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En la modernidad, al fuego de la
invención, junto con el combustible
del interés, se debe gran parte
del crecimiento de las sociedades
y el bienestar de las personas 1
(“The fire of invention, the
fuel of interest”, expresion
utilizada en la Conferencia de Abraham
Lincoln “Lecture on Discoveries
and Inventions”, en febrero
de 1859 en Jacksonville, Illinois.)
En un sentido más profundo,
Juan Pablo II ha dicho que “Existe
otra forma de propiedad, concretamente
en nuestro tiempo, que tiene una importancia
no inferior a la de la tierra: es
la propiedad del conocimiento, de
la técnica y del saber. En
este tipo de propiedad, mucho más
que en los recursos naturales, se
funda la riqueza de las Naciones industrializadas[...]”.
“Así se hace cada vez
más evidente y determinante
el papel del trabajo humano, disciplinado
y creativo y el de las capacidades
de iniciativa y de espíritu
emprendedor, como parte esencial del
mismo trabajo [...]”.
“Hay, además, diferencias
específicas entre estas tendencias
de la sociedad moderna y las del pasado
incluso reciente. Si en otros tiempos
el factor decisivo de la producción
era la tierra y luego lo fue el capital,
entendido como conjunto masivo de
maquinaria y de bienes instrumentales,
hoy día el factor decisivo
es cada vez más el hombre mismo,
es decir, su capacidad de conocimiento,
que se pone de manifiesto mediante
el saber científico, y su capacidad
de organización solidaria,
así como la de intuir y satisfacer
las necesidades de los demás
[...] 2
(Juan Pablo II, Encíclica Centesimus
Annus, 1 de Mayo de 1991, Nro 32.)”. |
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