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Ángela Corengia | Por la excelencia académicaPor Ángela Corengia

En la Argentina, desde la creación de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), en 1995, se pusieron en marcha procesos de evaluación de instituciones universitarias y de acreditación de carreras de grado y de posgrado.

Hasta mediados de la década de los noventa, las experiencias de autoevaluación institucional habían sido muy limitadas, y la incorporación de las actividades de evaluación a la política universitaria fue resistida por la dirigencia universitaria estatal, con algunas excepciones. También las universidades privadas tradicionales, que habían superado el largo período de fiscalización por parte del Ministerio de Educación, manifestaron su preocupación por las nuevas regulaciones.

No fue el caso de comunidades académicas en ciencias básicas y aplicadas que, a partir de la creación en 1993/4 de la Comisión de Acreditación de Posgrados (CAP) y del Fondo para el Mejoramiento de la Calidad (Fomec), encontraron instancias de financiamiento público orientado a la mejora de la calidad condicionadas a procesos de evaluación externa y formulación de programas de mejora. El Fomec y la CAP se constituyeron los antecedentes de la Coneau.

Actualmente, cuando han transcurrido casi veinte años desde la creación de la Coneau, surge la necesidad de realizar una investigación que permita pasar de las conjeturas y aproximaciones a las evidencias empíricas de la percepción de los actores ante este nuevo fenómeno evaluativo.

Aquí se busca dar a conocer la percepción que los actores institucionales, principalmente directivos de universidades públicas y privadas, tienen acerca del funcionamiento de la Coneau y a su impacto en las instituciones universitarias.

Investigación

Se tuvieron en cuenta cuatro universidades seleccionadas por tipo de gestión (dos estatales y dos privadas), tamaño (dos grandes/medianas y dos pequeñas), año de creación (dos antiguas y dos creadas después de los noventa) y ubicación geográfica (dos del interior del país y dos del aglomerado metropolitano de Buenos Aires).

Como criterios constantes se tuvo en cuenta que las universidades hubieran implementado los tres procesos cuyo impacto se intenta medir: evaluación institucional, acreditación de carreras de posgrado y acreditación de carreras de grado (particularmente se eligieron universidades que tuviesen carreras de grado de medicina y/o ingeniería acreditadas, ya que estas disciplinas fueron las primeras incluidas en el régimen estatal de acreditación obligatoria). Cada caso presenta las siguientes características: Los 48 entrevistados (rectores, decanos, secretarios académicos, directores de carreras y personal relacionado con los procesos de evaluación y acreditación) de los cuatro casos 1) gestión privada, pequeña, creada en la década de los noventa, ubicada en Buenos Aires; 2) gestión estatal, grande, una de las más antiguas del país, ubicada en el interior del país; 3) gestión privada, mediana, creada en la década de los sesenta, ubicada en el interior del país y 4) gestión estatal, mediana, creada en la década de los noventa, ubicada en Buenos Aires) se manifiestan a favor de la existencia de sistemas externos que evalúen y acrediten la calidad universitaria.

Resultados

A continuación, se presenta la percepción y opinión de 48 directivos de los casos seleccionados. En cuanto a la existencia de sistemas que evalúen y acrediten la calidad universitaria en el Caso 1 se argumenta acerca de la “necesidad” de controlar la calidad de la educación y de la importancia de generar mecanismos externos que aseguren reflexión y medición de lo que se está haciendo. La evaluación es considerada imprescindible y esencial a la misma actividad universitaria.

Los entrevistados del caso 2 mencionan la importancia de una mirada externa que complemente las autoevaluaciones, la necesidad de reflexionar acerca de las fortalezas y debilidades, y señalan que es una tendencia mundial.

Para el caso 3, es de destacar la opinión de uno de los directivos del rectorado, quien manifiesta que al principio eran muy “escépticos” y los veían “con rechazo” pero que la “experiencia” les ha demostrado que estos sistemas son “beneficiosos para la universidad, que tiende a veces a encerrarse en sí misma, a enquistarse.”

Para los entrevistados de este caso de estudio, los sistemas de evaluación y acreditación se consideran importantes para el ordenamiento de procesos, la reflexión interna, la comparación y la mejora continua. Se dice que “tienen” que existir, que es “fundamental” e “imprescindible” que estén,  que no se puede concebir un sistema universitario sin estos procesos. Asimismo, se señala que, si el ente que evalúa es del Estado, el proceso se justifica aún más en las universidades de gestión estatal, porque el Estado debe conocer cómo se gasta su dinero y con qué resultados.

Por último, los entrevistados del caso 4 lo perciben como “beneficioso para la propia universidad y para el sistema” y una “buena estrategia de mejora continua”.

Conclusiones

La percepción de actores acerca del funcionamiento de Coneau y del sistema de evaluación y acreditación universitaria argentina refleja fortalezas y debilidades que merecen ser tenidas en cuenta para una mejora del actual sistema.
Cabe destacar que no se hallaron diferencias significativas en la percepción de la mejora de la calidad según tipo de gestión, tamaño o antigüedad de la institución, salvo para el caso de las universidades de gestión estatal por la posibilidad que tienen de acceder a los fondos para la mejora (Promei) de las carreras de ingeniería que hubiesen pasado por un proceso de acreditación; fondos a los que no acceden las universidades de gestión privada. Las diferencias refieren más a las particularidades de cada caso en términos de respuesta institucional por parte de los actores.

Es decir, el impacto varía según el modo, la actitud y la cultura con la que ‘institucionalmente’ responden a estos procesos los actores de las unidades académicas y del rectorado.

Fuente: Perfil.com

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