Alumnos: “Está cambiando la visión del productor agropecuario”
Entrevista: Andrés Lara, alumno colombiano del primer año de la MBA en Agronegocios
Un colombiano eligió Argentina para imprimir un nuevo impulso a su empresa familiar. “El término agronegocios es nuevo pero está en desarrollo, hay una fuerte movida a nivel mundial por el crecimiento económico que se está dando y las nuevas oportunidades que están surgiendo”
Andrés Lara es un médico veterinario colombiano que llegó a la Argentina en el mes de marzo para comenzar a cursar la Maestría de Agronegocios. Su vida profesional se fue encarando para el sector comercial. En Colombia trabajaba para una empresa de alimentos balanceados, era gerente de zona y manejaba a los distribuidores del país. “Cuando comencé con veterinaria nunca me imaginé profesionalmente en esto. De aquel médico de animales e inyecciones hoy queda ya muy poco”.
Inicialmente realizó en su país una especialización en Gerencia de Empresas Agropecuarias, pero después decidió complementar su formación haciendo el Master de Agronegocios en Argentina: “Tengo una empresa familiar y quisiera poder impulsarla con una buena preparación”.
¿Por qué elegiste Argentina?
Mi hermano realizó en el IAE un MBA, por otra parte reconocí que en Argentina había un entorno y una historia interesante en lo referente a la producción agropecuaria. Conocía la producción de soja que tienen y sabía que la carne argentina es una marca en el mundo. Me pareció un lugar interesante. Evidentemente tienen un liderazgo de producción en cantidad y calidad.
Por otra parte, el entorno que vive la Argentina y Colombia es análogo, ambos países tienen pobreza. Los dos crecieron económicamente pero todavía cuentan con necesidades insatisfechas. Creo que tenemos problemas similares y por eso podemos aplicar soluciones parecidas.
¿En qué aspectos te estás enriqueciendo con el cursado de la Maestría?
Ahora estamos en una etapa de nivelación para que todos hablemos el mismo idioma. Tengo compañeros muy variados: ingenieros agrónomos e industriales, administradores, un licenciado en letras, entre otros muy variados. El curso es realmente heterogéneo.
La metodología del caso permite que se puedan expresar muchas opiniones y esto genera controversias, éste es uno de los motivos por lo que vine. Los agronegocios no son una receta mágica, son entornos que se presentan y en los que hay que tomar decisiones, en el método del caso te nutrís de visiones distintas que te ayudan a pensar y a conocer formas de encarar situaciones, arrojan luz que es de utilidad para el día que te encontrás en tu propio entorno gerenciando.
¿Está instalado en Colombia el término Agronegocios?
Se está desarrollado, es un término un poco nuevo pero viene de la mano de toda una visión que se está generando por el crecimiento económico a nivel mundial. Hay una movida que le está cambiando la visión al productor agropecuario.
El productor agropecuario era el productor pequeño, el no profesional, el tradicional. Ya se está empezando a tener la conciencia de que hay que profesionalizarlo para que sea más eficiente. Esta conciencia crece, un poco más lento de lo que uno quisiera, pero nos estamos dando cuenta de las oportunidades que se están abriendo. En Colombia hay renglones que están muy desarrollados, no se puede generalizar en un solo negocio. El café es un producto que lleva mucho tiempo de desarrollo, la caña de azúcar es un mercado muy profesionalizado, la palma de aceite viene creciendo muy bien. La oportunidad de los biocombustibles hace que haya una visión más estratégica orientada hacia la producción agropecuaria.
Hay una oportunidad frente al crecimiento de los países emergentes, como la India, China. El mundo necesita alimentos y Europa no tiene tierras.
¿Cuáles fueron tus primeras impresiones del país?
Estuve un poco angustiado con el problema del campo. Cuando llegué a la Argentina el conflicto llevaba 15 días. Las retenciones no existen en Colombia, en lo que respecta a la parte impositiva, terminamos pagando los impuestos a las ganancias y listo. Si fuera productor acá, pensaría dos veces en invertir. Lo que pasó me parece sumamente desalentador, veo que no hay incentivos frente a una oportunidad mundial.
Creo que la situación por la que pasó el campo justificó que haya reacciones.
