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Patricia-NigroPor: Patricia Nigro

El nivel de agresión verbal a la que han llegado las conversaciones en las redes sociales en la Argentina es más que preocupante. No me refiero sólo al discurso de los políticos en las redes (lo que merecería un extenso capítulo aparte). Me refiero a la conversación digital entre ciudadanos, especialmente, en las grandes redes sociales: Facebook y Twitter.
Hace unos días, la investigadora Adriana Amado afirmaba con ironía que pareciera que lo importante es mostrarnos indignados. Las palabras deben ser escuchadas. Siempre les digo a mis estudiantes: pongan oído a la palabra.
In-dignado. No es solo lo que nos explica el Diccionario de la lengua española. Hemos perdido la dignidad propia y el respeto por la ajena cuando discutimos -ya que estamos muy lejos de un diálogo- en las redes.
El ser humano se distingue de los animales, según Aristóteles, por ser zoón logón: animal que piensa/habla. Lógos en griego es tanto pensamiento como palabra. La relación entre pensamiento y lenguaje fue y sigue siendo estudiada, aunque eso merece también otro espacio.
Me apena la violencia verbal y el lenguaje del odio que leo, porque participo en la redes sociales. Me asusta la falta de cortesía verbal entre los que escriben. Todo se reduce a lo que de chicos podríamos haber dicho: “o sos su amigo o sos el mío”. O, si se prefiere mirarlo desde lo político, como lo planteaba el Perón del 45, o sos peronista o sos contra.
Ser contra, ser adversario, ser enemigo, esta es la forma en que vemos a los que no piensan como nosotros. Esto daña gravemente el tejido social y a la democracia. Porque la democracia se basa en el diálogo colaborativo y no destructivo. El diálogo que, como dice el inglés David Bohm, hace que la idea del otro y mi idea den origen a una nueva idea, que nos complementa y enriquece, no que nos opone.
Se trata de intentar seriamente mirar la realidad desde otro punto de vista, de pensar que al otro también le asiste la razón, como dirían los teóricos de la argumentación.
Nadie puede forzarnos a elegir un lado u otro. Aquí no podemos gastar energías en crear bandos en lucha. Somos hermanos argentinos, tengamos la ideología que tengamos. Somos personas que merecemos respeto. Necesitamos aprender a vivir en diálogo con los demás.
No tenemos que aceptar más el destrato, la falta de escucha, la viralización de las noticias falsas, las cuentas de Twitter sin nombre y apellido, que no quiere dar su nombre para insultar, ni de un tuitero pago, ni un bot.
Los verbos en las redes son calumniar, injuriar, insultar, discriminar. Envenenan la conversación digital y nos degradan. Es hora del silencio y de pensar antes de postear. Pienso, luego posteo. Esa es la consigna: pienso que el otro y yo somos iguales.
Hace un mes, Belén Amadeo en el congreso de la Sociedad Argentina de Ciencia Política, proponía, como modo de salir de la “grieta”, recurrir a la fraternidad, concepto olvidado de los tres principios de la Revolución Francesa. Viene bien, entonces, recordar una vez más, las estrofas proféticas del Martín Fierro: “Los hermanos sean unidos/porque esa es la ley primera/porque si entre ellos pelean/los devoran los de afuera”.

Fuente: Perfil.com

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