María Laura Divi, Lic. en Ciencias para la Familia y orientadora familiar: “El camino que está haciendo nuestra profesión en Argentina avanza a paso firme y creciente”

María Laura Divi es licenciada en Ciencias para la Familia y licenciada en Orientación Familiar, egresada de la Universidad Austral. Trabaja desde hace 9 años en la atención clínica de parejas y familias, en equipos interdisciplinarios, y estos últimos 4 años se desempeña como docente en el ICF de la Universidad Austral.

Durante su experiencia profesional pudo comprobar cómo el abordaje propio de orientación familiar ofrece una ayuda concreta a las personas y a las familias que se acercan en busca de ayuda.  El enfoque, desde las diferentes ciencias que estudian la familia, proporciona una mirada integral de la persona y en relación con sus conflictos vinculares. Los resultados observados le han demostrado la eficacia de la intervención específica del orientador familiar, consolidando cada vez más su rol. Ya realizó más de 1.000 entrevistas de consulta conyugal y familiar.

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En la foto: Parte del equipo de la Unidad de Diagnóstico y Terapia Familiar (UDITEF) del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica de la Universidad de Navarra. De izquierda a derecha: Raquel Martín Lanas, Carmen Laspra Solís, Ma. Laura Divi, Adrián Cano Prous (director de UDITEF).

¿Cuál fue la mayor dificultad a la hora de comenzar a ejercer la orientación familiar?

La mayor dificultad que encontré cuando comencé a ejercer la profesión fue que este era un campo desconocido. Tomé conciencia rápidamente: si quería perseverar a pesar del panorama que se me presentaba, tenía que trabajar con mucha paciencia y constancia. Dar a conocer esta profesión iba a requerir tiempo. Era ―y aún es― fundamental realizar acciones para que se fuera instalando en la sociedad y que nuestro aporte sea valorado entre los profesionales de la salud. Fue así que asumí una actitud de espera activa: mucha paciencia de la mano de trabajo detallado y constante.

En ese primer momento ―en 2010― era absolutamente consciente del largo camino que me esperaba. Pero estaba dispuesta a trabajar incansablemente en ese recorrido, para que se conociera paulatinamente lo que podemos aportar los profesionales especializados en familia. El objetivo relucía con nitidez: ayudar a las personas en su fortalecimiento personal y reorganización de prioridades, para mejorar sus relaciones interpersonales, especialmente sus vínculos familiares. Esto resultaría en un claro beneficio para su salud y en su calidad de vida.

¿Qué fue lo que te mantuvo firme en este camino que te propusiste?

La formación continua fue un pilar para mí, que me mantuvo firme en este camino propuesto. Continuar adquiriendo herramientas en el ámbito clínico, especialmente, e intercambiando miradas con otras disciplinas ha sido una excelente fuente de alimentación y a la vez de difusión. Los profesionales de diferentes áreas fueron conociendo paulatinamente el enfoque de mi trabajo y modo de intervención.

Mi convicción y compromiso con el objetivo de profesionalizar la disciplina me ha llevado a emprender variadas acciones y asumir continuamente desafíos.  De esta forma las renovadas propuestas son para mí oportunidades, escalones, nuevos bastiones que me motivan.

Es así como acepté la función como Coordinadora del Centro Regional Santa Fe de Orientadores Familiares, provincia en la cual resido. El objetivo de la Red de Centros Regionales que lanzó el Instituto de Ciencias de la Familia es ayudar a los graduados a fortalecerse profesionalmente e insertarse en el ámbito laboral. Este fortalecimiento se irá concretando a través de diferentes actividades propuestas por los coordinadores y colegas de manera colaborativa: ateneos, supervisiones, intercambio de experiencias, capacitaciones, etc. Es fundamental en este proceso de fortalecimiento que los familiólogos podamos mantenernos en contacto, enriquecernos mutuamente y trabajar en red.

¿Podrías contarnos por qué viajaste recientemente a la Universidad de Navarra?

Viajé a fines de agosto a Pamplona (Navarra, España) a conocer y aprender la metodología de trabajo de la Unidad de Diagnóstico y Terapia Familiar (UDITEF) del Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica de la Clínica de la Universidad de Navarra (CUN). Se denomina “clínica” pero es un hospital universitario, al que concurren profesionales de distintos países a formarse y perfeccionarse en las diferentes disciplinas. Durante un mes, pude asistir a jornadas de trabajo completas con los profesionales del equipo de UDITEF, adquirir conocimientos y herramientas para mi trabajo con parejas y familias en conflicto. Fue una experiencia muy enriquecedora, de gran crecimiento personal y profesional.

¿Qué características podrías identificar en los O.F. graduados de la Universidad Austral y los O.F. de España?

En Navarra comprobé que los profesionales que se dedican al abordaje e intervención de familias tienen otras profesiones de base (psiquiatras y psicólogos) y luego se especializan en familias y parejas. Y los orientadores familiares se dedican a dar conferencias a padres; no es carrera universitaria en España.

Advertí que la formación de grado que tenemos los orientadores familiares argentinos (del ICF, U. Austral) resultó innovadora para ellos y lo recibieron de manera positiva, fundamentalmente valoraron la formación específica desde el primer año de cursada de la carrera. El término “familiólogos” despertó simpatía y curiosidad. Me sentí muy respetada profesionalmente y estoy inmensamente agradecida a todos ellos por su valoración y reconocimiento. Volví a Argentina con la satisfacción de que ha valido la pena verdaderamente emprender esta vivencia.

Antes de ir a España, pensaba que la O.F. allí estaba más consolidada que en Argentina. Sin embargo, luego de intercambiar con otros profesionales del área, arribé con sorpresa a la conclusión de que el camino que está haciendo nuestra profesión en Argentina avanza a paso firme y creciente.

Esto reafirmó mi percepción de la posibilidad de consolidar las relaciones entre ambas instituciones: por un lado, el ICF Universidad Austral (Argentina) y por otro, el ICF Universidad de Navarra y la UDITEF de la Clínica de la Universidad de Navarra (España). Considero que fortalecer las relaciones entre ambas sedes permitiría un notable crecimiento en el trabajo conjunto, que potencie el intercambio y entrenamiento profesional calificado, e impulse a los alumnos y graduados a un sólido ejercicio de la profesión.

Estoy convencida de que el camino que estamos haciendo en Argentina los familiólogos tiene sólidos pilares, y nuestra disciplina ha venido para quedarse y crecer. Somos cada vez más los profesionales que nos insertamos laboralmente en diferentes áreas y vislumbramos posibilidades de crecimiento. Es por esto que animo a los estudiantes y colegas a formarse de manera comprometida y a desempeñar su tarea con gran profesionalismo y pasión.