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Universidad-Austral-Derecho-Escuela-Gobierno-reforma-electoral Por Federico Landera
Experto en Derecho Electoral de la Escuela de Gobierno, Universidad Austral
(Nota publicada en el diario Clarín)

Durante las últimas semanas hemos asistido al planteo público sobre la necesidad de reformas al sistema electoral, pero es muy importante marcar la diferencia entre las reformas electorales y los cambios electoralistas.

Para que el sistema electoral en su conjunto pueda funcionar adecuadamente, hace falta una fuerte vocación política de todos los partidos políticos, los gobiernos de las provincias y del gobierno nacional, que permita estructurar reglas comunes, metodologías de selección uniformes y un sistema de control acorde a esta compleja realidad.

Los pasos que deberíamos seguir comienzan precisamente con el estudio de la realidad que mencionamos, pero no solo la realidad jurídica o el “deber ser” plasmado en las normas, sino también la realidad que nos muestra la práctica política de los últimos 30 años.

TUniversidad-Austral-Derecho-Escuela-Gobierno-reforma-electoralomemos el sistema fiscalización del comicio. Supone la existencia de suficientes afiliados en cada partido político que permita no sólo reponer las boletas a medida que se acaban, sino también impugnar y recurrir votos, contar cada una de las boletas que se encuentran en las urnas, llenar una planilla, cotejarla con el resto de las planillas de las autoridades y requerir las firmas de las autoridades de mesa y de los fiscales de otros partidos presentes al momento de contabilizar los votos antes de cerrar las urnas.

Para que cada partido cuente con la cantidad de afiliados necesarios, la Constitución Nacional los reconoce como instituciones fundamentales del sistema democrático y les garantiza financiamiento permanente. Los partidos deberían realizar campañas de afiliación que les permitan aumentar el número de afiliados, lo cual les daría la capacidad de controlar el comicio. Pero la realidad nos muestra que, a lo largo de estos 30 años, los políticos se han preocupado poco o nada por hacer las cosas de este modo. ¿Recordamos alguna campaña de afiliación o de simple difusión de ideas partidarias? ¿Podemos apreciar un gasto en los años no electorales para estas actividades?

El sistema de control no es malo, pero no nos muestra una fotografía siquiera similar a la realidad. La encrucijada actual es si debemos cambiar al sistema en este punto para adecuarlo a esta realidad o cambiar otros puntos del sistema para lograr intensificar los controles para que la actividad cotidiana se asemeje al sistema. Pero en cualquiera de estas opciones, el sistema debe ser modificado.

Por otra parte, esta realidad nos muestra que, hasta el momento, no ha existido dicha vocación de diálogo, consenso y búsqueda de un buen sistema electoral que tenga al elector como centro de la escena.

Para que la reforma sea legítima tiene que plantearse en el marco de un debate serio y profundo que analice todos los aspectos que requieren una revisión.

La boleta actual, impresa, distribuida y repuesta en cada lugar de votación cuando se acaban por los partidos políticos es uno de los tantos aspectos a discutir, pero probablemente no sea el más relevante (y claramente no es el único). Entre otros encontramos: la multiplicidad de elecciones, las diferentes regulaciones en cada provincia, los sistemas de financiamiento público y privado de cada una (con sus controles de legitimidad), un completo fuero judicial exclusivamente dedicado a temas electorales que permita unificar criterios, la institucionalidad de los partidos políticos y su existencia “real” como tales, y la publicidad electoral.

Podrá ser el momento de plantear el debate, de acercar propuestas y discutir proyectos, pero no es éste el momento para sancionar una reforma. El proceso electoral debe comenzar y finalizar con las mismas reglas de juego. Una modificación en este momento puede traer más problemas que soluciones, pero no tanto por la dificultad logística que claramente existiría, sino porque es imposible suponer un debate serio e informado en el corto tiempo que queda hasta octubre.

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