| Por: Ignacio F. Zabala
Sigue evolucionando el debate sobre quién padece
más los defectos de la enseñanza en EE.UU.,
los chicos, las chicas o todo lo contrario. Aunque el
debate comenzó hace más de treinta años
(en los setenta ya se decía que los profesores
favorecían a los chicos porque levantaban más
la mano en clase...), se puede fijar el comienzo de la
historia reciente a principios de los noventa, cuando
la American Association of University Women publicó
el informe "How Schools Shortchange Girls",
donde denunciaba que las escuelas públicas discriminaban
a las chicas. Un "buen guión", con muy
pocos datos científicos, muy aplaudido dentro y
fuera de EE.UU., y que generó más de mil
nuevos estudios. Las chicas eran las víctimas y
la solución, erradicar el sexismo en forma de modelos
educativos masculinos.
Tuvo que ser una feminista –Christina Hoff Sommers–
la que avisara, unos años después, de que
se le había dado la vuelta al planteamiento. Ahora
el modelo educativo se había feminizado (la insistencia
en que la supremacía masculina era inaceptable
creó en la escuela el sentido de que la propia
masculinidad era un mal social) y eran los chicos los
que tenían problemas, dentro y fuera de las aulas.
El análisis generó nuevos estudios que confirmaban
la crisis. Los chicos eran ahora las víctimas y
la solución, muy difícil: un estilo educativo
por género.
El mensaje debió de llegar a destino porque el
Departamento de Educación estadounidense aumentará
pronto el número de escuelas públicas de
educación diferenciada. Entre otras razones, para
ofrecer las alternativas que prevé la ley No Child
Left Behind a los alumnos de los malos colegios. La educación
diferenciada prácticamente desapareció del
escenario público en los ochenta, aunque regresa
lentamente. El curso pasado había 44 colegios públicos
de educación diferenciada en todo el país,
y ya hay muchos que quieren adoptar la fórmula.
La duda está en si será un proceso pacífico
o si ya se están redactando las demandas contra
colegios que enseñan de forma diferente a chicos
y chicas.
Las chicas van más rápido
Aún es pronto para hablar de la "tercera
parte" del debate pero Education Sector –un
"think tank" de reciente creación y financiado,
entre otros, por la fundación Bill & Melinda
Gates– ha publicado el informe "The Evidence
Suggest Otherwise: Truth About Boys and Girls" que
afirma que la crisis académica de los chicos se
ha exagerado: "La verdadera historia no es que los
chicos lo hagan peor que antes, sino que las chicas lo
hacen mejor que nunca", afirma Sara Mead, responsable
del informe.
A simple vista, el estudio conecta con el comienzo del
debate y da por supuesto que se ha puesto remedio a la
hipotética discriminación de las chicas
porque ahora "las chicas están mejor que nunca".
Más que una respuesta a la tesis de la crisis de
los chicos, trata de obviarla: nunca existió; si
la hubo, se exageró; y, en cualquier caso, el éxito
de las chicas no se ha conseguido a costa de los chicos.
El "informe Gates" utiliza datos del National
Assessment of Educational Progress, un estudio federal
que mide el progreso educativo desde 1971. Según
esas cifras, en los últimos treinta años
las notas de los chicos han mejorado y hay más
chicos que terminan la secundaria y llegan a la universidad.
Aunque tanto los chicos como las chicas procedentes de
familias con bajos ingresos se han quedado rezagados respecto
de los de las familias medias, los chicos han mejorado
en primaria y secundaria y llegan mejor preparados a la
universidad. En definitiva, el pesimismo sobre la situación
de los chicos se debe a un análisis inadecuado
y a no querer reconocer que aunque los chicos han mejorado,
las chicas han ido más rápido.
¿La clase o el género?
El informe reconoce que hay algunos grupos de chicos
–hispanos, negros e hijos de familias pobres–
que tienen serios problemas. "Pero su problema principal
es la raza y la clase social, no el género",
afirma Mead. Las diferencias en lectura entre este grupo
y el de los chicos blancos es gigantesca pero el informe
afirma que no ha ido a peor: desde 1992, los negros han
mejorado más en lectura que la media de los blancos
e hispanos de ambos sexos.
