El Dr. Mariano Asla, investigador del proyecto “El cerebro y la Persona”, dictó la conferencia plenaria “De sueños y pesadillas: luces y sombras del programa transhumanista“, en el marco del Congreso “El lugar de la persona en el cosmos“, organizado por el Ian Ramsey Centre for Science and Religion de la Universidad de Oxford (como cierre del proyecto “Ciencia, Filosofía y Teología en América Latina“).

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Dentro del marco teórico evolucionista, el éxito de una especie depende de su capacidad de adaptarse al medio. Con un márgen de acción mínimo, el desajuste del cuerpo se paga con la muerte o con la merma de las posibilidades reproductivas. Sólo el hombre ha logrado, mediante la cultura, tanto adaptar el nicho vital a sus propias necesidades como crearse los instrumentos para vivir en ambientes para los cuales no está físicamente preparado. Pero ¿qué sucedería si, como propone el programa transhumanista (TH), en lugar de mejorar nuestras condiciones de vida o de perfeccionar las formas de organización social pudiéramos modificar sustancialmente nuestra propia naturaleza biológica? ¿Sería factible mejorar la esencia humana por medio de la genética y de las nanotecnologías y hacernos así más fuertes, inteligentes, buenos o longevos? Frente a este horizonte sin precedentes, se suscitan múltiples cuestionamientos filosóficos que obligan a distinguir las aspiraciones legítimas de los deseos insensatos. La exposición del Dr. Asla hizo foco en tres puntos: la certeza de la confianza en el progreso, la deseabilidad de una extensión indefinida de la expectativa de vida, y la licitud del imperativo perfeccionista.