Por otra parte, veo que en la cultura argentina falta sentido de pertenencia. En Colombia hay varias regiones y en mí provincia la gente quiere mucho su lugar, algunos nos dicen que somos extremadamente regionalistas. Trabajamos por ella, luchamos por ser los mejores. Cada uno intenta que las cosas se hagan y que se hagan bien.
Acá noto que muchos dicen que no hay nada por hacer o que ya trataron lo suficiente y no lograron nada. No hay amor por lo que se hace porque las condiciones no son estables, son continuamente cambiantes. Veo muy poco sentido de pertenencia del argentino con respecto a lo que hace. Cuando se los ve en un mundial están unidos, pero el pueblo interiormente no veo que lo esté, no jalonan para el mismo lado. Recién ahora todos dicen: con el problema del campo se han unido las cuatro entidades y eso los sostiene. Tengo la sensación de que muchos se quejan pero no se comprometen con el cambio.
Análisis y opinión: “De los grupos a los equipos de trabajo”
Escribe: Ing. Fernando Preumayr
Gestionar la diversidad, trabajar con gente que piensa y actúa de manera diferente se convierte en la clave del desarrollo futuro.
Es común encontrarse dentro de grupos que necesitan convertirse en equipos. Aunque resulte difícil gestionar la diversidad, trabajar con gente que piensa y actúa de manera diferente se convierte en la clave del desarrollo futuro.
La realidad nos exige otras miradas
La actividad agropecuaria en general y sus aspectos operativos en particular, viven en una realidad de mayores exigencias. Hay requerimientos crecientes bastante particulares: precisión y flexibilidad a la vez, necesidad de rutinas pero también de innovación y creatividad, realismo con números pero simultáneamente contacto estrecho con la gente.
Estas necesidades que parecen en ciertos casos contrapuestas son difíciles de reunir en una sola persona, a menos que se piense en el Superhombre…. De aquí que este conjunto de capacidades haya que buscarlas en los equipos de trabajo. Así, la diversidad y variedad de talento necesaria se arma como un rompecabezas entre sus integrantes.
Aunque resulte difícil gestionar la diversidad, trabajar con gente que piensa y actúa de manera diferente se convierte en la clave del desarrollo futuro.
La realidad habitualmente presenta problemas cuya solución requiere de enfoques variados, de diferentes miradas. Es en el seno de los equipos en donde es posible encontrar respuestas a los desafíos con que nos enfrenta el agro que viene.
La riqueza que aporta la variedad
Mucho se ha hablado y se seguirá hablando de equipos. Los conductores naturales de equipos deportivos como los entrenadores, son requeridos para cubrir los espacios de charlas y consejos. Se reconoce así la importancia del objetivo y logro común, el espíritu, la motivación y tantas otras condiciones para ser “ganadores”.
En la actividad agropecuaria hace tiempo que se trabaja ”en grupo”, aunque no siempre en equipo. Naturalmente la organización de las empresas pequeñas y medianas es por función, es un ensamble donde cada uno ocupa un lugar clave, y donde no hay segunda categoría de tareas, todos necesitan de todos.
Pero entonces ¿qué se entiende por equipo? Es “un número reducido de personas con capacidades complementarias que tienen un propósito común y unos objetivos compartidos ante los que son mutuamente responsables. (Katzenbach y Smith, 1993)
Al hablar de capacidades complementarias se hace referencia a la necesidad de diversidad y variedad de gente en los equipos. Una pluralidad que permitirá que se potencien mutuamente los integrantes, produciendo un resultado superior a la mera suma de individuos. Esto es capacidad manual, de razonar, de imaginar soluciones distintas, de tratar y motivar a los demás, de planificar, de ver la realidad y ponerle números, etc.
El propósito común es lo que hace que se funcione como un bloque, es algo que pueden ver todos. Es misión de quienes lideran dar a conocer estos propósitos comunes (cuando no están suficientemente claros) y hacer que todos lo aprecien.
Los objetivos compartidos son cosas concretas y medibles que permiten establecer los avances en lo que se está trabajando (horas de trabajo, índices productivos, estándares deseados, etc.). Son los que dirán que tan eficaces han sido con el trabajo que compartieron.
La responsabilidad mutua es el convencimiento de que todos los miembros del equipo forman parte de la solución o del problema. Tiene que ver con el hecho de que cada uno se haga cargo de las cosas y no mire para otro lado “porque otro que sabe más se va a ocupar”.
