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Por Iván Mantello
Facultad de Comunicación

Más de 250 fanáticos de la robótica de todas partes de la provincia se reunieron durante la mañana del sábado 22 de agosto en el Hall central de la Universidad Austral convocados por la Facultad de Ingeniería.  Combis de larga distancia, remeras y buzos distintivos, cajas de herramientas, computadoras y robots decoraban la cuarta edición de Robocom que estaba por comenzar. Una jornada entera con 87 robots, 7 categorías y tan solo 7 ganadores.

Velocidad. Fuerza. Inteligencia. Hay que elegir uno de estos tres conceptos antes de preparar a un robot. “Velocidad” si el robot debe competir en el circuito de carreras. “Fuerza” si debe combatir contra otro oponente para sacarlo fuera del área de combate. “Inteligencia” si el robot debe completar un laberinto donde el margen de error debe ser casi nulo.  Todos los robots cuentan con una serie de sensores que le permitan completar los desafíos. La regla es que no existen controles remotos de ninguna clase: una vez iniciada la prueba los robots dependen de sí mismos.

La jornada abrió con competencias de fuerza. De todas las pruebas, estas eran las que más ánimos despertaban dentro del público. Tres zonas circulares o “tatamis” eran el escenario para los combates al mejor estilo del deporte japonés que le da nombre a la categoría. Sumo Mayores tenía un tatami único, al igual que Sumo Menores y Mini Sumo. Las primeras dos se diferencian en la edad de los fabricantes de los robots, y la última en el reducido tamaño de las creaciones.

Pasadas las 2 de la tarde llegaron los encuentros definitorios. En la categoría Sumo Menores, Toretto ICS llegó a la final y despertó los aplausos de la gente. Camila Ramírez, de 18 años y miembro del Instituto Cardenal Stepinac, explicó: “Venía esperando este evento desde las vacaciones, a Toretto le venimos haciendo mejoras desde el año pasado”. Mientras el referee daba las últimas indicaciones, los celulares de la gente grababan lo que sería el último combate de Toretto. Mientras su rival caía del estadio,  el silencio se transformaba en puro ruido y exclamaciones. Toretto no decepcionó a la afición y se consagró campeón. “La final es un objetivo para el año que viene también, hay que seguir demostrando”, decía Ramírez con respecto al futuro de Toretto.

La final de Sumo Mayores tenía un condimento especial. Padre e hijo se veían las caras. Ambos vinieron de San Nicolás y con mucho esfuerzo trajeron a “Fito” y “Crespin”. El “hijo” Páez, de 22 años e ingeniero eléctrico, contaba: “Cuando armás algo y eso gana, es muy lindo.” Además agregó: “Estaría bueno que hayan auspiciantes, ahora gasto la plata de mi trabajo y un robot de estos están 3 o 4 mil pesos.” Pero ninguna inversión logró evitar que su robot caiga. El padre dejaba en claro a su hijo que todavía le queda mucho por aprender. Fito fue implacable: el mejor de los tres encuentros y el nuevo campeón.

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Cerca de las cinco de la tarde se anunció a los campeones. El robot “Yoda” de la ORT se consagró en Mini Sumo, “Gaturro” de la Escuela Técnica N°1 Juan Labat ganó en la categoría Laberinto, y en las Carreras gano “El Duque” de la ORT.

Existen categorías internas de la Austral, que no suman puntos en la Liga Nacional de Robótica ya que su objetivo es promover la programación y robótica en colegios sin conocimientos en el área. En estas ganaron St Johns y Bedes en la competencia Teseo y el Verbo Divino en la competencia Mercury.

Varios familiares se acercaban a felicitar los esfuerzos de los jóvenes que además de llevarse un lindo reconocimiento, se llevaron una experiencia única. Lograron crear objetos que responden por sí mismos, y a los cuales uno sólo accede desde las películas de ciencia ficción.

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La Universidad Austral está entre las principales universidades del mundo con menos de 50 años y entre las más prestigiosas de América Latina, según QS World University Rankings.