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#NiUnaMenosPor Juan Pablo Cannata
Profesor de la Universidad Austral

Frente a tan noble propósito, varias organizaciones de la Iglesia se sumaron a la marea de apoyos, en sintonía con el punto 212 de la Evangelii Gaudium: “Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos”.

Por otro lado, en la organización específica de la marcha, grupos radicales ideológicos incluyeron la legalización del aborto en un petitorio. Por este punto, sectores conservadores comenzaron una oposición a la campaña.

Mientras la perspectiva general de los medios seguía su curso centrada en la violencia contra la mujer, dos agendas particularistas entraron en colisión y sembraron incertidumbre. Surgió una paradoja sin solución: sumarse y no sumarse a la campaña contradecía igualmente los valores cristianos.

Finalmente, una posición superadora promovió adherir a la campaña con la propia identidad, destacando la dignidad de todas las mujeres, también aquellas por nacer. El aborto no formó parte de la declaración leída en el evento.

Conclusión: cuando promueven causas positivas aquellos que no comparten todo el espectro de los valores cristianos, es posible superar la falsa dicotomía entre aislamiento o disolución, si se apoya lo positivo imprimiendo el sello propio. Eso es, en definitiva, la cultura del encuentro.

Fuente: Revista Palabra

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