Es frecuente al hablar de casos exitosos y de resultados sorprendentes, descubrir detrás de ellos un gran secreto, la conformación y el desarrollo de equipos con estas condiciones descriptas.
Los ingredientes esenciales
Es común encontrarse dentro de grupos que necesitan convertirse en equipos. Hay ingredientes que parecen hacer del trabajo en equipo algo más posible y duradero. Esos ingredientes, que se deben combinar en cantidades que den gusto al trabajo, son: la confianza, la comunicación, la colaboración y la coordinación.
Confianza porque no es posible imaginar la cooperación sin confianza previa. La confianza implica una expectativa sobre los demás y la disposición de asumir un riesgo por su comportamiento. Es un riesgo calculado, responde a un juicio sobre su talante moral y su capacidad para dar una respuesta sobre lo que se espera de las personas. Se funda sobre la percepción que se tenga de las intenciones ajenas y tiene un componente afectivo importante.
Comunicación es la moneda por la que se expresa la confianza. Es un trabajo de a dos, se comunican también actitudes y sentimientos, no sólo conocimientos. La comunicación surge cuando hay encuentro real con otra persona y esto ocurre cuando cada uno logra aceptar a los demás. Sin ella no se conoce con quien se comparten las horas de trabajo y se hace imposible avanzar.
Colaboración y apoyo mutuo son la traducción de la confianza y la comunicación espontánea, conforman la base de ambas. Éstas características están reguladas por la ley de la reciprocidad; son una expresión de la justicia en las relaciones humanas (¿si XX no mueve un dedo por qué yo si?, lo escuchó alguna vez…). Constituye una trama de intercambios positivos y negativos. Sin embargo aquí no se agota, exige ir hacia algo más allá del interés personal, exige la búsqueda de la supervivencia de un equipo.
Coordinación es hacer realidad posible las buenas intenciones, en un buen clima, con las posibilidades y necesidades concretas del trabajo en cuestión. Para no ser “una patrulla perdida” hay que ser capaz de dar en el clavo una y otra vez.
Los equipos son una realidad dinámica
Esta descripción no debe desalentar si se observa que falta camino por andar, más bien está planteada con el fin de poner piedra sobre piedra para la construcción de equipos.
Todo equipo pasa por etapas en su desarrollo. Este proceso es permanente, los equipos son una realidad dinámica que se hace y deshace de continuo. Cuando parece que está todo bien…. hay que empezar a remar de nuevo. Forma parte de la vida.
Si habría que definir los aspectos de mayor peso, por los que conviene comenzar a trabajar la consolidación de un equipo, se recomienda: la visión común y la confianza.
Muchos grupos de trabajo carecen de una visión común, que imposibilita compartir propósitos y objetivos. Todo el tiempo que se dedique a esta tarea estará bien invertido. Si no se pasa a un “nosotros” en cuanto a lo que se persigue, el destino es difuso.
Con respecto a la confianza, hay que destacar que es la mezcla que cohesiona el edificio que se intenta construir. Parece que no se ve pero se respira y se percibe. Es muy difícil de conseguir y muy sencillo de perder. No se compra ni se vende, se conquista y se cede como algo precioso.
El trabajo en equipo muestra cómo es cada uno, saca a flote lo más valioso y también lo más defectuoso de las personas. Es una oportunidad ideal para mejorar, para crecer.
La meta y el desafío es claro, hay que construir equipos desarrollando personas.
La Universidad en los medios. Infocampo. “La Agricultura está contractualizada”.
Escribe: Ing Osvaldo Bertossi del equipo de Agronegocios de la Universidad Austral.
Osvaldo Bertozzi, maestría de agronegocios de la Universidad Austral opina que los altos precios estimularán la incorporación de tecnología y dice que, a pesar de la coyuntura, el agronegocio local va a continuar.
Como ingeniero agrónomo egresado de la UN de Rosario, Osvaldo Bertozzi opera en varios frentes: participa de una asociación de siembra, asesora a empresas agropecuarias y de servicios y desarrolla la docencia en la Maestría de Agronegocios de la Universidad Austral, que se dicta en Rosario. Especializado en los negocios y las cadenas agroindustriales, Bertozzi aborda en esta entrevista con Infocampo distintos aspectos del mapa de la agricultura local y global.
