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Papa Francisco: "Que tengas un corazón muy grande"Por Jorge Rouillon

¿Usted conoció personalmente a san Josemaría? ¿Qué recuerdo tiene de él?

Lo conocí durante su visita a la Argentina en 1974. Estuvo en el país del 7 al 28 de junio, justo un año antes de que se nos fuera al Cielo. Yo tenía 15 años y vine de Córdoba con unos amigos. Ese encuentro claramente me cambió la vida: su entusiasmo, su vitalidad y, a la vez, su normalidad, me marcaron. Siempre he visto mi vocación sacerdotal desde ese encuentro: dar alegría, contagiar entusiasmo, estar cerca de la gente. Pienso que es lo mismo que nos pide el Papa en la Evangelii Gaudium. Durante esos 21 días, San Josemaría realizó una romería a la Virgen de Luján, por quien tenía un cariño muy especial y se reunió con muchísimas familias. Hombres y mujeres, laicos y sacerdotes, que venían no sólo de la Argentina sino también del Paraguay, Bolivia y Uruguay para conversar con él y escuchar su consejo. Lo recuerdo como un padre cariñoso. Quería que todos conociéramos y nos encontráramos con el amor de Jesús y que lo diéramos a conocer en cada lugar donde nos tocara estar: en el trabajo, en el partido de fútbol con amigos, acompañando a un enfermo. Contagiaba ese deseo de ser santos, de ser mejores personas, de amar al Señor amando nuestro mundo, y recordando a la familia de Nazaret, en la que Jesús, José y María se dedicaban a sus quehaceres diarios, nos animaba a imitarlos, a santificarnos con el trabajo, siendo honestos, haciendo las cosas lo mejor posible y por amor al Señor.

¿Qué huella ha dejado en la Argentina?

San Josemaría dejó una huella muy profunda en nuestro país porque dejó una marca en el corazón de mucha gente. Imprimió un amor sincero por los más necesitados y enseñaba que ahí está la verdadera riqueza de la Iglesia, en salir de uno mismo para llevar a todos lados la alegría del Evangelio. Nos animó a involucrarnos y a dialogar. Movilizados por esta enseñanza, muchos hombres y mujeres del Opus Dei promueven a diario numerosas iniciativas solidarias, educativas y sociales que contribuyen a la recuperación cultural, económica y espiritual de muchas familias.

Hace pocos días conocí la historia de una egresada del Colegio Buen Consejo, donde se lleva adelante un proyecto integrador para chicos y chicas que vienen de la villa 21-24 y barrios cercanos. Esta joven es la primera de su familia que logra finalizar, no solo el colegio, sino también, su carrera universitaria. Imaginate la alegría de su mamá, el ejemplo para los hermanitos… Todo lo que queremos hacer en la Obra es ayudar a personas concretas a ser más felices, a animarse a dar un paso hacia el prójimo, a ser más honestas o ser más generosas.

A pocos meses de haber asumido como vicario regional del Opus Dei, tras la partida a Roma de monseñor Mariano Fazio, que es actualmente vicario general del Opus Dei, para todo el mundo, ¿cómo advierte usted el desarrollo de la Obra en esta región? ¿Ya pudo tomar contacto personal con todos los centros y en todas las ciudades?

Viajo constantemente por las provincias y al Paraguay y a Bolivia por mis tareas pastorales. En esta tarea es clave estar cerca de la gente. Buenos Aires -vivo acá desde 2010- y Paraguay conozco muy bien, porque desde el 2001 hasta el 2010 me desempeñé como vicario del Opus Dei en Paraguay, y he vivido en ese querido país muchísimos años y durante todo ese tiempo tuve la dicha de ver crecer la labor del Opus Dei. También Córdoba, que es mi lugar de origen y tengo muchos parientes y amigos. Los demás lugares me van regalando nuevos amigos, con sus historias, sus alegrías y sus penas.

Pienso que estamos viviendo un momento muy especial en la región porque en menos de un mes el papa Francisco, el Papa latinoamericano, visitará Paraguay y Bolivia. Lo esperamos con mucha alegría, y durante todo este tiempo lo acompañamos de un modo especial con nuestro cariño y nuestra oración para que su estadía dé muchos frutos espirituales. En ambos países, un montón de chicas y chicos están preparando el viaje con voluntariado, acompañando abuelos en un asilo o visitando personas hospitalizadas o que viven solas: saliendo de la comodidad propia para ayudar a los demás.

¿Qué aporte hacen los miembros del Opus Dei, sus cooperadores y amigos, a una convivencia positiva en el país?

Un buen cristiano debe ser siempre un buen ciudadano. San Josemaría nos invita a ser sembradores de paz y de alegría allí donde nos toca estar, en la tarea que nos ocupa. El mes pasado, el Papa Francisco en un encuentro con jóvenes decía que “la paz es un producto artesanal. Se construye cada día con nuestro trabajo, con nuestra vida, con nuestro amor”. De esa manera, la paz y la caridad que vamos poniendo en las pequeñas cosas contagia en toda la sociedad. Una madre contribuye a la paz en su familia y también cuando hace las compras, la maestra lo hace en el aula, el empresario en su oficina, el obrero en la fábrica, el taxista en su coche…

Es conocido el impulso de miembros del Opus Dei a emprendimientos de relevancia en el orden universitario, como la Universidad y el Hospital Austral, que con poco más de 20 años figura bien ubicada en “rankings” de evaluación internacionales. ¿Hay iniciativas del Opus Dei orientadas a sectores más populares de la sociedad argentina?

