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Universidad-Austral-facultad-comunicacion-sensibilidad-animales-politicaPor Juan Pablo Cannata *

El año 2015 consolidó la aparición de una nueva agenda en el debate social argentino y mundial: el (mal) trato hacia los animales. Quizás el hecho institucional más relevante haya sido el fallo de la jueza Elena Liberatori que hizo lugar a la acción de amparo interpuesta por la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (Afada), que solicitaba que la orangutana Sandra fuera considerada “persona no humana” -y, por lo tanto, sujeto de derechos- y que fuera trasladada a un lugar donde pudiera vivir dignamente sus últimos años, en este caso, un santuario en Brasil.

Un estudio desarrollado en la Universidad Austral muestra una realidad más profunda detrás de este hito: algo está cambiando en la sensibilidad de la gente. A través del análisis del discurso público en las redes sociales y de resultados de estudios cualitativos realizados en la ciudad de Buenos Aires, se percibe un nuevo paradigma subyacente que pone a los animales en el centro de las preocupaciones morales de los ciudadanos. Esta tendencia se acentúa si los participantes poseen mayor educación y menor edad, por lo que es posible inferir que tenderá a consolidarse en el futuro. Si bien estos métodos no sirven para determinar la extensión del fenómeno, se verifica la existencia de una “teoría disponible”, con vocabulario propio, sus marcos de análisis y una proximidad con el tema que permite constatar un cambio en el mundo de la vida cotidiana de la sociedad.

El tema no distingue entre nuevos y viejos medios, y cada vez ocupa más y más espacios empujado por la acción de grupos promotores de los derechos de los animales, así como por activistas individuales que se sienten parte de una causa a través de los modos de participación que ofrecen las redes sociales y otras plataformas digitales. La ONG Change.org, un sitio que sirve para promover causas sociales, publicó en octubre un barómetro de la participación de los argentinos. El tema “derechos de los animales” constituyó el 16,4% de las causas creadas en el país, dos puntos por encima de “derechos humanos” (14,3%) y sólo superado por “justicia económica” (19,1%).

Las narrativas de los grupos promotores apuntan a generar conciencia de las situaciones de maltrato y concluyen con un call to action, es decir, una exhortación concreta a involucrarse. Las consecuencias sociales de estos cambios de sensibilidad decantan en cambios en la conducta alimentaria (veganos, vegetarianos, naturalistas), nuevos criterios en la relación con las mascotas (privilegio de rescatar o adoptar mascotas antes que comprarlas), estilos de esparcimiento y críticas a organizaciones como zoológicos o circos.

La discusión sobre la legitimidad social de los zoológicos se ha convertido en una de las banderas principales de los grupos activistas y la visibilización de los problemas de infraestructura y de las malas condiciones en que viven los animales del zoo porteño parece haber llevado a un veto social a la organización. A principios de año, se filtró en los medios la noticia de que se cerraría el Zoológico, pero luego se rectificó la información y se dijo que, ante un tema tan complejo, se está creando un equipo de trabajo para ver cómo seguir. Dos cosas quedan claras en sus declaraciones: reconoce una demanda social (“La gente está pidiendo una solución que aún no le hemos dado”) y postula el bienestar de los animales como valor central (“El tema es muy complejo y nuestra prioridad siempre serán los animales”). Sumado a esto, los incidentes recientes en el zoológico de Mendoza, por las muertes provocadas de animales, llevaron a clausurarlo por tiempo indefinido.

Estas nuevas agendas sensibles presentan una discusión de doble alcance que puede sintetizarse en la disyuntiva institución/organización. El nuevo criterio de juicio público activa expansiones de disenso en la sociedad y la discusión sobre el zoo porteño que sobrevuela la agenda mediática y de las redes sociales pone una pregunta sobre la mesa: la nueva sensibilidad impugna al zoo porque no cumple con los estándares adecuados ni con la función social que se espera de un zoológico, o el reclamo es más radical y apunta a la desaparición de todos los zoológicos. En México y varios otros países ya se ha prohibido la participación de animales en shows circenses o eventos del estilo. Con todo, Pudsy, un perrito que bailaba asombrosamente acompañando a su compañera-entrenadora Ashleigh, ganó el concurso televisivo Britain’s Got Talent (aquel que catapultó a la fama mundial a Susan Boyle) en 2012.

Las agendas sensibles emergentes se construyen a partir de teorías, palabras, emociones y prácticas de la vida cotidiana. Primero aparecen como rarezas, pero, poco a poco, se transforman en hechos sociales relevantes e impactan en las conductas, hasta que se vuelven criterios de juicio público y comienzan a colarse en determinaciones institucionales, como fallos judiciales o proyectos de legislación. Finalmente, se consolidan como una nueva normalidad. La sensibilidad por el cuidado de los animales -a la que hasta el papa Francisco ha puesto voz, en su encíclica Laudato Si’- está generando una revolución que ya no es silenciosa. El zoo de Buenos Aires ha puesto el tema en agenda nuevamente. La sociedad zigzaguea movida por tensiones convincentes, los políticos se esfuerzan por acertar en el curso de acción. Como proponía Tocqueville, las leyes y las decisiones ejecutivas suelen recorrer el camino que demarcan las costumbres. La brújula de las costumbres indica una dirección clara, pero las brújulas deben servir para recorrer un terreno real y, en este caso, la orografía parece de lo más escarpada.

*Investigador del proyecto Discurso Público y Agendas Sensibles Emergentes de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral

Fuente: La Nación

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