¿HOY ES POSIBLE EDUCAR EN LOS VALORES?
(2° parte)


Formación y educación:

Hoy estamos viviendo una crisis de valores que conduce a nuestros jóvenes a la degradación. Se admiten como lícitas acciones que no son naturalmente buenas. Por otra parte daría la impresión que hablar de valores está de moda. Es un tema que interesa a todos, nos congrega y nos muestra la importancia de replantear la educación de las personas en su sentido más profundo.

Los valores movilizan, atraen, aproximan, ya que están presente en todos nuestros actos. Cada vez que tomamos una decisión priorizamos valores. Por eso es imprescindible encauzar a la sociedad por caminos rectos. Familia, escuela y sociedad han evolucionado, pero hay unos principios intangibles a los cuales debemos ser fieles para que la educación dé frutos verdaderos.

Ser optimistas es un deber que debemos imponernos, porque tenemos al alcance de nuestras manos herramientas que nos permitirán superar los obstáculos que se presentan para llevar adelante esta tarea con éxito.

Distinguiremos en la formación de la persona tres niveles: la Materia, la Inteligencia y la Voluntad. Las tres forman el ser único e indivisible que es el ser humano.

En su desarrollo intervienen la transmisión genética, por un lado y el ambiente exterior, por otro; este último a través de los procesos de Adiestrar, Instruir y Educar.

No podemos valorar el predominio de la genética respecto al aprendizaje en términos de valores absolutos, pues dependerá en cada caso, de la influencia del ambiente.

En la tarea de educar, los valores son los protagonistas mientras acompañamos al niño en el proceso de ser persona. Tomamos la palabra educar en el sentido social, ético y moral que se conecta directamente a la formación de la voluntad, ya que se produce en la persona un movimiento de adentro hacia afuera que involucra todo su ser.

Cuando hablamos de adiestrar nos referimos al cuerpo cuya tendencia natural es la satisfacción de los sentidos (practicar deportes, ejercicios físicos), en este aspecto la influencia genética es del 78% y del aprendizaje sólo el 22%. Por lo tanto las características físicas, fuerte o débil, alto o bajo influirán de forma directa en el desarrollo de cualquier deporte. En el proceso de instruir la inteligencia tiende naturalmente a buscar la verdad (adquirir conocimientos, aprender), aquí la influencia genética (52%) es semejante con la ambiental (48%). Es interesante destacar que cuando nos expresamos en términos de educar la tendencia de la voluntad es “querer hacer el bien” (querer ser ordenado, estudioso, ayudar a los demás) y la influencia genética es del 29% en contraste con la influencia del ambiente que es del 71%. Éstos datos ponen de manifiesto la importancia de nuestra labor educativa centrada en la formación de una voluntad firme que los impulse hacer buen uso de su libertad con compromiso y responsabilidad.

Períodos sensitivos:

Es importante tener intencionalidad educativa a la hora de elegir los medios que facilitará nuestra labor como formadores.

Fernando Corominas destaca la necesidad de conocer la significación que tienen los Períodos Sensitivos como “lapsos de tiempo” que predisponen a una acción en una determinada etapa de la vida.

En todos los seres vivos existen Períodos Sensitivos, no voluntarios, en los que el organismo tiende intuitivamente a realizar una acción.

Son momentos en la vida de los niños en los que el aprendizaje se realiza de forma natural, como si todo su ser se viera estimulado a actuar en un determinado sentido. Momentos en los cuales es más fácil y natural educar ciertos hábitos, ya que los niños se encuentran especialmente predispuestos.

Se habla de períodos porque corresponden a una determinada etapa de la vida, y sensitivos porque son independientes de la voluntad. Durante estos períodos se obtienen resultados altos con un nivel bajo de esfuerzo.

Son irrepetibles, porque suceden una sola vez en la vida y desaparecen con la edad adulta (alrededor de los 20 años). Hasta los 12 años tiene lugar el 80% de estos períodos, por lo que la educación cobra especial importancia en esta etapa.

Destaca Corominas que “los animales irracionales viven los Períodos Sensitivos de forma automática, no pueden oponerse a ellos ni modificarlos. Pero en las personas se dan unos fenómenos diferenciales específicos que nos liberan de todo tipo de determinismo”.