Entre 1971 y 2004, los chicos de 9 años han mejorado
15 puntos en lectura –en una escala de 500–
y las chicas, 7, con lo que conservan 5 puntos de ventaja
respecto de los chicos. Los chicos de 13 años han
mejorado 4 puntos y las chicas, 3, con lo que les superan
en 10 puntos. Por último, los chicos de 17 años
han bajado un punto y las chicas lo han subido, con lo
que la diferencia es de 3 puntos a favor de las chicas.
Otro argumento anticrisis es el de los trastornos. Dos
terceras partes de los alumnos de educación especial
son chicos, sin embargo, el informe mantiene que "el
número de chicas con algún tipo de trastorno
ha crecido mucho en las últimas décadas,
de manera que no es un problema exclusivo de los chicos".
La última razón destacable es que el porcentaje
de licenciados universitarios de 25 a 29 años –22%–
es significativamente más alto que el de la generación
anterior. Y el golpe de gracia: "la crisis de los
chicos se ha utilizado por autores conservadores que acusan
al movimiento feminista de prodigar recursos con las chicas
a cuenta de los chicos, y por autores liberales que dicen
que en los colegios se ha instalado un modelo educativo
incompatible con la forma de ser de los chicos y su modo
de aprender", dice el informe. No obstante, aclara
que no hay suficiente pruebas para llegar a conclusiones
firmes de manera que estamos ante una especie de "libre
mercado de teorías sobre por qué los chicos
van por detrás de las chicas".
Los chicos con problemas
Christina Hoff Sommers, autora de "The War Against
Boys", se ha dado por aludida y hace algunas observaciones
en "The Wall Street Journal" (03-07-2006).
Según Mead, "la idea de que las mujeres
puedan superar a los hombres en algunas áreas parece
ser un mal trago para mucha gente", no obstante,
confía en que el debate futuro no "mine injustamente
los avances de las chicas en las últimas décadas".
Sommers replica que ha buscado en vano en el informe de
Mead indicios de que alguien pretenda minar a las chicas.
Es como si pensara que preocuparse por los chicos fuera
perjudicial para las chicas, pero no lo es: la educación
no es un juego de suma cero (nadie tiene por qué
perder si el otro gana), afirma.
Solo el título del informe –"The Evidence
Suggests Otherwise: Truth About Boys and Girls"–
parece indicar que contiene pruebas de que los chicos
"no" tienen problemas académicos. Pero
no es así. De hecho, Mead reconoce que hay grandes
"grupos de chicos" con problemas; que el número
de chicos a los que se han diagnosticado problemas de
aprendizaje "ha explotado en los últimos 30
años"; que los resultados de los chicos de
secundaria han bajado en la mayoría de las materias;
y que, sí, el porcentaje de universitarias es ahora
el 57%.
Entonces, se pregunta Sommers, ¿cómo demuestra
su afirmación de que "en términos absolutos,
las notas de los chicos son las mejores de los últimos
treinta años" y que "la crisis está
confinada en los negros, los hispanos y los pobres"?
Según Sommers, ninguna de las dos afirmaciones
resiste una prueba.
Los resultados en lectura de los chicos de 17 años
han bajado en la última década, alcanzando
la peor puntuación en 2004. Un estudio de Judith
Kleinfeld, profesora de psicología de la Universidad
de Alaska que también ha utilizado los datos del
Departamento de Educación, revela que el 23% de
los estudiantes de bachillerato blancos con padres universitarios
tienen puntuaciones en lectura por debajo del mínimo.
En el caso de las chicas de las mismas características
son solo el 7%. Lo que significa, según Kleinfeld,
que "uno de cada cuatro chicos que van a entrar en
la universidad no entiende lo que lee en el periódico".
No es por lo tanto un problema de los grupos a los que
se refiere Mead.
En cuanto a estos, el estudio afirma que sus problemas
son producto de cuestiones sociales, no de género.
Pero Sommers replica que también en este caso los
chicos van peor que las chicas. El estudio de Kleinfeld
señala que el 34% de los hispanos con padres universitarios
tienen un nivel de lectura por debajo del mínimo;
las chicas son solo el 19%.
Sommers mantiene que estos resultados prueban que se
está dando una educación mejor a las chicas
que a los chicos. Y no entiende por qué una organización
creada para mejorar la enseñanza ve la preocupación
hacia la situación de los chicos como una amenaza
para el progreso de las chicas. Sería más
constructiva si buscara fórmulas para ayudar a
los chicos a mantenerse al ritmo de las chicas.
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