Cuando una persona vive su unión con Dios no puede ser indiferente a las necesidades de aquellos que más lo necesitan. Ciertamente eso es lo que nos ocurre en el Opus Dei y movidos por el mensaje de san Josemaría llevamos adelante labores apostólicas en todo el mundo y en el país. En ese sentido, todos los proyectos, incluidos los universitarios, buscan promover la inclusión, se esfuerzan por facilitar el acceso a la formación a toda clase de personas. Por supuesto, siempre se puede hacer más y queremos ir en esa dirección. Gracias a Dios, esto es una realidad muy patente en el Hospital Austral y se puede dar un servicio con sentido cristiano a miles y miles de personas de la comunidad de Derqui y de todo el país.

Luego, también hay iniciativas solidarias, educativas y culturales orientadas de modo principal a la promoción humana, como el Instituto Madero, ubicado en La Matanza; o el centro médico SENDAS ubicado en Gonzalez Catán -por citar sólo dos-. Una de estas labores, en Buenos Aires, es especialmente querida por el papa Francisco, se trata del colegio Buen Consejo, de Barracas. Siendo cardenal, celebró la Santa Misa allí un par de veces y desde Roma les ha enviado cartas a las chicas: las guardan como un gran tesoro.

¿Cuál es la relación de los miembros del Opus Dei con la realidad política?

Una de las características esenciales del espíritu del Opus Dei y que nos ha dejado como legado san Josemaría es el amor a la libertad y al diálogo. Por eso, la elección que cada persona de la Obra realiza en lo que se refiere a su vida cívica es libre y personal, no tenemos líneas ni intereses políticos: solamente espirituales. San Josemaría decía siempre que de 100 almas importan las 100 porque el fin del Opus Dei es contribuir a que todas las personas sepan que su vida, tal y como es -con sus familias, sus trabajos, sus deseos y aspiraciones, sus problemas- puede ser ocasión de encuentro con Jesús. Y la Obra está para ayudar y acompañar ese encuentro con Jesús.

¿Conoce al papa Francisco?

Tuve la oportunidad de saludarlo un par de veces. Una vez fue en la misa de San Josemaría en la catedral. Medio en broma, medio en serio, me preguntó si los curas de la Obra que estaban ahí me hacían caso… Le respondí: “Pienso que sí”.

El año pasado estuve en Roma con ocasión de la beatificación de Álvaro del Portillo, el primer sucesor de san Josemaría al frente de la Obra. En la audiencia lo pude saludar. Me dijo: “Vos sos el del apellido raro, ¿no?”. Al otro día, celebré misa con él en Santa Marta. Al final, todos los asistentes lo van a saludar: aproveché para contarle algunas cosas de mi madre y de mis hermanas, sobrinos…

La última vez fue el 13 de mayo pasado en Roma, otra vez en la Plaza San Pedro me ubiqué en lo que llaman “corralito de los argentinos”. Allí esperé que el Santo Padre se acercara y tuve la oportunidad de ofrecerle un tereré que tomó con tranquilidad porque hacía mucho calor ese día. Mientras bebía le dije que ahora era el vicario regional de Argentina, Bolivia y Paraguay y me dijo: “Ya lo sé, si te conozco”. Le pedí consejo para esta nueva labor que me toca llevar adelante y el Papa me respondió: “Paciencia, paciencia, paciencia. Y que tengas un corazón muy grande. Ah, y también mucha paciencia”. Le conté de un amigo en común que está delicado de salud y para avisarle que seguía internado. Entonces me dijo que seguiría rezando por esa persona.

El prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría, a sus 83 años, conduce la Prelatura habiendo acompañado de cerca durante más de veinte años al fundador y luego a su primer sucesor, el ya proclamado beato Alvaro del Portillo, ¿en qué puntos insiste más el actual prelado, al cumplirse 40 años del fallecimiento del fundador? ¿Tiene alguna recomendación o consejo especial para los fieles y seguidores del Opus Dei en la Argentina?

Siguiendo la agenda del papa Francisco, el Padre -como lo llamamos en la Obra- ha propuesto un año mariano de la familia. En esa línea, nos invita constantemente a “hacer familia” en el entorno de cada uno. A principios de junio, envió una carta pastoral a todos los miembros del Opus Dei y allí nos recordaba que cada uno de nosotros debemos transmitir el aire santo de la casa de Nazaret: “Entre esas paredes, en las amistades con la gente de aquella aldea, en las conversaciones, un lazo fortísimo unía el cielo y la tierra; el mismo que hemos de crear en donde habitemos o trabajemos”. Mi función es estar cerca de la gente y ser eco de lo que el Papa propone para toda la Iglesia y de lo que el Prelado propone para el Opus Dei. Pienso que misericordia, familia y alegría son tres palabras clave. Y también diálogo, salir a las periferias y ecología integral.

Fuente: AICA

 

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