-¿Qué piensa sobre estos niveles de precios de los productos agrícolas?
-Diría que es una conjunción de una serie de factores. Efectivamente hay una demanda genuina desde los países en desarrollo, a lo que se suma el efecto de los mercados de futuros, con sus jugadores tradicionales pero con los recientemente llegados index funds, que tienen estrategias de largo plazo. A esto hay que sumar la demanda para la producción de biocombustibles. En este sentido, se menciona que la Unión Europea debería disminuir la previsión de consumo de biocombustibles para reducir el impacto de este factor sobre el precio de los commodities.
-¿Cómo pueden evolucionar los precios?
-Creo que hay razones estructurales que le están poniendo un piso a los precios. Por otra parte, estos altos precios resultan un enorme estímulo a escala global para aumentar la producción y por ende la oferta. Por otra parte, ¿quién previó estas subas abruptas? Es difícil poder predecir qué va a pasar de acá en adelante, pero creería que no será factible volver a hablar de maíces de 80/100 dólares la tonelada, o trigos de 130 o sojas de 200 u$s/t.
-¿Cuál es su percepción sobre esto que ha dado en llamarse ahora “agricultura de doble piso”, con una renta para el propietario y otra para el arrendador?
-Mi generación creció viendo al productor tradicional cumpliendo varias funciones: propietario de la tierra, gerenciador de la producción y labor de artesano. Lo que hay hoy es una dispersión de estas tres funciones, con actores que son sólo gerenciadores de la producción, sólo propietarios o sólo artesanos, que han dado lugar a empresas de servicios de maquinaria. A partir de allí, creo que lo que ha ocurrido en nuestra agricultura en los últimos años es un proceso de contractualización, tal como lo denomina un economista del Inta Pergamino. Todo se hace por un año y por contrato,midiendo continuamente el resultado y la eficiencia y tomando decisiones sobre eso. Yo creo que esta es la tendencia básica, articulándose los actores en forma de redes contractuales.
-¿Cómo piensa que seguirá este modelo del “productor global”?
-Yo veo que es un proceso que se acelerará, en la medida que también se faciliten los intercambios físicos, financieros y de servicios entre los países del Mercosur. Al menos con Brasil, Uruguay y Paraguay va a ser moneda corriente. Por otra parte, no creo que sea un fenómeno reservado para los grandes actores, sino que también se abre para los productores regionales de algunos pocos miles de hectáreas. Productores de Santa Fe y Entre Ríos están yendo al Uruguay mientras que otros van a Bolivia. Otro fenómeno, presentado por André Pessoa en julio de 2006, es el desarrollo de inversiones globales. Es la posibilidad de invertir en producción en distintos puntos geográficos, más que mudar la producción en si misma. Por ejemplo, los fondos de pensión que invirtieron en El Tejar deben haber pensado en diversificar su portfolio.
-¿Cómo consideraría el caso de Los Grobo y sus nuevos socios brasileños?
-En ese caso se trata de un aporte de capital para instalar en Brasil un negocio concreto de compra y alquiler de campos. No es un fondo de pensiones que busca diversificar el riesgo de las carteras administradas. Pero son los dos caminos. Nos decían que productores de Nueva Zelanda han llevado una inversión de u$s100 millones a Uruguay para comprar tierras e instalar tambos.
-¿Qué diferencia hay entre inflación en alimentos y en commodities agrícolas?
-Mientras estos últimos han crecido espectacularmente en los últimos tiempos, duplicando su valor, los alimentos han aumentado un 10% en los países desarrollados, lo cual repercutió en 2, 3 o 4 puntos de inflación. Esta es la relación. Es decir, en un kilo de fideos en la Argentina, el trigo es responsable del 10% del valor, unos 70 centavos. Para llegar a los $7 que vale hay que contar packaging, márketing, márgenes, logística, etcétera. Lo que pasa es que países que tienden a comer el producto primario, por caso el arroz, viven una tragedia cuando el precio del cereal se duplica.
-¿Cuál es el ánimo que percibe en la gente de los agronegocios?
