| Por: Marta Luján
Fuente: Mujer
Nueva
Dice un refrán popular que segundas partes nunca
fueron buenas, pero como hay gente que sabe hacer las
cosas bien, éste no se aplica para la segunda parte
de la película La era del hielo. La continuación
de esta historia con los protagonistas que nos cautivaron
en la pasada película, arranca de nuevo las carcajadas
y también algunas reflexiones sobre valores o ideas
quizás algo empolvadas en nuestra sociedad actual.
Entre situaciones cómicas, algunos de los diálogos
entre los personajes manifiestan una gran sabiduría.
En esta nueva historia Mani, el gigantesco mamut prehistórico,
encuentra a Eli, una divertida mamut hembra justo cuando
cree que están en peligro de extinción.
Ante la posibilidad de la desaparición de su especie,
Mani se siente con la “responsabilidad” de
hacerla perdurar, pero será Eli la que le hará
entender una gran lección que muchos de nosotros
deberíamos de aprender también: el amor
no es un deber, es una opción por el otro.
Cuánta gente se casa muy emocionada y con muchas
ilusiones en su vida. Después pasa el tiempo y
parece que la emoción se diluye en la cotidianeidad;
llega la monotonía y para muchos, lo que fue amor
se convierte en un deber. Preparar el desayuno para la
familia es un deber como madre; planchar las camisas de
tu marido es un deber como esposa; recoger a los niños
del colegio y ayudarles con las tareas, hacer las compras
de la semana, preparar la cena, hacer las camas, barrer
la casa... tantas y tantas cosas que se transforman en
“deber”. Y claro, como en todas las cosas,
el deber acaba pesando, se vuelve una carga y resulta
fastidioso, porque el deber por el deber carece de motivaciones.
Cuando llegamos a esta situación es que algo ha
fallado en nuestra concepción del amor. El matrimonio
no es cuestión de deber, sino cuestión de
amor; quien ama de verdad sabe convertir cualquier deber,
cualquier detalle en amor. Y en esto puedo decir que,
tal como se refleja también en el caso de Eli,
es la mujer la que tiene mayor capacidad para vivir esto
y enseñar al hombre cómo vivirlo. Es la
mujer la que puede mantener vivo el fuego del amor a través
de esa capacidad extraordinaria que posee de prestar atención
a los detalles. Una comida que gusta más, la ropa
bien planchada y ordenada, una pregunta hecha con dulzura,
una muestra de comprensión ante el cansancio del
otro... cuánto ayudan todos estos detalles para
que el amor se vaya puliendo como un fino diamante.
Vivir así es posible cuando hacemos del amor lo
que es, una opción por el otro, tal como es, con
sus cualidades y defectos, con su carácter, su
situación, su pasado y su presente. Es una opción
que se hace no sólo una vez, sino cada mañana
al levantarse y encontrarlo a tu lado, cada minuto, mientras
planchas su ropa, preparas su comida o coses un botón
de su camisa. Optar por el otro es renunciar a mí
misma, a mis gustos, para atender los de él; a
mis intereses, para seguir los suyos. Optar por el otro
es vivir en una donación constante a él,
buscando conquistarlo cada día como la primera
vez, no por temor a perderlo, sino para afianzar el amor.
En una de las escenas finales de la película,
Mani descubre que los mamuts no están en extinción,
pues se presenta ante su vista toda una manada y a la
cual Eli decide unirse. En ese momento Mani debe hacer
una opción, por sí mismo o por ella, y decide
irse tras la mamut. Las palabras que le dirige para decirle
que quiere estar con ella, deberíamos de repetírnoslas
muchas veces en nuestros matrimonios: «no tenemos
que estar juntos porque “debemos”, sino que
“debemos” estar juntos porque “queremos”».
Para quienes se aman, el deber se convierte en amor. Todas
las cosas, todas las situaciones se convierten en oportunidades
para demostrarle a la otra persona que la amamos. Entonces
el deber deja de ser una carga, porque el amor lo transforma
todo, lo ilumina todo bajo una nueva luz. Estar con la
persona amada es un gusto, no una responsabilidad; se
vive por ella y para ella, y no para limpiar una casa,
hacer la comida o ir de compras. Todo es diferente si
se mira a través del prisma del amor.
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