Las personas somos seres libres y responsables, con voluntad propia, capaces de entender y razonar. Gracias a esa voluntad podemos dominar, modificar o anular, si así lo deseáramos, nuestros propios Períodos Sensitivos. Podemos negarnos a llevar a cabo una acción prevista cuando nos corresponde y realizar esa misma actividad una vez que el Período Sensitivo correspondiente haya concluido. Llevar a cabo cualquier acción fuera de este tiempo natural adecuado exigirá de nosotros mayor fuerza de voluntad, por lo tanto costará más esfuerzo y los resultados no alcanzarán la misma excelencia.

Si tomamos como ejemplo a un niño de seis años veremos que es capaz de aprender además de la lengua materna, otro idioma sin esfuerzo ya que se encuentra transitando el Período Sensitivo del habla. Un joven de 20 años que no ha tenido oportunidad de aprender otro idioma, podrá hacerlo, pero deberá esforzarse, dedicarle más tiempo y constancia para alcanzar resultados similares.

El niño pequeño basa su aprendizaje en la capacidad que tiene de imitar. Esta capacidad actúa acompañada de un Período Sensitivo expresado en las “ganas de repetir la acción” que ha observado. Por lo tanto este proceso no se realiza sin tener un modelo que imitar. Los niños desarrollan sus cualidades gracias a los estímulos recibidos y a su condición ser libres y responsables.

Para ser un artista no basta poseer los genes apropiados o el talento. Además es necesario convivir con el maestro y tener ocasión de imitarlo. Si se aplican estas ayudas a niños de talento innato alto siempre estarán en ventaja sobre los demás.

Hay que tener en cuenta que el niño puede negarse a cooperar y aquí es cuando cobra mayor importancia el tema de las motivaciones. Los pares debemos desarrollar todo nuestro arte en este sentido para que el niño quiera hacer suyo todo este aprendizaje, que reflejado en hábitos se convertirá en virtudes humanas, si tienden al bien y son queridos por la voluntad.

La formación de hábitos:

El hábito es un modo de proceder adquirido por la repetición de actos iguales, no es una tendencia natural, se logra mediante el acostumbramiento y se adquiere por la práctica.

Según David Isaacs el acto sólo se repite si existe algún tipo de exigencia. Se puede exigir a los hijos para que hagan cosas (exigencia operativa) o para que no las hagan (exigencia preventiva). Éste último tipo de exigencia impide que el niño corra un peligro innecesario o desarrolle un hábito perjudicial.

Al principio es necesario poner esfuerzo en la realización del acto. Cuando podemos prescindir de este esfuerzo y el acto se repite fácilmente hemos conseguido el hábito o estamos en camino de hacerlo.

Un hábito no se adquiere obligando o coaccionando al niño, él debe querer hacer esos actos. Los hábitos se adquieren mejor por medio de: “Actos libres repetidos con esfuerzo”. Libres significa: Actos conscientes y queridos por la persona que los hace.

Según sea el hábito repetido bueno o malo, dará lugar a las virtudes o a los vicios. Es la intención quien define la bondad o maldad de un hábito. Hay que tener en cuenta que los hábitos siempre modifican al sujeto que los adquiere. Las acciones que el hombre lleva a cabo siempre repercuten sobre él mismo, aunque sea en pequeña escala. Siempre sufre un desgaste o una mejora.

Un hábito puede adquirirse en cualquier momento de la vida, hay que querer adquirirlos y poner los medios. Pero como ya dijimos será más sencillo hacer huella durante el Período Sensitivo.

El peligro de los hábitos es que se conviertan en rutina, porque los actos acaban en sí mismos y no tienen una finalidad.

Nuestro objetivo es: educar para ayudar a los hijos a crecer en virtudes. Para que haya virtud los actos deben estar orientados al bien. Los hábitos operativos buenos perfeccionan las facultades del hombre para conseguir la verdad y la bondad y deben quedar plasmados en su formación integral.

Cristina Arruti de Alais.
Orientadora Familiar

 
 
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