-Si viviéramos bajo reglas de juego internacionales, como las de algunos países que nos acompañan en el Mercosur, habría un gran estímulo para crecer y reinvertir utilidades, como están haciendo los tamberos neocelandeses o los sojeros brasileños, poniendo más insumos. Ahora, incluso considerando lo que pasa en la Argentina, pienso que la mayoría de los que están en el agronegocio, salvo los que son proveedores de bienes de capitales, afectados por la demanda, el resto de los participantes, llámense proveedores de insumos, servicios, los administradores y el productor, siente que está en condiciones de continuar haciendo algunos ajustes en el nivel de tecnología o de producción. Mi sensación es que la gente que está va a continuar. Puede haber algún cambio en la superficie a sembrar, alguna merma en insumos, como fertilizantes fosforados, pero por ejemplo el mercado de semilla de maíz está funcionando bien. Ahora, los que están en ganadería o en regiones más alejados de los puertos tienen un mayor nivel de riesgo y de incertidumbre.
Escribe: Osvaldo Bertossi
La Argentina es el país más eficiente del mundo en la producción de soja, el que produce y exporta al mejor costo por tonelada. Tanto protagonismo en la expansión de la frontera agrícola, terminaron por convertirlo en su principal enemigo.
Absolutamente al contrario de lo que se insinuaba en la comedia de Mel Brooks “Con un fracaso millonarios”, la soja recorre paradójicamente en la Argentina el camino inverso: por un triunfo llueven los problemas. Su desarrollo fue tan explosivo, su adaptación a prácticamente todas las zonas agropecuarias del país es tan notable, que hoy asistimos a los conflictos originados básicamente por su éxito.
La soja: un cultivo tan competitivo que terminó acechado por las desventuras (léase “retenciones móviles”). El desarrollo masivo del cultivo de la soja comenzó en la Argentina en octubre de 1974. En ese mes- basado en promisorias siembras ensayadas en años anteriores y en una situación de precios internacionales muy favorables- un grupo de funcionarios del Ministerio de Agricultura de la Nación, enviaron dos aviones Hércules de la Fuerza Aérea para traer desde la zona sur de EE.UU. (Mississippi-Arkansas) los primeros cargamentos masivos de semilla de soja de calidad genética probada.
Lo que ocurriría con el cultivo en las décadas posteriores no podía ni ser imaginado por los más optimistas. La soja se comenzó a difundir en principio en la zona agrícola chacarera del centro sur de Santa Fe (Arequito-Casilda), pero pronto comenzó a incorporarse en la rotación de toda la zona agrícola tradicional. A mediados de la década del 80 ya era el cultivo que incorporaba más tecnología y utilizaba más insumos. Esta situación impulsó la llegada del mensaje profesional a través de los ingenieros agrónomos, la consolidación de una serie de empresas internacionales y nacionales de insumos, y el desarrollo de una red de distribuidores con asistencia técnica profesional a lo largo y ancho del país.
La clave de su expansión era que los productores la elegían. ¿Por qué? Aparte de su capacidad para “fijar” nitrógeno atmosférico, o sea “fabricar” su propio fertilizante, la soja se mostró más resistente a sequías temporarias (muy frecuentes en la pampa húmeda argentina), y capaz de sumarse en “doble cultivo” al trigo. Así su difusión se fortaleció y siguió creciendo hasta mediados de la década del 90, pasando ya en esa fecha a liderar la superficie sembrada por cualquier otro cultivo en el país.
Fue en ese momento (1996) con la llegada de las sojas transgénicas (o OGM), resistentes al glifosato y con la consiguiente facilidad para la expansión de la “siembra directa”, que su expansión se hizo explosiva. El manejo de las “malezas” se simplificó enormemente, la falta de competencia y el mejor manejo de las reservas de agua en el suelo como consecuencia de la siembra directa, lo convirtieron en el cultivo más “seguro”. El más apto para resistir las contingencias climáticas adversas.
La suma de razones técnicas anteriores permitió su expansión a zonas antes, poco aptas, para la agricultura (Noroeste Argentino, Cuenca del Salado, etc.), lo que sumó terreno al cultivo hasta llegar a las casi 17 millones de hectáreas actuales. De esta forma, la Argentina no sólo se consolidó como el tercer productor mundial de soja, sino que también comenzó a liderar, junto con Brasil, la exportación mundial de grano, aceite y harina de soja. Además, ha sido con claridad el país líder en capturar el crecimiento en el comercio mundial de aceites y harinas oleaginosas en la última década. Casi tres cuartos de todo lo que se expandió en el comercio mundial fue capturado por la República Argentina.
