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messiSebastián Blasco
Profesor de la carrera de psicología

Algo pasó en la Copa América Centenario. Tal vez sea la foto en el banquillo de acusados en España. O quizás el advenimiento de su tupida barba. A lo mejor los dichos de Maradona sobre su falta de carácter y personalidad. O quién sabe, las permanentes críticas recibidas luego del encuentro contra Brasil.

Lo que sí sabemos es que, luego del último torneo continental, hemos visto un Messi diferente. Por momentos enojado, enfático en sus declaraciones. Por otros, sonriente y feliz. Inclusive vimos cómo se equivocó y erró un penal decisivo. Lo vimos irse sólo. Llorar con congoja. Lo vimos rendirse y renunciar.

Al igual que Romero se convirtió en héroe en la semifinal contra Holanda. A partir de USA 2016, a los ojos del mundo deportivo, Messi se convirtió en humano. Claro, porque casi por un instante nos convencieron de que Messi no era de este planeta. Por un momento pretendimos que sólo se remitía a ejecutar movimientos programados en un engranaje perfecto, que no podía fallar, que era imbatible. Creímos que no podía sonreír, ni llorar, ni siquiera disfrutar.

Tantas veces se le ha reclamado que nunca aparece en los momentos más difíciles. Y ayer apareció. Brilló en todo su esplendor. No solo por el juego demostrado, sino por su embestidura de líder, su autoridad moral, el despliegue de su potencialidad, la manifestación de su yo interior. Este entusiasmo vital –eustrés-, esta pasión que surge como camino encontrado, se capta. Se contagia.

El triunfo de anoche dio tranquilidad. Un manto de alivio. Posibilitó descomprimir una situación tensa. De esta forma, el equipo puede confrontarse nuevamente con sus logros recientes para retroalimentar su autoconfianza; convertir la presión en el motor de la conducta; conectarse nuevamente con el deseo más profundo por el cual juegan al fútbol: el disfrute del juego.

Mucho se ha hablado sobre la relevancia del partido contra el seleccionado colombiano. Estos últimos días hemos escuchado diferentes tipos de cuestionamientos sobre modalidades de juego, estrategias a implementar, nóminas de jugadores, etcétera.

Pero, ¿realmente era un partido determinante? ¿Realmente se “jugaba la vida” en esta instancia? De la misma forma, ¿este triunfo aplaca el ánimo popular? ¿Soluciona la crisis institucional en el cual se encuentra inmersa la selección? En última instancia, ¿por qué medir el éxito a través de los resultados?

Frente a la falta de un proyecto, un horizonte al cual aspirar, uno se encuentra atado a los rendimientos tangibles o la aparición de un genio que mágicamente solucione todos nuestros problemas. Messi es un mago sin magia. De esta forma, frente a una situación desfavorable no existe una matriz que sostenga, y sobreviene la desesperación. Recae la presión sobre el genio/salvador. Se le pide más de lo que puede dar.

Liderar es inspirar, para que el otro pueda dar lo mejor de sí. Messi estuvo inspirado e inspiró en sus compañeros y en los espectadores una posibilidad de cambio. Nos permitió encontrar el equilibrio anhelado.

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