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Universidad-Austral-comunicacion-mascotas-animales-presencia-vida-cotidianaPor Juan Pablo Cannata*

“Balcarce era una anécdota, una nota simpática, pero después apareció un interés muy grande de parte de la audiencia”. Así explicó en una entrevista reciente, Julián Gallo, coordinador de redes sociales de Mauricio Macri.

Una chica del equipo lo encontró en la calle y lo adoptó a mediados de 2015. Pero, como no tenía lugar en su casa, pasó a vivir en la sede Balcarce de la campaña del PRO: de ahí su nombre. En ese momento, se transformó en la mascota oficial del partido y, el 17 de enero de este año, en el primer perro en ocupar el sillón presidencial. El post de Facebook recibió 263.390 “me gusta” y fue compartido 59.596 veces hasta el momento en el que escribo este artículo. Además, contó con una cobertura tipo cadena nacional en la prensa. Es, posiblemente, el post con más apoyo en la historia de la política argentina.

Un poco antes, la nueva administración nacional había anunciado que los esperados billetes de 200, 500 y 1000 llevarían imágenes de animales autóctonos. Y, entre los problemas del inicio de mandato -mientras Horacio Rodríguez Larreta se reunía con los “mascoteros” en el Parque Lezama para conversar sobre cómo hacer una ciudad más amigable para los animales-, le explotaba al gobierno porteño la controversia sobre el posible cierre del Zoo de Buenos Aires, desgastado por la mala gestión y espoleado por la acción sistemática de grupos activistas. Unos días después, se clausuró por tiempo indefinido el zoológico de Mendoza, como respuesta a lo que han sido, en principio, muertes de animales producidas por sabotaje: finalmente, reabrió a principios de febrero.

¿Es posible reconocer un elemento constante detrás de estos acontecimientos concretos? Los resultados de una investigación sobre cambios culturales y nuevas agendas sociales realizados por el Centro de Estudios en Comunicación Aplicada (CECAP) de la Universidad Austral permiten hablar de una variación en el trasfondo: se verifica un nuevo marco moral en la consideración hacia los animales. Crece un acercamiento emocional que supera la simpatía y avanza hacia reclamos concretos por el buen trato y la calidad de vida, que está asociada a una des-cosificación animal y a la construcción de un vínculo menos invasivo por parte de los humanos.

Concretamente, impacta en diversos niveles de la vida: desde los modelos de entretenimiento, como circos o programas de televisión, pasando por el rol de las instituciones vinculadas al mundo animal, como zoológicos, hasta la atención y origen de las mascotas, los estilos nutritivos, de vestimenta, e, incluso, de la producción de alimentos. La nueva sensibilidad se ubica en un mapa de temas emergentes, cercano al cuidado del medioambiente, la promoción de la vida sana y en contacto con la naturaleza, la lucha contra la minería a cielo abierto, el repudio de los alimentos transgénicos de Monsanto, la promoción de una sociedad libre de humo, las restricciones en el consumo de azúcar…

Esta realidad, que ha evolucionado sin pausa durante los últimos cinco años, comienza a presionar a agentes públicos y privados para que actúen teniendo en cuenta la nueva sensibilidad manifiesta. Sin embargo, el desafío no es sencillo: si bien el marco es claro, los matices aún son difusos. Por ejemplo, si adoptáramos una renovada ética respecto a la igualdad de los animales: ¿bajo qué criterios se definirían los estándares del vínculo?; ¿podría considerarse un delito que una mascota viva encerrada en un departamento o comer un asado? Actualmente, en España el maltrato animal puedo constituir un tipo penal.

En definitiva: ¿estaríamos dispuestos a cambiar radicalmente nuestros hábitos de consumo y confort que en gran medida son responsables de la devastación de los hábitats naturales en los que los animales deberían vivir? ¿Cómo podría establecerse un equilibrio en la relación entre el medioambiente y todos los seres vivos, y qué lugar ocuparía el ser humano en ese equilibrio?

Estas preguntas, un tanto provocadoras, reflejan la profundidad del debate que la “asunción de los animales al poder” es capaz de despertar. Si bien hasta el momento las señales institucionales son superficiales, no dejan de constituir un indicador de que esta agenda emergente proyecta importantes implicancias para la vida cotidiana. Entender cuáles son y generar los diálogos necesarios para canalizar la nueva sensibilidad en cambios concretos, graduales y viables, es un desafío de primera necesidad en una sociedad del siglo XXI marcada por el eje consenso/disenso como gran mecanismo central constructor de comunidad.

Fuente: una versión de este artículo fue publicada en Clarin el viernes 19 de febrero.

* El autor es profesor e investigador del proyecto “Discurso Público y Agendas Sensibles Emergentes” de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral.

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