En un marco de decisiones distribuido en miles de empresas, en numerosas regiones productoras y a lo largo de años de mercados y reglas de juego cambiantes, la soja ha sido elegida por los productores para continuar su crecimiento sostenido. Y ha sido capaz de acomodarse a un creciente nivel de retenciones para su exportación desde 2002 a la fecha. Tantas virtudes, tanta adaptación, tantas ventajas competitivas, tanta tecnología, tanta resistencia al cambio de reglas de juego, tanta adhesión por parte de los productores, tanto protagonismo en la expansión de la frontera agrícola, terminaron por convertirse en su principal enemigo.
Novedades. Purdue y la Austral trabajan juntos por el desarrollo de los agronegocios.
Las autoridades de la Maestría de Agronegocios visitan EEUU
Las autoridades de la Maestría de Agronegocios de la Universidad Austral visitaron la Universidad de Purdue. Se continuó estrechando relaciones entre ambas instituciones que son socias académicas desde el 2006. Se avanzó en el acuerdo referente a la escritura de casos que enriquezcan ambos contextos de acción, el intercambio de profesores y alumnos y la iniciación conjunta de proyectos de investigación.
Invitados por la Universidad de Purdue, por el Centro de Agronegocios y Alimentos, el Dr. Roberto Feeney y el Ing. Fernando Preumayr- Directores Académico y Ejecutivo de la Maestría de Agronegocios de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral (FCE)- visitaron la ciudad de West Lafayette (Indiana).
El programa de la visita a la Universidad de Purdue contempló la asistencia de los profesores de la FCE en un programa del Centro de Agronegocios “Sales Management and Leadership Workshop”. En el mismo participaron agentes de agronegocios locales durante un día y medio, esta actividad sirvió para conocer la forma en que Purdue trabaja sus Programas Ejecutivos. A su vez se recorrieron instalaciones del campus, campos experimentales de la Universidad y se hizo una visita a productores locales, quienes anteriormente visitaron la FCE con ocasión del Congreso de Aapresid en el año 2007.
Desde el año 2006 la Universidad de Purdue es socio académico de la Maestría de la FCE. Esta alianza es significativa por la visión internacional de los agronegocios que tiene Purdue. Esta prestigiosa Universidad de EEUU mantiene relación con otras universidades del mundo y su anclaje en América Latina ha decidido hacerlo a través de la Austral. “El proyecto les interesó desde el principio, aún en los comienzos. Algunos profesores dePurdue tienen bastante conocimiento de la realidad Argentina y ven muy bien el desarrollo del sector en nuestro país, saben que la realidad local tiene mucho que ver con los agronegocios como centro de desarrollo, no sólo del sector particular, sino de todo el país en general. Por otra parte, Rosario tiene el atractivo de contar con el polo aceitero más importante del mundo. Les interesa ver qué pasa aquí porque muchas de las compañías que están en los EEUU tienen su mirada en la Argentina. Por otro lado saben que la agricultura de este país es de las más competitivas del mutndo”, explicó el Ing. Preumayr, director Ejecutivo de la Maestría de Agronegocios de la Austral.
Durante el viaje se trabajó en la discusión de aspectos que hacen a la relación entre ambas instituciones. Entre los destacables se citan trabajos conjuntos en materia de escritura de casos de empresas de ambos países, intercambio de profesores y alumnos de maestría y emprendimientos conjuntos de investigación en materia de agronegocios.
Las reuniones mantenidas con el equipo de agronegocios de la Universidad de Purdue fueron encabezadas por el Dr. Marshall Martin (Director Asociado de Agricultural Research Programs y Profesor de Agricultural Economics at Purdue University), Sally Thompson (Department & Head Professor Agricultural Economics) y Jay Akridge (Interim Dean of Agriculture).
Próximamente visitará el país con ocasión del congreso de Aapresid el Dr. Allan Gray, quien participará en calidad de disertante, dará clases en la Maestría de la FCE y formará parte de la reunión del Consejo Asesor Académico de Agronegocios. En mayo del año próximo se prevé recibir la visita de los alumnos de Purdue a Rosario. El intercambio de experiencias y visiones de los agronegocios enriquecerá la preparación académica de los alumnos de la Maestría de la Universidad Austral.