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FacchiaPor Eduardo Fracchia

Los motores del crecimiento para la economía este año -que el Gobierno calcula en torno del 3%- serán la obra pública, el agro y la energía. La industria manufacturera, por su parte, acompañará a un ritmo menor. Para la Unión Industrial Argentina (UIA), el rebote del sector estará entre el 1 y 3%, dependiendo mucho de Brasil y del mercado interno.

El sector manufacturero es clave para la economía y se enfrenta a una recuperación débil. Sólo logrará un crecimiento sostenido si se recupera la competitividad, teniendo en cuenta que casi todas las ramas cayeron en 2016, lo cual ratificó una tendencia iniciada en 2011. Ese año, el panorama de la industria comenzó a complicarse luego de un ciclo expansivo favorable que había comenzado en 2003 y que fue interrumpido por la crisis internacional de 2008.
Por tipo de bienes, el mayor retraso en 2016 se dio en los de consumo durable y la menor caída, en los de consumo no durables y en los de capital. La baja del PBI sectorial en 2016 fue liderada por las industrias de metales básicos, acero, automotriz y minerales no metálicos, y por la construcción. Por otro lado, la capacidad instalada industrial se ubicó en 67% en abril de este año, un nivel equivalente al de la salida de la crisis en 2001.

En cuanto a algunas ramas específicas, la de alimentos sufrió una retracción de 11% en 2016. El sector de maquinarias y equipos está en marcado descenso, condicionado por la evolución del rubro de las automotrices, que fue desfavorable. En el caso de papel y cartón, la contracción fue de 4%, lo que constituye la caída más pronunciada de los últimos 10 años. Mientras tanto, todas las industrias vinculadas al agro crecieron: aceites, harinas, agroquímicos, fertilizantes, maquinaria agrícola y camionetas, por lo que se vieron los frutos del impulso explícito a este sector.
La marcha de la actividad está en función del contexto internacional, de la recuperación de Brasil y de la respuesta del consumo de los hogares a los nuevos precios relativos. El país vecino supone el 40% de nuestras exportaciones industriales, y en los últimos 50 años cuando se contrajo la economía de Brasil, la industria local cayó en el 70% de los casos.

Además, la alta tasa de interés actual afecta el financiamiento de la inversión y genera impactos en la cadena de pagos y en el proceso productivo, en especial en las pymes.

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Existe un debate muy intenso entre apertura o mayor protección. Los rubros con mayores incrementos en cantidades importadas fueron los bienes de consumo, con un suba del 17% interanual, y los vehículos de pasajeros. Hay sectores sensibles como el textil, el del calzado y el de la informática, que se ven amenazados por los flujos de importación.

Otra variable significativa en la potencial recuperación de la industria está en los costos recientes. Los costos de logística subieron 41%; los energéticos, entre 60 y 600%, y los salarios, 30%. Es clave la mejora crediticia, comercial y tributaria para la recuperación industrial.

El bajo nivel de actividad influye en la menor inversión de las pymes industriales. En noviembre de 2016 sólo el 36% de las pymes industriales estimaba que era buen momento para invertir, contra un 45% en 2015.

La industria es la actividad que genera mayor empleo formal en la economía, en especial en las pymes. Para la consolidación del modelo de crecimiento del Gobierno es clave que la industria recobre dinamismo.

 

Fuente: La Nación

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