones, habitualmente consolidando un proceso de cambio social que activa un nuevo sistema de consensos y disensos, y, por lo tanto, nuevos paradigmas de juicios morales y distribución del crédito público.

En ese sentido, durante los últimos 5 años se  consolidó en la Argentina (replicando una tendencia que posee alcance global) un debate
de profundas implicancias para la sociedad moderna: ¿los animales deben ser considerados sujetos en lugar de objetos de derecho?
Y si así fuera, ¿en qué medida esos derechos deben/pueden ser equiparables a los de los seres humanos?

Esta discusión, que a nivel masivo es aún difusa en sus alcances, se ha afianzado en nuestro país a partir de una serie de hitos públicos que han ayudado a visibilizar significativamente algunos de los argumentos que exponen los grupos que hemos denominado protectores de animales. En particular, a raíz de dos casos que han tenido especial resonancia: el del oso polar Winner y el
de la orangutana Sandra.

En diciembre de 2012, Winner, el último oso polar que habitaba en el Jardín Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires(*1), fallece, según lo
recogido en los medios de comunicación, por efecto del estrés provocado por la pirotecnia y el calor agobiante del 24 de diciembre de ese año.
Este hecho expuso a gran escala la situación de precariedad del zoológico de la Ciudad y se convirtió en un símbolo de su deterioro. A tal punto que, cuatro años más tarde, y a partir de resultados arrojados por estudios cualitativos realizados por el CECAP, se detectó que existía una asociación espontánea entre la situación precaria de los animales en dicha organización y la muerte de Winner. Al mismo tiempo, se observó que se utilizaba el caso –otra vez de modo espontáneo– como uno de los principales argumentos de crítica al cautiverio de animales no autóctonos.
Un segundo hito tuvo lugar entre diciembre de 2014 y octubre de 2015, aunque esta vez a raíz de una distorsión en la comunicación de un hecho que resultó ser menos relevante de lo esperado inicialmente. Ocurrió cuando dos fallos judiciales en diferentes instancias hicieron lugar a la acción de amparo interpuesta por la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA), que solicitaba que la orangutana Sandra, también perteneciente al Jardín Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires,
fuera considerada “persona no humana” y trasladada a un lugar donde pudiera vivir sus últimos años “dignamente”, en este caso, un
santuario en Brasil. Si bien este acontecimiento fue presentado por los medios de comunicación (*2) como el primer caso en el
mundo en el que se concedía un Habeas Corpus a un animal, ello nunca ocurrió (*3). Incluso, la organización Nonhuman Right Project, pionera y referente a nivel mundial en este tipo de acciones judiciales, analizó y relativizó la importancia de los fallos: “Ahora creemos con razonable certeza que no existe proceso de habeas corpus, que a Sandra no le fue concedida personalidad jurídica,
derecho de habeas corpus, ni cualquier otro derecho legal, y que lo que se está desplegando en la corte de la Ciudad de Buenos Aires es una investigación ordinaria de bienestar animal”(*4)

No obstante, y a pesar de que el relato del caso se alejó de la realidad, es innegable que el acontecimiento provocó en Argentina –y también en el resto del mundo– un impacto profundo en relación al debate sobre cuál debe ser el estatus de los animales en la sociedad. Más aún, si se tiene en cuenta que en el mismo periodo –enero de 2015– se modificó en Francia, a raíz de una
petición lanzada por la fundación 30 Millions D´amis (30 Millones de Amigos), el estatus jurídico de los animales en el Código Civil de
aquel país. Desde ese momento, para la ley civil gala los animales dejaron de ser contemplados como “des biens meubles” (bienes muebles) para ser considerados “êtres vivants doués de sensibilité” (seres vivos dotados de sensibilidad).

Si bien ninguno de los dos eventos institucionales mencionados anteriormente implicaron cambios estructurales en la organización de las sociedades (en el caso francés, la reforma sirvió sólo para facilitar la ejecución de mecanismos ya contemplados en el Código Rural y el Código Penal), sí tuvieron un peso simbólico muy importante, que se vio reflejado en el aumento de visibilidad del discurso de los grupos protectores de animales.

Los argumentos expuestos por estas minorías  que impulsan las discusiones sociales que irrumpen en la agenda pública de forma aislada –aunque cada vez con mayor frecuencia– ayudaron a explicitar una sensibilidad social latente, que ha ido configurando un nuevo sentido común para los medios de comunicación. Lo que, como consecuencia, ha comenzado a provocar que el resto de la sociedad actualice sus esquemas de interpretación vinculados al tema. Situación que estimulará en el futuro nuevos eventos que incidirán otra vez en los medios, y retro alimentará una suerte de espiral hermenéutica en la que se profundizará y delimitará el alcance del fenómeno.
Adicionalmente, es relevante marcar que esta situación se potenció y aceleró en los últimos años por un contexto en el que las redes sociales se han consolidado como una de las principales fuentes de información directa o indirecta de los ciudadanos: fenómeno observable a partir de la creciente tendencia a la fragmentación en el consumo informativo y a la utilización de las plataformas sociales como usina centralizadora de menús personalizados de noticias producidas por diferentes medios tradicionales (portales de noticias, canales de TV, etc.).
Esa particularidad del consumo informativo no resulta menor a la hora de entender el aumento de la sensibilidad respecto a la vida animal. Es, justamente, en las redes sociales que se observa una predisposición marcada a la circulación de información, imágenes y opiniones en relación a los animales en general y a las mascotas en particular, y que ha puesto en manifiesto un interés y una sensibilidad evidentemente compartidos por estos temas. Esta realidad explica, por ejemplo, por qué la fotografía del perro Balcarce sentado en el Sillón de Rivadavia –que fue subida a la página de Facebook del Presidente Mauricio Macri el 17 enero de 2016– se
convirtió en uno de los posteos más compartido de la historia de la política argentina. También, se puede entender por qué según el barómetro de la participación de los argentinos publicado por la ONG Change.org, un sitio que sirve para promover causas sociales, el tema “derechos de los animales” constituyó el 16,4% de las causas creadas en el país, dos puntos por encima de “derechos humanos” 14,3 y sólo superado por “justicia económica” 19,1 (5*).
En ese contexto, el discurso público de los grupos protectores de animales, en particular de los más extremos, se ha constituido
como un vector relevante que incide en la conformación de un nuevo paradigma social que pone a los animales en el centro de las
preocupaciones morales de los ciudadanos.

Para ver el informe completo acceder al siguiente archivo:

Informe CECAP – Discurso Público de organizaciones promotoras del bienestar animal